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Última actualización 26 Marzo, 2008 12:08 h.

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REPORTAJE:

Tejedores del Medievo

Texto y fotos: Ainhoa Camino
"Las manos encarnan el paso al acto, el poderío, la facultad de hacer y deshacer. Si en algún momento perdiera sus manos, dejaría de ser ella, dejaría de existir", dice Kenizé Mourad en su obra "Un jardín en Badalpur". Y, precisamente, con ese poderío y capacidad que tienen las manos, Marie Noël y José han recuperado los antiguos telares y tejidos del Pirineo.

Telar de Triste
Foto:Mary Noël tejiendo en uno de sus telares más laboriosos, el telar de tiro..

"Fue en la Edad Media, a la vuelta de los reyes católicos a Zaragoza, cuando los tejedores de la Corte tuvieron que emigrar a otras poblaciones, ya que los bordados moriscos y árabes realizados en seda habían copado todo el mercado. Los que se fueron tuvieron que adaptarse a la capacidad económica de aquellas otras regiones que no podían comprar una tela tan cara como la seda. Así fue como surgió la colcha de tiro típica del Pirineo, autóctona al estar realizada en cáñamo de urdimbre o lana", explica José Granados. Éste es uno de los cerca de medio centenar de bordados, dibujos y tejidos que Granados y su mujer, Marie Noël Vacher, han logrado recuperar del olvido.

En busca de la tranquilidad
Hace más de 20 años este peculiar matrimonio llegó a Triste con ganas de dedicarse a una tarea relajante buscando un lugar "tranquilo, en las montañas, con agua y cerca de Francia", dice Marie Noël, con los ojos chicos recordando cuál es su lugar de procedencia. José nunca antes había tenido contacto con la madera y mucho menos con "el apasionante mundo de los tintes y tejidos".

Marie, que aunque por parte de padre su familia poseía en Francia una fábrica de bolillos, comenta que ella tampoco.Pero, poco a poco, el perdido mundo de los telares y de los tintes naturales les empezó a enganchar,"como el hilo que tira de una madeja", explican. Ahora, además de los tejidos, han logrado reconstruir, a su manera y artesanalmente, cerca de una decena de máquinas tejedoras.

Una labor de investigación
La vivienda de Marie Nöel y José en Triste está divididaen tres sectores. Adosado a la casa está el taller donde José trabaja la madera. "Aquí hago los telares y también restauro muebles antiguos", señala este hombre natural de Madrid. Un poco más apartados, en dos cobertizos independientes, están el museo y el taller, donde Marie muestra, enseña y vende los tejidos que ella confecciona.
Toallas, mantelerías, jerséis, chales, camisas de estilo Maho, colchas, alfombras y tapices son parte de la producción que en esta misma vivienda se pueden obtener y admirar.

Ropa elaborada en Triste
Foto: Los colores de las prendas también son elaborados de manera artesanal por este matrimonio.

Durante los primeros años de estancia en Triste, José se dedicó a investigar los telares. Mientras, Marie se centraba en la producción. "Íbamos por los pueblos preguntando y pidiendo que nos mostraran piezas antiguas para ver cómo estaban hechas. El tipo de tejido, el calibre de la lana, el tipo de tinte y los dibujos que se hacían. Así hemos llegado a reunir y recuperar medio centenar de dibujos desaparecidos y casi una decena de telares", comenta Marie Nöel manejando la pieza más apreciada por esta pareja, el telar de tiro. Única máquina de estas características que existe actualmente en producción.

La investigación de José le ha llevado a reinventar muchas de estas máquinas de desuso. "Actualmente ninguna máquina de tejer tiene lanzadera. Funcionan por medio de ventiladores y de manera automática", explica.

El mundo de los tintes
La recuperación de este oficio perdido, donde todo está hecho a mano y respetando la estructura inicial de la máquina y de los tejidos, les a impulsado a adentrarse también en el mundo de los tintes naturales. Las flores y las plantas que utilizan, las cultivan en su propio jardín, junto al cual han habilitado un pequeño laboratorio, que parece una cocina, donde elaboran estas tinturas.

Aunque Marie trabaja cualquier tipo de tejido, la preferencia de esta pareja de artesanos reside en la confección medieval. "No tanto las vestimentas como la lencería, cortinas y mantelerías. Son muy agradecidas y gustan mucho", señala Marie. Tan agradecidas como costosas de elaborar, ya que según explica son necesarias dos semanas de trabajo inicial para comenzar a tejer.

"Cada pieza lleva un número determinado de hilos, que varía según el dibujo y el tejido que se emplee y el dibujo de se desee. Por eso, primero elaboro el esquema en papel, luego lo hacemos en ordenador y finalmente nos ponemos manos a la obra". Una obra que en una hora puede llegar a alcanzar una largura de 50 centímetros por 75 u 80 de ancho.

Mary Noël y José Granados
Foto:Mary Noël y José Granados en el telar de tiro.

Las Máquinas
En el taller textil de Marie Nöel y José hay una máquina que sobresale por encima de las demás. Es, sin duda, la pieza que más cuidan y que con más orgullo muestra este matrimonio de artesanos. Es el telar de tiro. Una máquina originaria de la Edad Media, "más o menos del siglo XVI", calcula Granados.

Este telar tiene unas características que le hacen ser peculiar. Por un lado sus dimensiones son más grandes de lo normal y son necesarias dos personas para poder trabajar con él. "Mientras que en las demás máquinas pasas las cuerdas con los pies, aquí necesitas otra persona para que tire de ellas, porque están ahí arriba", explica Marie Nöel apuntado a unas cuerdas blancas de las que cuelgan unos números. "Cada número es una parte del dibujo que compone el tapiz. Hay que ir combinándolos".

Una de las alumnas que actualmente tiene Marie se cuelga de los hilos que le señala su maestra y, con los pies en el aire, estira fuertemente hacia el suelo. "Trabajar aquí es muy duro. Hay que hacer mucha fuerza. Realmente estos telares eran manejados por hombres", comenta.

Pero además esta pieza es única por otras razones que aclara José. "En los años cincuenta hubo un telar similar funcionando en la provincia de Huesca. Era un hombre que trabajaba para un colegio de monjas, pero lo abandonó y al cabo del tiempo se encontró. Una vez restaurado, lo llevaron al Museo del Serrablo, de donde yo lo copié. Creo que estos son los únicos que hay, pero el nuestro es el único que está en producción, porque el del museo no saben cómo funciona".

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