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Del
estudio de los documentos consultados, gran parte de ellos procedentes
del Archivo de Simancas, parece desprenderse que las obras del
Castillo de San Pedro debió iniciarlas
D. Tiburcio Spanochi en el año 1595,
bajo la protección de un pequeño Destacamento de Infantería
al mando de D. Juan de Velasco, que sería el primer "Teniente
de Rey" de la ciudadela y cuyo sepulcro se encuentra en la
Capilla del Recinto.
Asimismo,
se sabe que dichas obras permanecían
aún sin concluir en 1641. Es evidente que, a la
hora de decidir el emplazamiento del Castillo, debió primar
mucho la "economía de medios", toda vez que se
aprovecharon varios almacenes bien aislados en sótanos, así
como el conjunto de la capilla de Nª Sª del Burnao, que
ahora define el túnel de acceso y que es de factura románica.
spanochi, tras algunas dudas
iniciales, desestimando siempre la muralla de Jaca por obsoleta,
decidió la construcción del Castillo en el paraje
extramuros conocido como el "Burnao", Burgo Nuevo Románico.
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Observada
desde el aire, la Ciudadela de Jaca presenta
el rígido aspecto de un pentágono regular en
cuyos cinco vértices se han insertado
otros tantos baluartes perfectamente artillados. El conjunto
está rodeado de foso y glacis.
La ciudadela de Jaca es la única
en su género que se conserva íntegra y
separada de otras edificaciones en todo el mundo. La de Lieja también
está casi completa, pero cuenta con otras construcciones
adheridas a su alrededor. La
defensa exterior presenta sucesivamente un foso, contraescarpa,
camino cubierto, plazas de armas y glacis.
En
principio el Castillo fue construido para cerrar
el acceso al Ejército francés-hugonote a
lo largo del eje del Camino de Santiago que recorre el Alto Valle
del río Aragón hasta Jaca. La misión de la
Ciudadela era complementada por otras pequeñas fortificaciones
en otros valles pirenaicos.
Durante
el siglo XVI este modelo de Ciudadela es
muy empleada en los Países Bajos, en donde, si
se disponía de agua suficiente, los fosos eran inundados.
Además de la de Lieja, el Duque de Alba mandó construir
otra en Amberes que más
tarde fue demolida. Asimismo, la fortificación semiderruida
de Pamplona pertenece al mismo
tipo y en el continente americano se construyeron varias muy parecidas,
destacando la del Fuerte de
S. Felipe en el Puerto de El Callao en Perú.
En
la obra trabajan diez canteros y carpinteros,
buscados apresuradamente y sacados de sus viviendas previo
pago de algunos dineros "para dejar proveídos sus hijos y mujeres".
La Ciudadela fue en su origen punto de destino de militares de dudosa
condición. Un informe de la época revela que los doscientos soldados
de la guarnición eran "de una parte casados, la otra huidos
de los exercitos de Su Majestad. La otra de unas levas que se trajeron
aquí de Castilla, gente una y otra poco segura" por las fugas
que intentan con notable asiduidad.
La
auténtica historia militar de la
Ciudadela resulta, por lo demás,
tan breve como paradójica, pues construida para
defender la frontera de los ataques franceses, la única vez
que entró en batalla fue durante la Guerra de Independencia
y se hallaba ocupada por franceses, mientras los españoles
intentaban recuperarla.
El
"área de combate" propiamente dicha
está formada por el obstáculo
principal y por baluartes y muralla. De fuera a dentro,
el obstáculo presenta: glacis,
con ligera pendiente totalmente despejada, camino
de unión de las cinco plazas de armas, que constituyen
la primera línea de defensa exterior y foso,
que con su escarpa y contraescarpa,
constituye la parte más fuerte y más difícil
de superar. Este último, en el que ahora pastan una decena
y media de ciervos, jamás estuvo inundado de agua.
Los baluartes artillados, cinco
en total, unidos por un camino de ronda, así como el resto
de la muralla son de grandes sillares que ocultan un muro de argamasa
durísima, con un espesor de 2,5
metros en la parte más alta y hasta 4 metros abajo.
La ingeniosa organización de estos baluartes, dotados cada
cual de seis piezas de Artillería de grueso calibre y de
varias de porte menor, permitía hacer fuego de flanco hacia
el adversario que trataba de escalar la muralla. Cada uno de ellos
cuenta también con tres garitas para el centinela, que efectuaban
sus relevos a través del camino de ronda.
La
plaza de armas, situada ante
la puerta principal presenta muros con aspilleras para defensa inmediata
al otro lado del puente, parte del cual es de tipo levadizo. Este
conjunto recibe el nombre de "caponera".
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