El diario El Mundo publicó en su edición del domingo 27 de Diciembre, en el apartado Ciencia y Vida, un detallado informe sobre el polémico proyecto del pantano de Santaliestra. Por su interés y profundidad hemos considerado interesante para nuestros lectores reproducirlo íntegramente.

 

Una presa que amenazaría la vida de 4.000 personas
Juan Carlos Escudier

En Graus, Joaquín Costa tiene una estatua. La inauguró en 1929 el general Primo de Rivera en recuerdo a este republicano regeracionista que hizo de la política hidráulica uno de los ejes de su programa de "escuela y despensa". A los pies de Graus, Costa también tiene un embalse de 92 hectómetros cúbicos, el de Barasona –llamado también Joaquín Costa-, y ahora, bajo su advocación, se pretende erigir otra presa, la de Santaliestra, un nuevo intento de regulación de las aguas del río Esera que, según la Administración "nace con mayor sensibilidad social y medioambiental".
El proyecto técnico, aprobado por el secretario de Estado de Aguas y Costas, Benigno Blanco, en mayo de 1997, contempla la construcción de una mole de hormigón de 100,5 metros de altura, que inundará 250 hectáreas de un valle pirenaico situado en los municipios oscenses de Santaliestra y Foradada del Toscar.
Mapa de localización
Extracto del mapa aparecido en "El Mundo"
Su objetivo inicial sería el de incrementar las demandas de riego del Canal de Aragón y Cataluña, un sistema que abastece a más de 100.000 hectáreas de regadío de ambas comunidades. Y, de paso, aprovechar el salto de agua para la generación de energía eléctrica, usufructo que correspondería a Hidroeléctricas de Cataluña (grupo Endesa), beneficiaría de un derecho exclusivo sobre el río. Sería ésta, de llegar a construirse, la primera presa basada en un proyecto hecho a ojo, ya que los estudios del terreno realizados no corresponden con los de su ubicación definitiva (la primera opción era situar su cierre en un paraje denominado martillo de San Martín, a 700 metros de lo previsto en la actualidad.
Desde septiembre de 1995, fecha en la que una sentencia judicial obligó al Ayuntamiento de Santaliestra a autorizar la entrada de maquinaria para efectuar los sondeos, nadie movió un dedo hasta que ahora, tras la precipitada aprobación, se han expropiado las fincas correspondientes para comprobar técnicamente su viabilidad. Es éste el tercer intento en la historia reciente de levantar una gran presa en el valle principal del Esera. Los dos anteriores chocaron con una fuerte reacción y fueron aparcados. El primero, llamado oficialmente de Lorenzo Pardo, inundaba núcleos urbanos y tierras de labor; el segundo, el de Campo/Comunet, de materiales sueltos, no resistió tampoco la presión social. Frente al tercero, no sólo se han colocado los 80 habitantes de Santaliestra, ni los chiflados ecologistas que temen por la desaparición de la nutria y que han visto convertido el majestuoso cañón de Olvena en un desolador conjunto de charcas, sino también un núcleo de prestigiosos ingenieros geólogos, hidrólogos y físicos. El embalse, además de innecesario, pone en peligro real la vida de cerca de 4.000 personas de los municipios de Santaliestra, Besians, Perarrúa, Capella y Graus.

Al menos cuatro informes técnicos –Universidad de Zaragoza, Universidad Autónoma de Barcelona, Instituto Geotécnico y Minero y Civiltec (ingenieros consultores)-, han advertido que la construcción del embalse podría desencadenar una tragedia de consecuencias incalculables.
Uno de ellos, firmado por Antonio Casas Sainz, doctor en Geología y profesor del Area de Geodinámica de la Universidad de Zaragoza, concluye que, a tenor de los deslizamientos activos de las laderas del Esera y la historia sismográfica de la zona, "no es algo improbable ni una catástrofe natural imprevisible, que un talud se precipitara sobre la presa.

mapa1.gif (11499 bytes)
Extracto del mapa aparecido en "El Mundo"

Los materiales caídos crearían una ola gigante que anegaría las poblaciones que encontrara a su paso y pondría en peligro la propia estabilidad del dique.
No sería la primera vez que un fenómeno similar se produjera en la zona. El 31 de octubre de 1907 el periódico El Ribagorzano informaba lo siguiente: "Pasado el túnel de Santaliestra en la carretera de Graus a la frontera, se ha desplomado el monte, habiendo interceptado la carretera en más de 200 metros de longitud e interrumpió el curso del Esera hasta que el ímpetu de las aguas se abrió cauce".
En Italia, el efecto ola fue el causante de la muerte de 2.600 personas en 1963, cuando una ladera se desplomó sobre el embalse de Vaiont, levantó una pared de agua de más de 70 metros de altura y borró del mapa Longarone, Pirago, Villanova y Rivalta. La misma conclusión resulta del informe elaborado por el actual director de Ingeniería Geoambiental del Instituto Geotécnico y Minero, Francisco Javier Ayala, autor de un Manual de Taludes manejado por todos los especialistas en la materia: "El nivel de riesgo existente, en hipótesis sesgadas hacia el lado más optimista, es cercano a 2.000 veces más del admisible sin actuaciones en las laderas, y más de 15 veces mayor del admisible en la hipótesis de la Mejor Tecnología de Estabilización Disponible combinadas con el más sofisticado sistema de vigilancia y aviso en tiempo real.

COSTES del PROYECTO