© Pirineum multimedi@, 15 Febrero, 2002 6:14 PM
 
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Ruta por las Cascadas de Ordesa:

El Ensordecedor Rugido del Deshielo
Texto y fotos: Ainhoa Camino. (Primavera 2000)


"Hace más de 10 años que no veía a Ordesa", señala Ana nada más llegar a la Pradera que sirve de aparcamiento a los autobuses y a los vehículos particulares, cuando no hay una afluencia masiva de visitantes.
Ella es una de los 26.000 turistas que durante esta Semana Santa se han acercado al Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Uno de los parajes pirenaicos que nunca está solo, haga el tiempo que haga y sea la época que sea. "Siempre tiene su encanto", matiza. Y para demostrarlo basta mencionar las 650.000 personas de media que anualmente reciben estas 15.608 hectáreas que, junto a los circos glaciares de la vertiente francesa de los Pirineos, fueron declaradas por la UNESCO Patrimonio Mundial.
Sin embargo, Ana recuerda cómo las primeras veces que se adentraba en el Parque, "subía cegada para llegar a Cola de Caballo y no prestaba mucha atención al resto de saltos, cascadas y cañones que se ven a lo largo de las tres horas de caminata que cuesta llegar a esa primera, o última para los excursionistas, cascada que crea el río Arazas, bajo el macizo del cilindro de Marboré". Además, según comenta, "en esta época primaveral, cuando la nieve y el hielo comienzan a deshacerse, es el mejor momento para descubrir el paisaje fluvial que se concentra en el trayecto inicial de una de las rutas más frecuentadas del Parque Nacional".
El recorrido por las cascadas que el río Arazas crea en sus últimos pasos del territorio protegido tiene una duración, aproximada, de hora y tres cuartos, entre la subida y la bajada. Resulta fácil, ameno y, ante todo, sorprendente, sobre todo si se decide hacerlo en esta época del año, ya que los saltos de agua, cañones y cavidades que recorre esta corriente fluvial presenta uno de sus mayores cauces.
 
Primeros Pasos
La excursión parte desde la Pradera, por la margen izquierda de un más o menos reposado río Arazas. A la derecha la Faja Pelay o Senda de los Cazadores, por la que estos días no se permite transitar, debido al peligro de avalanchas que existe en todo el Parque Nacional. El espeso bosque de abetos que oculta el valle de Cotatuero y en el que habita el pito negro, el mayor pájaro carpintero que habita en el Parque, será el primer compañero de viaje, antes de iniciar una pendiente, que gracias a los miradores creados para contemplar el paisaje fluvial, apenas resulta cansina.
Guía práctica

Restaurantes:
"El Rebeco", Tlfn: 974 486 066
"La Brecha", Tlfn: 974 486 221 (también Refugio Lucien Briet)
"Atalaya", Tlfn: 974 486 022 (Bar-Restaurante-Refugio)

Tiendas de artesanía:
La Casa Vieja Artesanía, C/ Furquieto, s/n. Tlfn: 974 486 288
Pintado, C/ Capuvita, 3. Tlfn: 974 486 154
Pueyo, Avd de Ordesa, s/n. Tlfn: 974 486 299

Los visitantes que se encuentran en estos primeros pasos son el mejor reflejo del poder de atracción que tiene el parque. Familias con niños, cuadrillas de amigos, jóvenes estudiantes tomando apuntes, expertos montañeros que ataviados con pesadas mochilas se dirigen a las cumbres más altas y grupos de jubilados que tranquilamente pasearán por las llanuras iniciales de estos transitados senderos.

Los senderos están muy bien señalizados y aquí es donde la "romería" de visitantes comienza a desperdigarse. Los más experimentados en estos parajes o aquellos que tienen poco tiempo para contemplar los saltos ascienden sin más demora hacia el circo de Soaso, en busca del refugio de Góriz, tal y como Ana solía hacer. El resto, los estudiantes, familias y amigos, van sorteando las cascadas en busca de aquella que presente una menor aglomeración de espectadores.

 

Cascada de Arripas
La cascada de Arripas es la primera en demostrar el ensordecedor rugido del deshielo. Para llegar a ella hay que tomar un sendero situado y señalizado hacia la derecha. Algunos ya se muestran sorprendidos y alzando la voz, para que la fuerza del torrente no ahogue sus conversiones, ensalzan la belleza de este primer salto. Sin embargo, Ana sostiene que "Arripas es sólo un ejemplo del poder erosivo del río Arazas" y, además, "esta cascada está situada en una zona baja, por lo que para escuchar y ver el verdadero sonido del deshielo habrá que seguir subiendo".

Dentro de la Cueva
La pista principal será otra vez el camino a seguir. Quizás este sea uno de los tramos menos cómodos de la ruta. El camino se empina y los menos acostumbrados se van rezagando. Sólo cuesta unos 10 minutos llegar a la Cascada de la Cueva. Más ancha y menos espectacular que la primera, pero igualmente atrayente. "En verano, cuando el río es menos caudaloso, la gente aprovecha para remojarse los pies, sentados en las rocas", explica una joven que acompaña un grupo de escolares.
En la parte superior de este salto se aprecia una cavidad, que da el nombre a la cascada. "Esta sí que la conocía", comenta Ana. "No hay manera de atajarla, ya que la pista discurre junto a ella. Pero las primeras y las últimas de este "paseo" están algo más escondidas".

Un Estrecho Fascinante

Varios letreros guiarán los pasos hacia la cascada que tal vez ostenta el título de "la más bella de Ordesa", o por lo menos así lo señalan todos aquellos que la han podido apreciar tal y como se presenta estos días: repleta, pletórica, convulsiva y rotunda. Es la Cascada del Estrecho. Pocos quedan inmunes a sus encantos. Primero desde abajo, viendo cómo el torrente atraviesa una fosa que el mismo río tuvo que hacer para poder atravesar la dura piedra caliza de la que está compuesta esta zona. Después, desde arriba. En una perspectiva de vértigo, sintiendo como las gotas de agua salpican las caras.Para regresar hay que retroceder hasta la Cascada de la Cueva, cruzar el río Arazas por un pequeño puente e iniciar el descenso por la margen derecha. El sonido de los saltos aún se percibe. El mirador de Los Bucardos será una de las últimas oportunidades para contemplar, desde una perspectiva nueva, las caras de sorpresa de los turistas al descubrir el ensordecedor, colosal y contundente rugido del deshielo en los últimos saltos del río Arazas, antes de abandonar el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido.

Torla, descanso y entretenimiento

Torla es la antesala del valle de Ordesa y una de las principales entradas el Parque Nacional. Su núcleo, apiñado bajo las murallas de Mondarruego, ofrece todos los servicios que los visitantes requieren y necesitan. En los últimos 5 años las casas y habitaciones de Turismo Rural han proliferado y así lo constata una de las primeras personas que inició este servicio.

Mª Ángeles Ramón, empujada por su hija, remodeló la casa en la que está viviendo desde hace 40 años, adaptó las habitaciones y abrió "Casa Borruel", "hace ya 9 años", comenta Mª Ángeles. "Cada fin de semana tengo gente para dormir. Antes pasaba más tiempo en Zaragoza con mis hijos, pero ahora, cada vez estoy más en Torla. Ya hay gente que está haciendo reservas para verano", señala.
Casa Borruel: Tlfn: 974 486 067
Dirección: C/ Fatás s/n
Número de habitaciones y plazas: Tres habitaciones dobles, una de ellas ampliable a cuatro plazas, y una habitación triple.
Precio: dependiendo de la temporada y de la estancia, el precio oscila entre las 5.000 pesetas por noche y las 3.000.

En "Casa Borruel" hay cuatro habitaciones, dos con baño propio y otras dos, compartido. Dispone de una sala común y el servicio incluye desayuno, "si se quiere y con aviso previo", comenta la mujer. Además, la ubicación del inmueble, junto a la plaza de la Constitución, y al lado del restaurante "El Rebeco", facilita al turista el complementar la comida y la cena cerca de su dormitorio.

Pero Torla ofrece mucho más. La cerámica altoaragonesa es una de las artesanías más abundantes de esta localidad. El museo Etnológico, situado junto a la Iglesia Parroquial de los siglos XVI-XVII, constituye una buena manera de conocer esta región. Los puentes de La Glera y el de Goalar descubren los bellos rincones de este municipio típicamente pirenaico, donde las casas y las calles desprenden el olor de la piedra con las que están construidas y que forma parte del paisaje y belleza de Torla.