© Pirineum multimedi@, 8 Agosto, 2001 7:12 PM
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Francisco de las Heras: El ojo del Pirineo

Texto: Juan Gavasa
Fotos: Archivo Peñarroya- Fototeca de la DPH

Coincidiendo con los cincuenta años de su muerte ha visto la luz una antología del fotógrafo jaqués Francisco de las Heras, uno de los profesionales de la imagen más prolíficos, emprendedores, interesantes, pero también desconocidos del primer cuarto de siglo en Aragón.

Desde su llegada a la capital pirenaica en 1910, emprendió una meritoria labor comercial y divulgativa a través de la edición de colecciones de postales con imágenes de la comarca de la Jacetania principalmente, y de parajes cercanos como el Roncal, Huesca o el Balneario de Panticosa. Fueron 35 intensos años en los que De las Heras retrató con nitidez los profundos cambios que experimentaba el Pirineo, las convulsiones políticas de una época frenética y los hitos de la pequeña historia de la cordillera como la inauguración del Canfranc, la sublevación de Galán y García Hernández o el alud que arrasó parte del Balneario de Panticosa en 1915.

A diferencia de otros fotógrafos de su tiempo, De las Heras fue el único que vivió permanentemente en el Pirineo y eso le obligó a ser notario de la actualidad cotidiana antes que artista de la fotografía. Por eso, su obra tiene un valor extraordinario. Por vocación, pero también por necesidad, tuvo que ser al mismo tiempo reportero gráfico, artista, empresario, editor, fotógrafo de bodas, bautizos y comuniones e incluso escritor.

Su ingente obra, sin embargo, ha sido injustamente olvidada y apenas ha tenido el reconocimiento que sí que han logrado otros fotógrafos coetáneos como Ricardo Compairé, Lucien Briet o Julio Soler Santaló. Sin duda, De las Heras es el gran desconocido de la fotografía aragonesa de principios de siglo pero, sorprendentemente, fue el que más postales editó en nuestra región en los años previos a la Guerra Civil, un mérito que debe amplificarse si tenemos en cuenta los escasos medios con los que contaba para desarrollar su labor en la Jaca de principios de siglo.

Nacido en Torres de Valdealmendra (Guadalajara) en 1986, De las Heras se instaló en 1908 en Zaragoza y comenzó a trabajar con el prestigioso fotógrafo Coine. En ese tiempo recibió algunos premios y participó en la Exposición Universal. En 1910 tomó la decisión más trascendente de su vida y aceptó la propuesta de trasladarse a Jaca para asumir el negocio fotográfico que había dejado Felix Preciado tras su fallecimiento.
Muy pronto comenzó a editar las famosas colecciones de postales para uso turístico en forma de acordeón, muchas de las cuales hoy se cotizan alto en el Mercat de San Antoni en Barcelona o en el Rastro de Madrid. El objetivo de De las Heras inmortalizó en aquellas primeras postales impresas por el sistema de fototipia un pueblo que todavía no se había desprendido de sus murallas medievales y unas gentes ancladas en el siglo anterior.

El legado

El libro que se presentó en Jaca sirve también para poner orden al extenso legado del fotógrafo, pese a que buena parte de su obra ha sufrido las consecuencias del paso del tiempo, el deterioro, la irresponsabilidad y cierto desinterés. De hecho, muchas imágenes captadas por De las Heras y que el tiempo las ha convertido en verdaderos iconos de la cultura pirenaica, han sido difundidas en numerosas ocasiones sin citar a su autor y, lo que es más grave, atribuyéndolas a otros fotógrafos e incluso a archivos personales.

La universal foto de Fermín Arrudi, "el gigante de Sallent", el desfile tenebroso de las endemoniadas en la procesión de Santa Orosia de Jaca, el tañedor del salterio que ilustra la portada del libro, o la imagen de Alfonso XIII y el presidente de la República Francesa el día de la inauguración de Canfranc fueron captadas por la cámara de De las Heras. Para muchos esta simple revelación tiene la categoría de un hallazgo.
Nómada del Pirineo
P
ero no quiso limitarse a ser un fotógrafo de pueblo. Siempre con su cámara colgada, así lo recuerdan todavía en Jaca, se convirtió en un nómada del Pirineo y fotografió todo lo bello e interesante que había a su alrededor. Siguió prácticamente a diario las obras del Canfranc, mostró el patético deterioro de San Juan de la Peña como un grito de denuncia, retuvo los valles de Echo y Ansó con sus gentes ataviadas todavía con el traje típico y plasmó la revolución industrial que forzó el nacimiento de Sabiñánigo.
Fue además amigo de Santiago Ramón y Cajal, al que retrató en su estudio de la calle Mayor, y trabajó con el pintor Joaquín Sorolla. En el verano de 1912 acompañó al artista valenciano al valle navarro del Roncal para fotografiar a tipos del país. Sorolla estaba trabajando en una monumental obra encargada por la Hispanic Society de Nueva York bajo el título "Las regiones de España", y la labor del fotógrafo jaqués era la de retratar con su cámara a los personajes que elegía Sorolla. Luego éste utilizaba las fotos en su estudio de Madrid para pintar los inmensos murales.
Cincuenta años después de su desaparición, la figura de De las Heras comienza a adquirir su verdadera dimensión. Sin las veleidades artísticas y estéticas de otros fotógrafos de su tiempo, su obra debe ser valorada como un documento irrepetible de una época que ya no existe. Muchos de los paisajes que inmortalizó su cámara son irrecuperables y la sociedad que retrató parte de un patrimonio cultural que se conserva en la memoria colectiva del Pirineo a duras penas. Las fotos del balneario de Tiermas, anegado por las aguas de Yesa en 1959, son el ejemplo más triste. Hoy mantienen el negocio en la calle Mayor de Jaca sus nietos bajo la firma Peñarroya.

Exposición Lasheras. "De las Heras. Una mirada al Pirineo"