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José
Gistau : Paquetero de Suerte
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Aquel
día que lo esperaban los alemanes llegaba prevenido. Sólo temía
por su mujer y sus hijos. "Ella les dijo que yo la había
abandonado. No la creyeron y durante dos meses merodearon por
la casa. Yo iba y venía. En ningún sitio estaba seguro. Gracias
al alcalde de Bielsa, que mintió por mi, me dejaron en paz".
Acabó la guerra, pero Gistau siguió siendo referencia en este
lado del Pirineo. Barranco, como le dicen en Bielsa, es popularmente
conocido como contrabandista avezado. Sobre todo ganado. Pero
él lo niega. Se resiste a creer que el contrabandista ahora sea
una figura romántica de otro tiempo y prefiere guardar para sí
algunas cosas. En Bielsa se habla de ruedas de camión que se echaban
a rodar desde puerto para que otros las recuperaran abajo. De
la casa de Barranco en Le Plan como el centro de operaciones.
"Yo no. Yo conocí muy bien a los dos contrabandistas más
fuertes de por aquí: Jodías y Salvador, pero nunca quise colaborar
con ellos". Sin embargo la edad le traiciona.
"Una
noche pasábamos setenta mulos. Era el año cincuenta. Eran percherones
para trabajar".
"¿Pero no me ha dicho que de contrabando nada?
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Ochenta
y ocho años vividos en la frontera. Primero a un lado y después
al otro. La primera vez que cruzó la aduana fue la única que
enseñó su pasaporte español. "Nunca más lo hice", dice
ahora. Qué paradoja.
No cruzó por Bielsa, donde no había puesto fronterizo,
sino por Caco de Chisagüés, emigró a Francia antes de cumplir los
dieciocho años. "A este lado no estaban las cosas muy allá
y muchos nos íbamos a Francia a trabajar. En mi caso a una hidroeléctrica.
Mi
hermana estaba de criada en Tarbes y yo conseguí colocarme en las
obras de regulación del Aspe que entonces comenzaban en Oloron Sainte
Marie"
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Barranco
terminó instalándose a poco más de diez kilómetros en línea recta
de su pueblo, pero con la cordillera de por medio. Esa línea recta
marcaría su vida.
En Le Plan de Aragnouet conoció a su mujer.
Huérfana de padre (había muerto en la Gran Guerra), José entró en
una casa sin hombres dispuesto a llevarla adelante justo al
otro lado de los montes que lo habían visto nacer. Su trabajo en
las hidroeléctricas y con el ganado le permitieron recorrer lo poco
que no conocía.
Barranco se casó en el 34 y casi al mismo tiempo se afilió al Partido
Comunista Francés. Corrían vientos de guerra, de revolución, de
fascismo y de libertad.
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En la plaza de Ancizan (Valle d'Aure),
pueblo del Pirineo occitano donde reside en casa de
una hija, los niños se asombraron
de las aventuras del que llaman monsieur
Gistau..
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Aprovisionó
durante meses a las tropas republicanas, sobre todo a partir de
la formación de la Bolsa de Bielsa, en la primavera del 38. Refugiada
tras el congosto de las Devotas, la 43ª División se hizo fuerte
y del otro lado les llegaba la única ayuda que tenían frente a la
aviación franquista. "Colaboraba mucha gente de izquierdas.
Maestros sobre todo. Todo el material que llegaba aquí se pasaba
en caballería al otro lado. Una noche atravesamos el puerto de Bielsa
con un centenar de mulos. Llevábamos de todo. Armas, munición, comida,
mantas
" Todo fue en vano.
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"Aquello
fue un desastre. Desde aquí se oían perfectamente los bombardeos.
Retumbaban en los montes.Yo pasé hasta Chisagüés
en busca de los hijos de mi hermana. Tres viajes hice. Uno con cada
crío". Llegaba gente de todas partes. Del valle vecino
partieron siete mil cabezas de ganado.
"Aquí no llegó ni la mitad. Rapiña, hambre
De todo hubo".
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Experto cazador hasta que las circunstancias lo permitieron. En
casa guarda media docena de escopetas y cuenta que un día llegó
a cazar 6 sarrios.
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Al
margen de los ocho mil hombres de la 43ª, nadie se quedó en el valle
a esperar a los Nacionales.
Lo que no habían quemado los aviones franquistas lo quemaron los
rojos.
"La gente llegaba muerta. Enfermos, niños,
viejos, mujeres... Cargados hasta
el moño con cosas que luego abandonarían en el monte, exhaustos".
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Barranco,
con caballería y revolver al cinto recorría Barrosa, Urdiceto,
puerto de Bielsa y puerto Viejo. Su
casa pronto fue mitad campamento, mitad hospital.
Pero lo peor estaba por llegar.
Barranco nunca abandonó su activismo político.
Apoyó a los maquis y fue desde el 39 el principal
bastión de la resistencia francesa en el valle del Aure. La guerra
nunca acabó para él. Su misión consistía ahora en pasar camaradas
al otro lado. Sus enemigos: los Gebirgsjägers o cazadores de
montaña, "que llevaban una edelweiss en la gorra"
y la Feldgendarmerie. Al otro lado
la Guardia Civil. "Siempre
los pasaba de noche. Los subía a puerto y esperaban la claridad
para bajar. Me podía haber hecho rico. Hubo quien lo hizo. Sobre
todo con los judios".
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De
regreso una madrugada los alemanes lo esperaban en su casa. Los
nazis descubrieron el refugio de la resistencia en los bosques de
Le Plan "y aquello fue una masacre". Comunistas y miembros
de la resistencia se reunían en el mismo sitio que servía de base
de operaciones para cruzar la frontera. Era el pequeño comercio
del pueblo. Su dueño era un hombre de ideales. "Pero su mujer
lo delató y los mataron a todos, menos a ella claro. Ahora mismo
me cargaría a aquella zorra", dice sin disimular su rencor.
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Eychenne
calcula entre 30 y 35.000 evadidos por el Pirineo entre 1942 y 1944.
De ellos, 2.000 muertos o desaparecidos y 5.000 los capturados en
la frontera y deportados a Alemania. Las autoridades franquistas
medían con un doble rasero. Los franceses eran respetados, pero
judíos, polacos, checos y demás "caían como conejos. Disparaban
antes de preguntar. Del centenar de gente del Este que intentaría
pasar por aquí no recuerdo uno que lo consiguiera. Un día un camarada
subía a un grupo numeroso: veinte o treinta personas, todos extranjeros.
Una avalancha se los llevó a todos, paquetero incluido. Yo siempre
tuve suerte".
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Textos:
Sergio Sánchez Lanaspa Fotos: Pablo Otín
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