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Ruta
por las Cascadas de Ordesa:
El
Ensordecedor Rugido del Deshielo
Texto
y fotos: Ainhoa Camino. (Primavera 2000)
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"Hace
más de 10 años que no veía a Ordesa", señala
Ana nada más llegar a la Pradera
que sirve de aparcamiento a los autobuses y a los vehículos particulares,
cuando no hay una afluencia masiva de visitantes.
Ella es una de los 26.000 turistas que durante esta Semana Santa
se han acercado al Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Uno
de los parajes pirenaicos que nunca está solo, haga el tiempo que
haga y sea la época que sea. "Siempre
tiene su encanto", matiza. Y para demostrarlo
basta mencionar las 650.000
personas de media que anualmente reciben estas 15.608 hectáreas
que, junto a los circos glaciares de la vertiente francesa de los
Pirineos, fueron declaradas por la UNESCO Patrimonio Mundial.
Sin embargo,
Ana recuerda cómo las primeras veces que se adentraba en el Parque,
"subía cegada para llegar a Cola
de Caballo y no prestaba mucha atención al resto de saltos, cascadas
y cañones que se ven a lo largo de las tres horas de caminata que
cuesta llegar a esa primera, o última para los excursionistas, cascada
que crea el río Arazas, bajo el macizo del cilindro de Marboré".
Además, según comenta, "en esta época
primaveral, cuando la nieve y el hielo comienzan a deshacerse, es
el mejor momento para descubrir el paisaje fluvial que se concentra
en el trayecto inicial de una de las rutas más frecuentadas del Parque
Nacional".
El recorrido por las cascadas
que el río Arazas crea en sus últimos pasos del territorio protegido
tiene una duración, aproximada, de hora y tres cuartos, entre la subida
y la bajada. Resulta fácil, ameno y, ante todo, sorprendente, sobre
todo si se decide hacerlo en esta época del año, ya que los saltos
de agua, cañones y cavidades que recorre esta corriente fluvial presenta
uno de sus mayores cauces. |
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Primeros
Pasos
La
excursión parte desde la Pradera, por la margen izquierda de un
más o menos reposado río Arazas. A la derecha la Faja Pelay o Senda
de los Cazadores, por la que estos días no se permite transitar,
debido al peligro de avalanchas que existe en
todo el Parque Nacional. El espeso bosque de abetos que oculta el
valle de Cotatuero y en el que habita el pito negro, el mayor pájaro
carpintero que habita en el Parque, será el primer compañero de
viaje, antes de iniciar una pendiente, que gracias a los miradores
creados para contemplar el paisaje fluvial, apenas resulta cansina.
| Guía
práctica
Restaurantes:
"El Rebeco", Tlfn: 974 486 066
"La Brecha", Tlfn: 974 486 221 (también Refugio
Lucien Briet)
"Atalaya", Tlfn: 974 486 022 (Bar-Restaurante-Refugio)
Tiendas
de artesanía:
La Casa Vieja Artesanía, C/ Furquieto, s/n. Tlfn: 974
486 288
Pintado, C/ Capuvita, 3. Tlfn: 974 486 154
Pueyo, Avd de Ordesa, s/n. Tlfn: 974 486 299
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Los
visitantes que se encuentran en estos primeros pasos son el mejor
reflejo del poder de atracción que tiene el parque. Familias con
niños, cuadrillas de amigos, jóvenes estudiantes tomando apuntes,
expertos montañeros que ataviados con pesadas mochilas se dirigen
a las cumbres más altas y grupos de jubilados que tranquilamente
pasearán por las llanuras iniciales de estos transitados senderos.
Los
senderos están muy bien señalizados y aquí es donde la "romería"
de visitantes comienza a desperdigarse. Los más experimentados en
estos parajes o aquellos que tienen poco tiempo para contemplar
los saltos ascienden sin más demora hacia el circo de Soaso, en
busca del refugio de Góriz, tal y como Ana solía hacer. El resto,
los estudiantes, familias y amigos, van sorteando las cascadas en
busca de aquella que presente una menor aglomeración de espectadores.
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Cascada
de Arripas
La
cascada de Arripas es la primera en demostrar el ensordecedor rugido
del deshielo. Para llegar a ella hay que tomar un sendero situado
y señalizado hacia la derecha. Algunos ya se muestran sorprendidos
y alzando la voz, para que la fuerza del torrente no ahogue sus
conversiones, ensalzan la belleza de este primer salto. Sin embargo,
Ana sostiene que "Arripas es sólo un ejemplo del poder erosivo
del río Arazas" y, además, "esta cascada está situada
en una zona baja, por lo que para escuchar y ver el verdadero sonido
del deshielo habrá que seguir subiendo".
Dentro
de la Cueva
La pista principal será otra vez el camino a seguir.
Quizás este sea uno de los tramos menos cómodos de la ruta. El camino
se empina y los menos acostumbrados se van rezagando. Sólo cuesta
unos 10 minutos llegar a la Cascada de la Cueva. Más ancha y menos
espectacular que la primera, pero igualmente atrayente. "En
verano, cuando el río es menos caudaloso, la gente aprovecha para
remojarse los pies, sentados en las rocas", explica una joven
que acompaña un grupo de escolares.
En la parte superior de este salto se aprecia una cavidad, que da
el nombre a la cascada. "Esta sí que la conocía", comenta
Ana. "No hay manera de atajarla, ya que la pista discurre junto
a ella. Pero las primeras y las últimas de este "paseo"
están algo más escondidas".
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Un
Estrecho Fascinante
Varios
letreros guiarán los pasos hacia la cascada que tal vez ostenta
el título de "la más bella de Ordesa", o por lo menos
así lo señalan todos aquellos que la han podido apreciar tal y como
se presenta estos días: repleta, pletórica, convulsiva y rotunda.
Es la Cascada del Estrecho. Pocos quedan inmunes a sus encantos.
Primero desde abajo, viendo cómo el torrente atraviesa una fosa
que el mismo río tuvo que hacer para poder atravesar la dura piedra
caliza de la que está compuesta esta zona. Después, desde arriba.
En una perspectiva de vértigo, sintiendo como las gotas de agua
salpican las caras.Para regresar hay que retroceder hasta la Cascada
de la Cueva, cruzar el río Arazas por un pequeño puente e iniciar
el descenso por la margen derecha. El sonido de los saltos aún se
percibe. El mirador de Los Bucardos será una de las últimas oportunidades
para contemplar, desde una perspectiva nueva, las caras de sorpresa
de los turistas al descubrir el ensordecedor, colosal y contundente
rugido del deshielo en los últimos saltos del río Arazas, antes
de abandonar el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido.
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Torla,
descanso y entretenimiento
Torla
es la antesala del valle de Ordesa y una de las principales entradas
el Parque Nacional. Su núcleo, apiñado bajo las murallas de Mondarruego,
ofrece todos los servicios que los visitantes requieren y necesitan.
En los últimos 5 años las casas y habitaciones de Turismo Rural
han proliferado y así lo constata una de las primeras personas que
inició este servicio.
Mª
Ángeles Ramón, empujada por su hija, remodeló la casa en la que
está viviendo desde hace 40 años, adaptó las habitaciones y abrió
"Casa Borruel", "hace ya 9 años", comenta Mª
Ángeles. "Cada fin de semana tengo gente para dormir. Antes
pasaba más tiempo en Zaragoza con mis hijos, pero ahora, cada vez
estoy más en Torla. Ya hay gente que está haciendo reservas para
verano", señala.
Casa Borruel:
Tlfn: 974 486 067
Dirección: C/ Fatás s/n
Número de habitaciones y plazas: Tres habitaciones dobles, una
de ellas ampliable a cuatro plazas, y una habitación triple.
Precio: dependiendo de la temporada y de la estancia, el precio
oscila entre las 5.000 pesetas por noche y las 3.000. |
En "Casa Borruel"
hay cuatro habitaciones, dos con baño propio y otras dos, compartido.
Dispone de una sala común y el servicio incluye desayuno, "si
se quiere y con aviso previo", comenta la mujer. Además, la
ubicación del inmueble, junto a la plaza de la Constitución, y al
lado del restaurante "El Rebeco", facilita al turista
el complementar la comida y la cena cerca de su dormitorio.
Pero Torla ofrece mucho
más. La cerámica altoaragonesa es una de las artesanías más abundantes
de esta localidad. El museo Etnológico, situado junto a la Iglesia
Parroquial de los siglos XVI-XVII, constituye una buena manera de
conocer esta región. Los puentes de La Glera y el de Goalar descubren
los bellos rincones de este municipio típicamente pirenaico, donde
las casas y las calles desprenden el olor de la piedra con las que
están construidas y que forma parte del paisaje y belleza de Torla.
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