Los roncaleses se vuelcan con ansotanos y chesos el “Día de la Almadía”
La XVI edición del Día de la Almadía, que los roncaleses celebraron el pasado 29 de abril en Burgui, fue un completo homenaje a los antiguos almadieros de los valles de Ansó y Hecho. Asociaciones almadieras de la cordillera pirenaica, vecinos voluntarios y diversos colaboradores de las distintas agrupaciones participaron en un sentido acto que también sirvió para reconocer la labor de apoyo y difusión de los hermanos Caro Baroja, Luis y Pío. Los homenajes reunieron a unas 500 personas.
El Día de la Almadía es una fiesta que surgió a partir de la exhibición de este oficio para el pabellón de Navarra con motivo de la Expo de Sevilla. Desde entonces, la Asociación de Almadieros de Burgui ha conseguido consolidar esta celebración, Fiesta de Interés Turístico Nacional desde el año 2006, a la que acuden entre 6.000 y 9.000 personas y con la que se quiere homenajear a unas gentes que, “vivieron de su entorno y aprovecharon los recursos naturales con agudeza e ingenio para desarrollarse y prosperar, o simplemente subsistir”, indican desde el ayuntamiento de Hecho, uno de los galardonados este año.
Así, junto a Hecho y Ansó, pioneros en el oficio almadiero ya en el siglo XIV, se reconoció la labor de los hermanos Caro Baroja, Luis (a título póstumo) y Pío, que recorrió el último tramo del río Esca sobre la nabata. La mayor parte del público se concentró en Burgui, para contemplar el salto de la presa del molino. En la segunda de las tres almadías, cuando los troncos chocaron contra el agua, uno de los remeros perdió el remo, recuperándolo enseguida y maniobrando rápidamente para evitar el choque contra las rocas, lo que permitió contemplar la habilidad de los almadieros y la peligrosidad del oficio.
La ceremonia de homenaje tuvo lugar durante la sobremesa de la comida en el frontón de Burgui, donde se reunieron 500 personas entre homenajeados, colaboradores e invitados de asociaciones almadieras, dando por concluido un completo fin de semana dedicado a la almadía y que es posible gracias a la participación de unos 70 vecinos-voluntarios.
Tradición chesa
Documentos antiguos rezan que nabateros chesos, siresanos, ansotanos, y de Aragüés, Jasa y Urdués surcaban las aguas del Aragón, muchas veces hasta Tortosa. En el pago de cánones de derecho de paso por el Reino de Navarra se refleja la actividad que existió en torno al comercio de la madera y da cuenta de los privilegios de los chesos, que fueron eximidos del pago de los peajes cuando Navarra se anexionó a Castilla. El privilegio fue ratificado por Carlos II en 1680, lo que supuso que los chesos pudieran controlar el tráfico almadiero durante dos siglos más.
Según esos documentos, fue en el siglo XVII cuando se empieza a bajar madera por el Esca y posteriormente aparece el primer almadiero róncales documentado. Fueron años de pugna y de control, pero también en los que se supo unir valles para defenderse de los abusos de los cánones. Algunos almadieros chesos se afincaron en el valle navarro y aún hoy pueden verse casa “El Cheso” o casa “Marraco” –apellido muy extendido en el municipio cheso-. Estos, y los ansotanos, abandonaron el oficio en el siglo XIX.
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