© Pirineum multimedi@, 22 Noviembre, 2007 11:51 AM
 
 

La Ciudadela de Jaca

Castillo de San Pedro· Monumento de carácter histórico artístico
Premio "Europa Nostra"

Del estudio de los documentos consultados, gran parte de ellos procedentes del Archivo de Simancas, parece desprenderse que las obras del Castillo de San Pedro debió iniciarlas D. Tiburcio Spanochi en el año 1595, bajo la protección de un pequeño Destacamento de Infantería al mando de D. Juan de Velasco, que sería el primer "Teniente de Rey" de la ciudadela y cuyo sepulcro se encuentra en la Capilla del Recinto.

Asimismo, se sabe que dichas obras permanecían aún sin concluir en 1641. Es evidente que, a la hora de decidir el emplazamiento del Castillo, debió primar mucho la "economía de medios", toda vez que se aprovecharon varios almacenes bien aislados en sótanos, así como el conjunto de la capilla de Nª Sª del Burnao, que ahora define el túnel de acceso y que es de factura románica.

spanochi, tras algunas dudas iniciales, desestimando siempre la muralla de Jaca por obsoleta, decidió la construcción del Castillo en el paraje extramuros conocido como el "Burnao", Burgo Nuevo Románico.

Observada desde el aire, la Ciudadela de Jaca presenta el rígido aspecto de un pentágono regular en cuyos cinco vértices se han insertado otros tantos baluartes perfectamente artillados. El conjunto está rodeado de foso y glacis. La ciudadela de Jaca es la única en su género que se conserva íntegra y separada de otras edificaciones en todo el mundo. La de Lieja también está casi completa, pero cuenta con otras construcciones adheridas a su alrededor. La defensa exterior presenta sucesivamente un foso, contraescarpa, camino cubierto, plazas de armas y glacis.
En principio el Castillo fue construido para cerrar el acceso al Ejército francés-hugonote a lo largo del eje del Camino de Santiago que recorre el Alto Valle del río Aragón hasta Jaca. La misión de la Ciudadela era complementada por otras pequeñas fortificaciones en otros valles pirenaicos.

Durante el siglo XVI este modelo de Ciudadela es muy empleada en los Países Bajos, en donde, si se disponía de agua suficiente, los fosos eran inundados. Además de la de Lieja, el Duque de Alba mandó construir otra en Amberes que más tarde fue demolida. Asimismo, la fortificación semiderruida de Pamplona pertenece al mismo tipo y en el continente americano se construyeron varias muy parecidas, destacando la del Fuerte de S. Felipe en el Puerto de El Callao en Perú.

En la obra trabajan diez canteros y carpinteros, buscados apresuradamente y sacados de sus viviendas previo pago de algunos dineros "para dejar proveídos sus hijos y mujeres". La Ciudadela fue en su origen punto de destino de militares de dudosa condición. Un informe de la época revela que los doscientos soldados de la guarnición eran "de una parte casados, la otra huidos de los exercitos de Su Majestad. La otra de unas levas que se trajeron aquí de Castilla, gente una y otra poco segura" por las fugas que intentan con notable asiduidad.

La auténtica historia militar de la Ciudadela resulta, por lo demás, tan breve como paradójica, pues construida para defender la frontera de los ataques franceses, la única vez que entró en batalla fue durante la Guerra de Independencia y se hallaba ocupada por franceses, mientras los españoles intentaban recuperarla.

El "área de combate" propiamente dicha está formada por el obstáculo principal y por baluartes y muralla. De fuera a dentro, el obstáculo presenta: glacis, con ligera pendiente totalmente despejada, camino de unión de las cinco plazas de armas, que constituyen la primera línea de defensa exterior y foso, que con su escarpa y contraescarpa, constituye la parte más fuerte y más difícil de superar. Este último, en el que ahora pastan una decena y media de ciervos, jamás estuvo inundado de agua.
Los baluartes artillados, cinco en total, unidos por un camino de ronda, así como el resto de la muralla son de grandes sillares que ocultan un muro de argamasa durísima, con un espesor de 2,5 metros en la parte más alta y hasta 4 metros abajo. La ingeniosa organización de estos baluartes, dotados cada cual de seis piezas de Artillería de grueso calibre y de varias de porte menor, permitía hacer fuego de flanco hacia el adversario que trataba de escalar la muralla. Cada uno de ellos cuenta también con tres garitas para el centinela, que efectuaban sus relevos a través del camino de ronda.
La plaza de armas, situada ante la puerta principal presenta muros con aspilleras para defensa inmediata al otro lado del puente, parte del cual es de tipo levadizo. Este conjunto recibe el nombre de "caponera".