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Última actualización 22 Enero, 2008 17:00 h.

REPORTAJE

Ansó: Donde el aire conserva el olor a madera

Ansó cautivó la mirada de Sorolla y los sentidos de Galdós. Es el testimonio más fiel de la dura vida en la montaña. La tradición y el respeto por lo autóctono caracterizan este valle, situado en la vertiente más occidental del Pirineo oscense, con un futuro que une proteccionismo e innovación.

Ansó conserva una arquitectura integrada en el entorno, con la iglesia de San Pedro sobresaliendo.
Ansó conserva una arquitectura integrada en el entorno, con la iglesia de San Pedro sobresaliendo.

Ansó conserva el olor seco y penetrante de la madera. La serrería "Industrias Forestales de Ansó S. A.", de titularidad municipal, aunque cerrada continua presidiendo la entrada a la villa. Es la primera señal de que estamos en un Pirineo diferente, ajeno a las masificaciones turísticas y poco comprometido con el devastador desarrollo urbanístico de sus valles vecinos.

El entorno en el que se ubica el municipio, rodeado de montes y frondosos bosques de hayas, pinos y abetos, ha marcado la vida de los ansotanos. La explotación forestal y la ganadería han constituido desde siempre la principal fortaleza y fuente de riqueza de Ansó, pero en estos tiempos de cambios el futuro del valle tendrá que mirar seguramente hacia otros horizontes.

El actual ambiente del pueblo, que baña el río Veral y que limita con Navarra, Francia y la provincia de Zaragoza, mantiene el regusto añejo que se asocia a la madera. Ansó es un pueblo de postal, idílico. Probablemente estamos ante uno de los iconos más representativos del modelo de desarrollo que todos añoran en el Pirineo pero que pocos han sido capaces de respetar. Conserva una arquitectura integrada en el entorno, revestido totalmente de piedra, con la iglesia de San Pedro sobresaliendo de los tejados rojos de las casas, donde las corpulentas chimeneas pueden llegar a alcanzar los cuatro metros de altura. Algunas de ellas casi cuestionan las leyes de la física. Aunque es el último domingo de agosto cuando los aromas a pasado se hacen más intensos. De los antiguos arcones y armarios de las sabayas salen los trajes tradicionales ansotanos el día de la exaltación del traje, todo un acontecimiento convertido en ritual festivo.

Estas raíces, en las que ganadería y madera están siempre de fondo y a veces tan relacionadas como demuestra una borda camino del Alano con las tejas de madera, conviven ahora con el futuro que les deparará el Parque Natural de Los Valles de La Jacetania, creado en 2006 y que pretende poner en valor la formidable riqueza natural del territorio. En algún despacho de Zaragoza alguien decidió hace tiempo que unos valles pirenaicos serían destinados a las estaciones de esquí y al hormigón y otros a la conservación como atracción para turistas. A Ansó le ha tocado la segunda alternativa y gran parte de su entorno se ha convertido en Parque Natural. Ahora los ansotanos quieren hacer de la necesidad virtud.

Las cuatro carpinterías y la existencia de una treintena de cartillas ganaderas confirman la pervivencia de los ejes tradicionales de la economía ansotana, si bien la crisis en estos sectores también se deja notar. La serrería, principal fuente de trabajo de los ansotanos hasta hace un decenio, cerró sus puertas definitivamente, por su nula rentabilidad. Las bordas donde se guardaba el ganado y la leña ahora son restaurantes y albergues que dan servicio a los cientos de visitantes que buscan conocer la que fuera cuna del Reino de Aragón. El turismo se ha convertido en un nuevo medio de vida, pero es un turismo poco masificado.

Ansó conserva los ejes tradicionales de su economía.

Aquí se "fala", recuerdan en ansotano sólo los más mayores, de la vida junto al hogar. La dureza del clima y del entorno arrastraron la vida social al interior de las casas. Y es ahí donde sorprendentemente sopla el aire más nuevo y esperanzador. Los primeros atisbos de innovación llegaron hace una veintena de años, de la mano de la "Posada Magoria", establecimiento pionero en España en el turismo rural. Enrique Ipas, un médico naturista con sangre ansotana, ofrecía alojamiento, cursos naturistas y dieta vegetariana. Hace dos años amplió su establecimiento y continua abriendo brecha, porque Enrique, con su mujer Tere Garayoa y sus tres hijos, sostiene que "aquí o te lanzas o te estancas". Magoría es hoy una institución en Ansó, una razón más para llegar hasta aquí.

Quizás por esa necesidad de no perder el norte, las aventuras de los hombres que descendían a tierras ribereñas en trashumancia o las excelencias de los objetos que las mujeres traían de Mauleón (Francia) cuando regresaban en primavera de las fábricas de alpargatas, han quedado recluidas en las vitrinas del Museo Etnológico de Ansó, ubicado en la Iglesia de San Pedro. Un destino que los ansotanos aún no han dado al temor que sienten por la osa Camile cada vez que se tiene noticias de su presencia en los puertos de Zuriza y Linza (15 kilómetros al norte) o al particular matriarcado que sobrevive en la sociedad ansotana, donde la mujer continua siendo el principal transmisor y precursor de la cultura y la tradición. Durante dos legislaturas hubo alcaldesa y un equipo de gobierno formado por mujeres, casi exclusivamente; también son ellas las que sostienen los pilares de la cultura, la tradición y una parte importante de la hostelería local.

Los ansotanos saben que su futuro, aunque incierto, pasa por unir proteccionismo e innovación. Así, se recuperó la antigua herrería, y los bancos y barandillas que adornan algunos rincones de Ansó son parte del resultado de esta iniciativa. Desde hace 3 años existe en el mercado el "Queso de Ansó", gracias al empeño de José Ramón y Natalia; e Ismael Navarro, un verdadero pionero, continua decorando los cascos de motos y los coches que llegan a su empresa de aerografía. Son algunas de las iniciativas que marcan el futuro de Ansó y que como la propia villa, conservan ciertas bases de tradición.

 

El término municipal

El término municipal de Ansó es uno de los más extensos y singulares del Pirineo central. Ocupa 25.850 hectáreas, compartiendo 57 kilómetros, desde Navarra hasta Candanchú, de límite con Francia. Esta situación fronteriza marcó la vida de Ansó y en más de una ocasión los conflictos entre navarros y franceses salpicaron a la villa. Por ello, en 1272 Jaime I el Conquistador concede a Ansó una serie de privilegios, entre los que se encontraba poder pastar libremente en ese territorio. Refrendados por todos los reyes hasta Felipe III (1620), fue el 14 de abril de 1862, con la firma del Tratado de Bayona cuando ese territorio se otorga definitivamente a Ansó. Así, el puerto de Guarrinza y el de la Reclusa son de uso mancomunado entre Ansó-Fago y Echo-Urdués, aunque la propiedad sea ansotana. En 1830 Fago se separó, constituyendo su propio ayuntamiento y acordando repartir los aprovechamientos en 4/5 partes para Ansó y 1/5 para Fago. La gran autonomía política que ha tenido este valle se pone de manifiesto en el Tratado de las Tres Vacas. Los ansotanos, tras el fracaso del Reino de Navarra y el Vizcondado de Bearn y elegidos como mediadores por ambas poblaciones, lograron poner paz entre roncaleses (Navarra) y baretonenses (Bearn).

La Exaltación del Traje

Los ansotanos sienten verdadera devoción por su traje típico, el más rico y variado de la península ibérica. Existen trajes de diario, de faena y relacionados con las fiestas sociales y religiosas. Ese orgullo lo ponen de manifiesto cada último domingo de agosto. Desde 1971, este día quedó institucionalizado como "El Día de la Exaltación del Traje Típico" y hace que Ansó recupere una imagen que hasta hace no demasiado tiempo podía asaltar al visitante en cualquier esquina de la villa. Hasta 1930, eran mayoría los ansotanos que iban ataviados con traje. María Mendiara perpetuó su uso diario hasta 1987 y Jorge Puyó, hasta 1997. Ninguno de los dos consideró, hasta el día de su fallecimiento, como suyos propios otros ropajes. Han sido los ansotanos los responsables de que estos trajes llegaran hasta nuestros días, donando parte de su mayor herencia cultural al "Ropero-Municipal", donde se conserva una buena colección de estos vistosos y elegantes trajes.

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