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Los
mallos de Riglos siempre han tenido una atracción especial.
Rojos, inmensos y fuertes, se levantan como gigantescos cigarros
de arena húmeda que un niño ha hecho en la orilla de la playa.
Se han fotografiado, descrito, pintado y escalado.
Pero
la piedra que los compone también sirve para plasmar su onírica
imagen en la losa que decora el patio interior del refugio
Chancábez, en Murillo de Gállego. Una piedra que, según su
autor y uno de los dos propietarios del albergue, Fernando
Torralba, "habla y te indica con sus formas, sus colores
y sus fisuras, por dónde se puede tallar".
Texto
y fotos: Ainhoa Camino
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Fernando
es un joven cantero de 36 años que nació en Zaragoza, vive en Ayerbe
y trabaja en Murillo. Pero su corazón está en el pueblo que blanco
y desafiante se aposenta a los pies de los Mallos. "Mis padres
son de Riglos, de casa Tornero, y para mí, los Mallos siempre han
sido esa imagen que tenía que tallar".
Los primeros
intentos fueron simples bocetos sobre cualquier piedra. Estuvo mucho
tiempo pensando cómo hacerlo, cómo reproducirlos y cómo darles esa
vida propia que poseen. Al final lo consiguió, pero por poco tiempo.
Ya no está conforme. Ahora su mente está trabajando en la reproducción
tridimensional de los gigantes de Riglos.
Los inicios de Fernando como cantero se remontan al año 91. En
su familia nadie se había dedicado a tallar la piedra y a él le sorprendió
la idea de realizar un curso sobre cantería. Hace nueve años se
apuntó a la escuela taller Joaquín Costa, del ayuntamiento de Huesca.
Bajo el cincel del maestro Pedro Ania, cantero de Calatorau, empezó
a sumergirse en el duro trabajo de la piedra. Ahora, tras haber
recogido la tradición que el maestro le expuso, busca nuevas maneras
de ganarse la vida a cambio de piedra tallada. |
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"El
problema de este trabajo es que requiere mucho tiempo de dedicación.
No se puede abandonar la práctica por un largo periodo de tiempo.
Se pierde habilidad en la muñeca y cuesta mucho volver a coger la
misma velocidad que se había alcanzado", señala Fernando.
Para llegar a ser un auténtico maestro cantero son necesarios años
de experiencia y estudio. "Auténticos maestros de cantería
quedan muy pocos. Hace cinco siglos, los hombres reconocían a simple
vista una piedra buena y cuál era el mejor modo de trabajarla. Pero
seguramente no sabían nada más del mundo que no fuera roca y herramientas.
Hoy hay que compaginar las dos cosas"
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El
trabajo de cantero es bastante desconocido. "No se trata sólo
de picar la piedra para darle una u otra forma. Es más polifacético".
Elaboración de escudos y cruceros, rehabilitación de columnas, fachadas
y paredes, construcción de fuentes, bancos y esculturas, creación
de objetos decorativos, tallar números o carteles para las entradas
de las casas, reconstrucción de escaleras y calzadas
"
Una gran variedad de trabajos que requieren mucho tiempo y no siempre
están bien valorados a los ojos del cliente".
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La
piedra que talla Fernando la obtiene casi siempre de una cantera
cercana al puente de Murillo. "Normalmente la pido cortada,
o sea, en bloques, o serrada, con forma plana, para la elaboración
de escudos y otras obras en forma de losa". Pero su inquietud
y el afán por mejorase le han llevado a utilizar material reciclado,
como las piedras de las casetas del tren abandonadas.
"Cuando tengo un boceto en la cabeza
y tengo que plasmarlo, a veces lo dibujo, pero otras comienzo a
tallar directamente". Aunque, para inspirarse necesita
tener delante la imagen que va a reproducir en la losa.
El
cantero de casa Tornero dice que un buen profesional se pasa el
día pensando en mejorar su método de trabajo. "Cómo
darle mayor profundidad a una figura, cómo reproducir los dibujos
amorfos del románico, cómo dejar la columna como en el siglo XVI.
Son horas que inviertes perfeccionándote. Un cantero está las 24
horas del día pensando en la piedra. Por eso yo soy un caso peculiar.
Trabajo la piedra, pero también soy hotelero y no dedico todo el
tiempo que quisiera a tallar". Sin embargo, su obra
se extiende por muchas poblaciones del "prepirineo
oscense occidental", como él dice. Loarre, Riglos, Murillo,
Loreto, Ayerbe, Huesca capital, Cillas
Creaciones
que reflejan una personalidad inquieta, mezcla de tradición y modernidad,
en las que a los diseños más vanguardistas les aplica técnicas de
toda la vida, con herramientas que casi se han dejado de utilizar,
y enseñanzas antiguas: "La piedra tiene
vida propia. Colores, formas, sonidos, que sólo un maestro, y yo
no lo soy, sabe interpretar echándole un breve vistazo".
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Alma
de artista
manos de artesano
El
trabajo de Fernando Torralba es ecléctico. El cantero de Calatorau,
Pedro Ania, le transmitió los conocimientos necesarios para darle
a la piedra un aspecto elegante y original, que exige el uso de
herramientas antiguas y manuales, en lugar de la realización industrial.
En la mesa de su taller, como en la de todo buen artesano, se
encuentra el tallante, una de las herramientas más antiguas, propia
del románico, con forma de hacha de dos filos.
"Se utiliza para dar la última labra a la piedra. Son trazos
alargados y limpios, que hay que emplear en muchas rehabilitaciones
de casa antiguas", señala Torralba.
También están el escarfilador, para seccionar las piedras, el
cincel, que da forma a las esquinas, y el puntero para labrar
los recovecos internos. Además, trabaja con el piquero para puntear
la piedra en vasto. "El dibujo resulta más dilatado y ancho
que con el tallante", aclara el cantero. Y, finalmente, la
almádena, que la utiliza para desdoblar las piedras y abrirlas
en dos.
Pero Fernando tiene un carácter bohemio. Vive en un piso del antiguo
palacio de los marqueses de Urríes en Ayerbe, aparentemente inhabitable
desde fuera. Es un artista que busca rentabilizar sus trabajos
con la heráldica y crear nuevas salidas a un oficio anclado en
la tradición. "Hay que buscar salidas creativas si se quiere
vivir de esto", señala. Y por eso, su mente trabaja
para encontrar nuevas ideas en piedra. "Quiero hacer una
reproducción del castillo de Loarre, pensé en hacer una seta gigante
para adornar la ladera de un monte, que hubiera entrado en el
libro "Guinness", e incluso se me ocurrió tallar la
marca "Nike" en piedra y presentarla en la fábrica,
para que la utilizaran en algún anuncio o campaña publicitaria".
Un complejo mundo que parte de la tradición para caminar hacia
la innovación artística.
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Sacar
la cara original
El
albergue Chancábez es un caserón del siglo XV. Según cuenta Fernando,
antes perteneció a la iglesia, pero tras unos años abandonado pasó
a convertirse en un refugio. Hace tres años, Fernando y un amigo
decidier on darle su aspecto original y convertirse en sus dueños.
La reconstrucción les llevó dos meses y medio. Poco tiempo, si tenemos
en cuenta que las tareas que realizaron fueron sacar la pared original,
labrar las columnas como en el siglo XV, limpiar el suelo y reconstruir
las escaleras y los detalles que antes estaban bajo la pintura blanca
que cubría los tres pisos del edifico. "No entiendo por qué
mucha gente tapa la piedra, se estropea, pierde carácter y autenticidad".
El patio interior fue el que más trabajo necesitó. "Las columnas
son vigas maestras. Todo el peso de la casa recae sobre ellas. Tuvimos
que sacarlas desde el patio hasta el tercer piso y la última parte
fue bastante complicada, porque tienen forma de cono y van reduciendo
el tamaño, adentrándose en la pared". Además, existen dos dibujos
diferentes en los pilares de la casa. "Por un lado está el
tallante, que también se podía observar en el arco de entrada y
en la fachada y casi toda la pared, y por otro lado el piquero,
que también es manual, pero más vasto". Pero la casa les deparaba
una sorpresa, que algunos que desconocen su origen, atribuyen a
las manos de Fernando. "En el arco apareció una inscripción
hebrea. Algunos piensan que es mi firma, porque la ha dejado al
descubierto. Pero es para que los arqueólogos hagan la cata y determinen
la fecha exacta de la inscripción y parte de los elementos con los
que está construido". Uno de estos elementos es la argamasa
almacenada durante cuarenta años. Según el cantero es el mejor material
para unir las juntas de las piedras. "El actual cemento daña
la roca, pero sería estúpido crear una empresa que se dedicara a
almacenar la argamasa para venderla dentro de 40 años. Seguro que
la ciencia sacará algún elemento que acelere este proceso".
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