INICIO
ACTUALIDAD
AGENDA
METEO
CULTURA
TURISMO
ALOJAMIENTOS

Última actualización 4 Diciembre, 2007 11:59 h.

REPORTAJE

Nueva infraestructura de investigación en Jaca:
El Instituto “bioclimático” de Ecología

Texto y fotos: Ainhoa Camino

A mediados de noviembre el ayuntamiento de Jaca concedió la licencia de obra para iniciar los trabajos de construcción del nuevo Instituto Pirenaico de Ecología (IPE) de la localidad. El centro, que se trasladará al Llano de la Victoria, será un moderno edificio, construido y diseñado con criterios bioclimáticos, que cubrirá las amplias y variadas necesidades de los científicos que en él trabajan.

Maqueta
Maqueta del nuevo Instituto Pirenaico de Ecología

Era un secreto a voces. La sede del Instituto Pirenaico de Ecología (IPE) de Jaca ya no respondía a las necesidades que los científicos del centro requerían para poder llevar a cabo su trabajo de una manera cómoda y eficiente. El ala norte de un inmueble que también acoge las instalaciones del Instituto de Educación Secundaria Domingo Miral se había quedado pequeña y anticuada, hipotecando el futuro del propio IPE en Jaca, ya que en su día se había planteado incluso su traslado a la capital zaragozana, donde tiene la sede principal. Tras varios años de incertidumbre y negociaciones, entre el Ayuntamiento de Jaca y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), al que pertenece el IPE, la cuestión se despejó. El consistorio cedió una parcela de más de 7.000 metros cuadrados y el CSIC se comprometió a mantener en la ciudad el instituto pirenaico. A partir de aquel momento comenzaba una ardua tarea: “Teníamos claro que el nuevo instituto tenía que estar dimensionado para el futuro, con espacio suficiente para acoger y acomodar todas las exposiciones y fondos del centro, y atendiendo a una serie de necesidades constructivas que, desde nuestro punto de vista, son más que obligatorias teniendo en cuenta el tiempo en el que vivimos y la finalidad de nuestro trabajo, el análisis de la naturaleza y el medio que nos rodea”, comenta el director del centro jaqués, Daniel Gómez.

Necesidades que hacen referencia a la aplicación de conceptos de bioconstrucción para lograr un doble objetivo: “Que el inmueble tenga la mayor adaptación posible al ambiente y el espacio en el que se va a edificar y que sea de máxima eficiencia ecológica en su gestión”, señala Gómez. Una tarea en la que el arquitecto del proyecto, Ramón Fañanás, ha tenido que emplearse a fondo y que ha supuesto que el proyecto se incremente en un 25% sobre el coste inicialmente previsto, debido a la especificidad de los materiales y elementos que se emplearán para su construcción. Recordaremos que el futuro instituto pirenaico estará constitutido por cinco naves conectadas, de las que tres se dedicarán al área científicia o de investigación. Esta quedará compuesta por la biblioteca, el herbario y resto de colecciones que actualmente no pueden ser expuestas en el centro, y los laboratorios. Cada sección se ubicará en una nave. El módulo central albergará una sala para reuniones o conferencias, y la última, en el piso inferior acogerá las dependencias de administración y en el superior, seis despachos. La entrada se hará por la cara sur, que tendrá grandes ventanales con acumuladores o captadores sdolares, y en la sección norte se ubicará el aparcamiento.

Peculiaridad invisible

Exteriormente, poco indicará que el nuevo IPE es un edificio singular. Sólo las cubiertas señalarán algo. Las de la sección técnica, administración y despachos, serán planas y estarán recubiertas por una capa vegetal. Las tres de los módulos dedicadas a las tareas de investigación tendrán instaladas placas solares y fotovoltaicas. El resto de elementos o sistemas peculiares son invisibles.

Ramón Fañanas explica que “un edifico bioclimático es aquel que está totalmente adaptado al medio en el que se encuentra, tanto en concepto arquitectónico, como en sus consumos”. Este último capítulo es el más complejo ya que como señala Fañanás, “hay que tener en cuenta una gran variedad de factores, tanto a la hora de proyectar el inmueble como a la hora de su edificación y equipamiento”. Como ejemplo, el arquitecto barbastrense señala que hay que tener en cuenta “las orientaciones, las sombras, los vientos, las lluvias, o las temperaturas para elegir materiales o proponer sistemas de ventilación; para su construcción hay que emplear materias de bajo consumo o productos con sello medioambiental, a la vez que en la obra hay que reducir los residuos y evitar la contaminación tanto en la parcela como en el entorno”.

Maqueta del nuevo Instituto Pirenaico de Ecología
Maqueta del nuevo Instituto Pirenaico de Ecología

Ramón Fañanás explica cómo tiene que ser el edificio del IPE: “Un inmueble con confort térmico, acústico y visual, además de confort y calidad del aire y con sistemas de eficiencia energética y de gestión del agua”. Cada uno de estos “objetivos a cumplir” requiere que se lleven a cabo una serie de medidas concretas para que efectivamente se cumplan: “Estudiar la ventilación natural, evitar la contaminación del aire exterior, aprovechar el sol en invierno, evitar reflejos o recuperar el agua de lluvia”, comenta el arquitecto.

Todo ello se traduce en la instalación, entre otros y sin entrar en detalle, de suelos radiales y sistemas de calefeacción por agua, cristales acumuladores o captadores solares, luminarias de bajo consumo, placas solares y fotovoltaicas, sistema de recogida de lluvias o de ventilación interna mediante circulaciones de aire. Todo ello hace, según señaló el director del Instituto Pirenaico de Ecología, Francisco Comín, que el futuro centro sea, “moderno, dinámico, singular y funcional”.

 

La importancia del clima

Ramón Fañanás comenta que “uno de los factores que más peso tiene a la hora de evaluar el impacto medio ambiental de este edificio es el consumo de energía que va a tener, una vez esté en uso”. Hay que tener en cuenta que una parte muy importante de ese consumo se deberá a la climatización de las estancias y para que las condiciones de esos espacios sean lo más confortables posible, como indica Fañanás, “hay que tener en cuenta las características del clima exterior”.

El Instituto Pirenaico de Ecología facilitó al arquitecto un estudio sobre el clima jaqués. Según recoge el informe, Jaca, “tiene un régimen pluviométrico muy irregular, con una precipitación media anual que alcanza los 824 litros por metros cuadrado, con un máximo en mayo y un mínimo en julio, aunque son los tres últimos meses del año los que aportan la mayor cantidad de agua”. Sobre la temperatura, se indica que, “la media anual es de 11,4 ºC, siendo el mes de agosto el más cálido y el más frío, enero”. En valores absolutos, la máxima se registró el 27 de agosto de 1991, 40, 2ºC, y la mínima, el 7 de enero de 1985, -16ºC. Además, el informe reconoce que “desde 1980 se observa un continuo ascenso de las temperaturas, sobre todo en el periodo de 1988 a 1993”.

Estos datos, más el soleamiento, el viento y la luz, se han tenido en cuenta para, “concebir el edificio, determinar las pérdidas térmicas y necesidades de refrigeración, comparar los consumos de energía entre periodos, controlar su evolución y determinar las posibilidades y los niveles de iluminación natural”. Pero, como apunta Fañanás, “el sol, la temperatura, o el viento, varían en función de la estación en la que nos encontramos y para definir, sobre todo, los sitemas de ventilación y calefacción, iluminación o vidrios, hemos tenido que definir muy bien el impacto de esos elementos en el edificio”.

 

Algunos equipamientos

Tabla

Captadores solares (cristales acumuladores)
La captación térmica por energía solar es el procedimiento de transformación de la energía radiante del sol en calor o energía térmica. Al colocar un cristal entre la placa absorbedora y el sol ocurre que, como el cristal es transparente a la radiación solar pero es opaco a la radiación infrarroja reflejada, no deja pasar la radiación de mayor longitud de onda que emite la placa al calentarse.
De esta forma, se produce lo que denominan “trampa energética”, que impide que la energía radiante que ha atravesado el vidrio vuelva a salir, creando un efecto invernadero. El vidrio además evita el contacto directo de la placa con el aire ambiente con lo que, además se evitarán las pérdidas por convección.
Cada captador (ver gráfico) tiene en el interior de la placa unos tubos con fluido. Cuando el sol calienta la superficie del panel, ésta, a su vez, calienta el fluido que se encuentra circulando por las tuberías del captador. El fluido caliente llega a través del circuito cerrado de la instalación solar a un intercambiador de calor para su posterior aprovechamiento.
En invierno (dibujo superior), al tener el sol un grado de inclinación mayor que en verano (inferior), la acumulación de energía solar (amarillo), bien con los captadores bien con las placas, es mayor y permite su uso para calentar los distintos módulos del IPE (en rojo, la distribución del calor). En verano por su parte, se emplearán las pantallas naturales (vegetación-arboles) y las brisas estivales, para refrescar el ambiente y hacer circular el aire fresco (azul) por las estancias que más lo requieran.
Alumbrado
Los sistemas de iluminación del futuro IPE están basados en el concepto de “alumbrado dinámico” y “eficiencia energética”. Por ello las luminarias escogidas llevan fluorescentes TL5, que tienen una excepcional eficiencia energética y comportamiento medioambiental.
Fañanás indica que “consumen hasta un 40% menos de energía que los sistemas estándar”. Por otro lado, con el “alumbrado dinámico” se busca aumentar el bienestar, la motivación y el rendimiento de los usuarios. La iluminación ambiente de una sala se puede modificar en intensidad y en temperatura de color, según van cambiando los niveles de luz exterior a lo largo del día. Así, “se garantiza un sustancial ahorro energético y el máximo confort para los ocupantes”.
Suelo radiante
El suelo radiante es un sistema de distribución de calor. Una de las formas de realización es mediante la instalación en el solado de tubos de polietileno reticulado por los que circula agua caliente. Los tubos se colocan entre 3 y 5 centímetros, por debajo de la superficie, con una separación entre ellos de 10 a 30 centímetros. Haciendo circular por los tubos de polietileno agua entre 35 y 45 ºC, el suelo se mantiene entre 20 y 28 ºC y el ambiente, entre 18 y 22 ºC.
El grado de confort que se consigue con este tipo de calor es ideal, se calienta el agua a 40 ºC para mantener las estancias a 20. Con los sistemas tradicionales, el agua se calienta a 70 u 80 ºC para mantener las estancias a 20. “Es obvio que los saltos térmicos son mucho más altos y las pérdidas de calor también son mayores”, señala Fañanas. Además, el calor del suelo radiante es uniforme y con una diferencia entre el punto más caliente y el más frío, inferior a 5 grados, lo que supone, “un grado óptimo de confort humano”, señala Fañanás.

 

© Pirineodigital.com - PROHIBIDA SU REPRODUCCIÓN TOTAL O PARCIAL - Contacto - Cómo insertar publicidad
© Pirineum multimedia, S.L. - C/ Del Carmen, 4 1º-izq. 22700 Jaca (España) -
NIF: B-22196786 · Tel./Fax. 974 355 386 · info@pirineum.es