© Pirineum multimedi@, 5 Noviembre, 2001 6:42 PM
 
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Personajes pirenaicos:

 

Este reportaje salió publicado hace dos años en la revista "El Mundo de Los Pirineos". Ahora lo volvemos a rescatar como homenaje a Manuel Viamonte, el médico de Orna ya fallecido, que entregó su vida a las gentes que pueblan las montañas pirenaicas.

El médico rural. Manuel Viamonte, el "médico de Orna"

De la yegua al seiscientos

"Venga corriendo que mi tío sa estricallao o cuello con una navaja de afeitar". Con dos palmos de nieve, Don Manuel, el médico de Orna, dio traslado al herido en caballería. Amarraron una puerta a la yegua y ataron al enfermo para prevenirlo contra tres horas de viaje hasta la carretera que enlazaba con Huesca. Aquel hombre se salvó. En invierno, dónde no llegaba el hombre, llegaban las caballerías. "Los burros han debido salvar más vidas que los médicos", dice Don Manuel, con quien uno nunca sabe si habla en serio o todo lo contrario.

Manuel Viamonte llegó a Orna (Serrablo) en 1953. Llegó antes que el teléfono, artefacto que el facultativo consideraba "de dudosa moralidad". La segunda vez que pisó la estación de tren de Orna fue para quedarse.Probablemente, si no hubiera presentado su solicitud para el partido vacante, aquellos pueblos hubieran estado sin médico unos cuantos años. "Antes el médico era muy respetado. La vida era más frágil y se le tenía menos apego.  Ahora, cuando muere un paciente siempre se acusa al médico".
En el prepirineo aragonés de los cincuenta, los hombres se aplicaban telas de araña en las heridas y tomaban tomillo (estremoncillo) para cualquier cosa. En el Serrablo además, se acudía a Ordovés, donde una piedra "mágica" dotaba al agua de propiedades antiestamínicas que según parece funcionaba bien contra las picaduras. "Algo haría", dice Manuel, "pero donde esté la cortisona…".
El médico de Orna no tuvo nunca problemas con la medicina natural. "Había remedios caseros, pero la gente confiaba mucho en el médico". Tanto era así que un día un anciano, tras desnudarse de cintura para arriba y aplicar el médico su fonendoscopio se sintió ya mejorado de su dolencia en la espalda. "Pues paece que man sentao bien estas friegas que ma dau", dijo nada más ser auscultado.

Progresos Médicos

Los pueblos del Serrablo, desenclavados como la mayoría, no encajaban bien los progresos de la medicina. Cuando llegaron los supositorios las anécdotas se multiplicaron. Semejante tratamiento para dolencias tan alejadas de la parte noble no se acababan de entender. "A las dos horas de recetarle supositorios a un paciente me llamó: Don Manuel, que lo que no me ha dicho es cuánto tiempo tengo que llevar esto dentro".
El principal problema en el ejercicio de la medicina eran las distancias. El medio de locomoción más socorrido era la Ribereña, un autobús que unía la Guarguera (valle del río Guarga que entonces contaba con cerca de un millar de habitantes y que ahora está prácticamente deshabitado) con Campodarve (al sur de la sierra de Oroel) en un recorrido de ida y vuelta. Cuando fallaba la Ribereña, los camiones madereros, los de Eléctricas, el tren o las caballerías de los vecinos servían de apaño. Manuel cambió la mula por una Vespa y después por un Seiscientos verde, HU-11231, que fue la sensación del valle.

Sarampión y fiebre

El primer botiquín lo compró gracias un amigo de Zaragoza que le avaló un crédito de siete mil pesetas.
Fonendoscopio, aparato de tensión, agujas de sutura, agrapes, pinzas de Mitchel y medicinas varias acompañaban a Don Manuel allá donde fuera.
Nada más llegar al pueblo, Doña Pilar, la patrona de Villa Pilar (Hostal de Ipiés), donde el médico de hospedó durante once años, forró de piel de cordero "la trenca que yo tenía".

El invierno era duro y los paseos en medio de la nieve podían costar caros.
Incluso hoy podría parecer exagerada la zona que abarcaba el médico de Orna. Cuando causó baja el médico de Caldearenas y Don Manuel asumió su partido, la distancia entre los extremos de su zona (Javierrelatre y Nocito) superaba los cincuenta kilómetros.



el médico actor


D. Manuel en el Hostal de Ipiés, hace 40 años.

Don Manuel (Piedratajada, Zaragoza. 1924) no fue un médico de tantos. Su especial sensibilidad le había llevado a destacar como actor en el colegio Santo Tomás de Aquino de Zaragoza, donde residió mientras cursó sus estudios de Medicina. Manuel llegó de Fámulo (antigua figura de estudiante sin posibles que a cambio de trabajar en la residencia se pagaban sus estudios) a un colegio regentado por la familia Labordeta en el que terminó haciendo sustituciones como profesor. Su relación con Miguel y José Antonio Labordeta (popular cantautor aragonés) viene de aquella época.  En los escenarios protagonizó a Lope, Calderón, Jardiel Poncela y Arniches (lo que se llevaba), entre otros muchos. Después siempre estuvo vinculado a los grupos de teatro del Serrablo. Ahora graba "El tión Estebané", un cortometraje que describe la figura aragonesa del tión (hermano menor del primogénito y único heredero que solía quedarse soltero y significaba la mejor mano de obra para el mantenimiento de la "casa pirenaica"). Don Manuel es el protagonista. "No sé qué me pasa. Estoy como tristón", dice ahora. "Debe ser el invierno".

Quizá por eso, y por sus cuarenta años de servicio, Manuel Viamonte se ganó un homenaje por parte del pueblo de Sabiñánigo (el municipio que fue absorbiendo estos pueblos a medida que se despoblaban), que lo nombró hijoa doptivo y pregonero de sus fiestas. Hasta la publicaron un libro biográfico (Colección Alazena). Hoy, con 73 años, está encan-   tado de volver a recorrer los mismos caminos en los que se dejó los zapatos. Aunque sólo sea por ver a los suyos, a los que conoce por lo que pasaron. Este un sarampión muy malo. Aquél se desangraba...

Izda.:D. Manuel visita en la vetusta tienda a un compañero de tertulia.