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Última actualización 13 Diciembre, 2007 9:31 h.

REPORTAJE

Bielsa: La Bolsa y la Vida

Ruta publicada en la revista EL MUNDO DE LOS PIRINEOS. Año 1999
Bielsa y su valle siempre han mirado al norte. En la base del macizo, coronado por el Perdido, este austero pueblo pirenaico vivió prácticamente aislado hasta bien entrado el siglo XX. Esta es la historia de un pueblo que lucha por sobrevivir entre las montañas.

Imagen de archivo de la población de Bielsa
Bielsa. Imagen de archivo

Es un triángulo escaleno con base en el macizo y vértice en el pueblo de Salinas y el estrecho de las Devotas. El valle de Bielsa ha mirado siempre a Francia. Separado del resto del Sobrarbe por congostos inaccesibles, como son los de Olvena y las Devotas ("denominado así por las devociones a las que se recurría para salir de este mal paso"), el triángulo que forman los ríos Cinca y Barrosa está amurallado por sierras de más de 2.000 metros de altura (Las Sucas al Sur, Monte Perdido-Astazu-Tuca Roya-La Munia al Norte y Sierra Marqués al Este).

Allí se encierra un pequeño paraiso demasiado frágil. El aislamiento de Bielsa hasta bien entrado el siglo XX favoreció una autarquía casi total y la presencia de una variante propia del aragonés como es el belsetán que indica el grado de impermeabilidad histórica que ha sufrido el valle.

Sólo los condicionantes orográficos pueden explicar las sucesivas migraciones a Francia, el autogobierno del valle (pacerías), la pervivencia de ritos ancestrales como es el carnaval o la formación de la Bolsa de Bielsa durante la guerra de las dos Españas. La historia contemporánea de Bielsa está marcada por la regulación hidroeléctrica del valle. Determinó los movimientos migratorios y las infraestructuras. Lo que el Estado no pudo o no quiso hacer lo asumió la Sociedad Hidroeléctrica Ibérica (actual Iberduero).

La construcción del eje de enlace entre Bielsa y Aínsa a comienzos de los años 20 corrió a cargo de la compañía hidroeléctrica, que recuperó los trabajos que en 1915 el Estado había dejado detenidos en Lafortunada. Durante este periodo, Bielsa alcanza el techo poblacional de su historia. Después llegó la guerra, la destrucción y una lenta y progresiva recuperación que el despegue económico español se encargaría de truncar. Hoy apenas quedan 300 habitantes. El tramo carretero fue particular hasta los años sesenta, cuando la administración asumió su titularidad coincidiendo con la inauguración del Parador Nacional de Monte Perdido (al fondo del valle de Pineta) en 1968. El desmantelamiento de la sociedad tradicional y la pérdida de pujanza de los sectores agrícola, ganadero, minero y forestal ha dejado, al margen de ERZ (cogió el testigo de Iberduero en el 94), al Parador de Monte Pérdido como la única empresa "fijadora" de la población junto al Parque Nacional de Ordesa (guardas, retén de incendios, brigada de mantenimiento y oficina de información). Pero todo pende de un hilo.

La Bolsa de Bielsa

Imágenes de la Bolsa de Bielsa: Fototeca de la Diputación de Huesca

El avance de las tropas nacionales en marzo de 1938 desnivela el frente del Ebro y aisla al Norte a la 31ª y 43ª Divisiones republicanas. Mientras la primera sufre una desbandada espectacular y sus hombres se retiran desperdigados hacia Francia, la 43ª División que manda Antonio Beltrán "El Esquinazau" (Canfranc, 1897) se mueve hacia el norte y se parapeta en el Sobrarbe. La orografía proporciona una fortificación natural por detrás del desfiladero de las Devotas.

Los ocho mil soldados de la 43ª consiguen hacerse fuertes y aguantar las embestidas de los 14.600 hombres que los asedian. Desde el 14 de Abril al 15 de Junio, este incómodo foco de resistencia soporta escaramuzas y bombardeos. Hay numerosas bajas en los dos bandos. La guerra de "guerrillas" y un último golpe de efecto del Esquinazau logran irritar a Franco.

Los embolsados simulan la rendición durante la noche del 14 al 15 de Mayo. Encienden hogueras para simular el sacrificio de material antes de una retirada y algunas casas son regadas con agua y despues incendiadas para provocar un denso humo que impidiera cualquier observación del enemigo. A la mañana siguiente y escondidos tras las trincheras, los hombres de la 43ª aguantan el fuego de mortero sin rechistar. No se oye un alma.

Imágenes de la Bolsa de Bielsa: Fototeca de la Diputación de Huesca Imágenes de la Bolsa de Bielsa: Fototeca de la Diputación de Huesca

La treta surte efecto y los nacionales se disponen a avanzar. Tras encontrar Puyarruego abandonado, los oficiales franquistas se confían y caminan a campo abierto. Cuando alcanzan las posiciones enemigas se produce una auténtica masacre. Al día siguiente los embolsados reciben la visita de Juan Negrín, jefe del gobierno de la República que pasa revista a las tropas.

Ese fue el principio del fin. Los bombarderos Heinkel 45 y Savoia 79 peinan una y otra vez la zona hasta destruir completamente Bielsa. La 43ª organiza una retirada ordenada y agónica a través de los puertos Lera y Viejo. Al otro lado, la Gendarmerie espera. De los supervivientes, 411 deciden volver a Irún, mientras 6.889 regresan a la España republicana para seguir combatiendo. La represión fue terrible y la reconstrucción dolorosa. Tras combatir en la Segunda Guerra Mundial y graduarse Coronel en la Academia Frunze de la Unión Soviética, "El Esquinazau" pasa a dirigir la guerrilla antifranquista en el Pirineo (activa hasta los 50) y a coordinar la política de "pasos" por órdenes del PCE.

Imágenes de la Bolsa de Bielsa: Fototeca de la Diputación de Huesca, publicadas en el libro "La Bolsa de Bielsa".

El Carnaval de Bielsa

Foto: JF. Pirineum
Carnaval de Bielsa. Foto: JF - Pirineum

El ancestral rito pirenaico dice que si el oso sale de la cueva y encuentra luna llena vuelve a su madriguera invernal y retrasa la entrada de la primavera cuarenta días más. Si es noche cerrada, el plantigrado, animal tótem del Pirineo y símbolo de la fuerza natural que vuelve a la vida, adelanta el ciclo vital que marca el destino de la sociedad rural. Por eso en Bielsa trangas y osos llevan la cara pintada de negro, para convencer al todopoderoso mamífero de que se han acabado los rigores del invierno. A pesar de que hace practicamente un siglo que fue cazado el último oso del valle de Pineta, su figura todavía predomina en las creencias populares.

El fin de semana anterior al miércoles de ceniza, Bielsa celebra el Carnaval más auténtico de cuantos proliferan en el Pirineo. Sus origenes se remontan a periodos precristianos y se fundamentan en el mito de la vuelta a la vida. El ciclo vegetal comienza con la entrada de la primavera y el carnaval no es sino la ceremonia que trata de adelantarlo.

Es el dominio del hombre sobre la naturaleza. Se reclaman las fuerzas beneficiosas y se lucha contra los designios telúricos del desconocido más allá. Durante dos días, cualquier exceso está permitido. Es la inversión espacio temporal y se impone el cambio de roles. Las trangas, personajes míticos mitad humanos y mitad animales son símbolos de la virilidad y la fertilidad. Su cornamenta de buco, el continuo sonar de sus cencerros y su actitud obscena y violenta aterroriza a pequeños y grandes. Sin embargo, todos los niños de Bielsa sueñan algún día con ser ellos las trangas del carnaval.

Las setecientas plazas hoteleras del valle estaban ocupadas este año desde un mes antes. Todo el Sobrarbe se ha reunido en Bielsa entre el 20 y el 22 de Febrero para asistir a la aniquilación de Cornelio Zorrilla, el "carnaval" de Bielsa, culpable de todos los males que acechan al pueblo y vehículo de la catarsis colectiva. El muñeco comienza la fiesta colgado de la plaza del Ayuntamiento y termina ardiendo después de múltiples vejaciones. Hay más personajes, como el Amontato, el Caballé o las Madamas, pero para conocerlos tendrá que esperar al año que viene.

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