© Pirineum multimedi@, 9 Noviembre, 2006 11:16 AM
Última modificación : < < < < < < < < < Noviembre 9, 2006 11:16 -->

 

El castillo de Canfranc Pueblo da la cara

Ainhoa Camino. Canfranc/Jaca
Los vecinos de Canfranc Pueblo supieron hace 5 años que en su pequeño casco urbano había un castillo. Las primeras investigaciones ubicaron los restos de la fortaleza en la zona norte de la localidad, junto al actual trazado de la carretera N-330 que va a Francia, tras una tupida mata de hiedra. Algunos canfranqueses no se mostraban muy convencidos de que fuera a haber algo en el lugar señalado. Ahora, tras un mes y medio de duro, complicado y exigente trabajo de desbroce, excavación y consolidación no queda ninguna duda. El Castillo de Canfranc Pueblo existe y, para sorpresa de arqueólogos e historiadores, conserva toda la planta del Torreón Norte.

La actuación, con un presupuesto de 80.000 euros, comenzó a mediados de septiembre y ha finalizado esta semana, tras haber sacado a la luz los torreones norte y sur y la sección norte de la muralla que los une.

De hecho, el desbroce del torreón norte ha requerido la utilización de una gran grúa, ya “la hiedra y el agua han provocado muchos desprendimientos y deslizamientos de los sillares, y se podía caer en su totalidad”, señala Ona. Así, “retirando la máxima hiedra posible y trasladando las piedras de una en una”, apunta el arqueólogo, se ha sacado a la luz los dos torreones, la sección norte de la muralla-cisterna de unión de estos elementos e, incluso, “una infravivienda de principios del XX, de una viuda, que estaba en el acceso al Castillo”, comenta José Luis Ona. Para la próxima campaña, “habría que consolidar la muralla central”.

La campaña de excavación y consolidación de esta fortaleza de origen medieval y reformada entre los siglos XVI y XVII, entre otros por Tiburcio Spannocchi, ha sido promovida por el Gobierno de Aragón y ejecutadas por Sargantana, bajo la dirección del equipo de arqueólogos formado por José Luis Ona, Gorka Leorza y Mariví Pastor, el arquitecto Javier Borobio, y el arquitecto técnico, Javier Sánchez-Cruzat. La actuación, con un presupuesto de 80.000 euros, comenzó a mediados de septiembre y ha finalizado esta semana, tras haber sacado a la luz los torreones norte y sur y la sección norte de la muralla que los une.

José Luis Ona indica que “lo más complicado ha sido poder trabajar aquí, por un lado, la hiedra cubría prácticamente todos los restos, metiéndose hasta entre las piedras, y por otro, porque es un castillo roquero, que se encuentra sobre un muro de rocas y por encima del casco urbano, lo que ha dificultado enormemente los accesos y los trabajos y ha hecho que las tareas avancen con mucha lentitud”. Es más, esa altura ha obligado a contratar a un especialista en trabajos en altura –Pedro Caballero- que según comenta el arqueólogo, “ha tenido que aplicar técnicas alpinas”.

De hecho, el desbroce del torreón norte ha requerido la utilización de una gran grúa, ya “la hiedra y el agua han provocado muchos desprendimientos y deslizamientos de los sillares, y se podía caer en su totalidad”, señala Ona. Así, “retirando la máxima hiedra posible y trasladando las piedras de una en una”, apunta el arqueólogo, se ha sacado a la luz los dos torreones, la sección norte de la muralla-cisterna de unión de estos elementos e, incluso, “una infravivienda de principios del XX, de una viuda, que estaba en el acceso al Castillo”, comenta José Luis Ona. Para la próxima campaña, “habría que consolidar la muralla central”.

Pero lo más sorprendente ha sido la aparición de numerosas láminas de botones. La arqueóloga Mariví Pastor lo explica: “Las costillas de animales se empleaban para hacer botones, mediante un troquel; aquí lo que hemos encontrado es multitud de esas costillas, unos con sus agujeros y otros con el molde del botón aún por separar”. La gran cantidad hallada hace pensar que alguien se dedicaba a esta ocupación, pero serán las investigaciones las que lo desvelen.

RESTOS

En cuanto a hallazgos, el equipo de arqueólogos ha encontrado numerosos restos que abarcan desde la época medieval hasta 1927, fecha en que la variante a Francia seccionó la fortaleza en dos. Se han encontrado restos de cerámicas anteriores al siglo XVI, “que son del periodo previo a su construcción”, apunta el arqueólogo; de finales de XVI, “datan de las reformas”; y de finales del XIX y principio del XX. “Estos se deben a que en el interior del castillo hubo dos viviendas, Casa Burrión y Casa Pajarico, y ellos tenían sus propias herramientas, como una pala de finales de XIX que hemos encontrado”.

Pero lo más sorprendente ha sido la aparición de numerosas láminas de botones. La arqueóloga Mariví Pastor lo explica: “Las costillas de animales se empleaban para hacer botones, mediante un troquel; aquí lo que hemos encontrado es multitud de esas costillas, unos con sus agujeros y otros con el molde del botón aún por separar”. La gran cantidad hallada hace pensar que alguien se dedicaba a esta ocupación, pero serán las investigaciones las que lo desvelen.

 

© Pirineum multimedia. PROHIBIDA SU REPRODUCCIÓN TOTAL O PARCIAL

 

 
 
 
© Pirineum multimedia- 2006
C/ Del Carmen, 4, 1º izda. 22700 Jaca
Tel./Fax. 974 355 386 e-mail