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Un campo de trabajo habilita el primer refugio del Camino de Santiago
Ainhoa Camino. Canfranc/Jaca
Un campo de trabajo, promovido por el Instituto Aragonés de Juventud (IAJ) del Gobierno de Aragón y gestionado por Sargantana, ha habilitado, a iniciativa propia, el primer refugio del Camino de Santiago aragonés. El habitáculo es un antiguo búnker, perteneciente a la Línea P, que se encuentra entre Canfranc y Villanúa, y servirá para descansar, dormir o refugiarse de la lluvia, la nieve o el viento.
La actuación se plantea como algo simbólico. “Un ejemplo de cómo se puede ir mejorando el Camino de Santiago aragonés, dotándolo de este tipo de infraestructuras, que son muy útiles y que ya existen en la ruta”, comenta el arqueólogo e historiador, José Luis Ona, director técnico del campo de trabajo que ha llevado a cabo la actuación. Pero además, la recuperación de este búnker también es, “un recuperación del patrimonio civil, popular o militar que está en el entorno del Camino, además de una llamada de atención sobre el conjunto de fortificaciones de mediados del siglo XX que se encuentran difuminadas por la cordillera pirenaica y se conocen como la Línea P”, apunta Ona.
Ésta es la quinta vez que, promovido por el IAJ y gestionado por Sargantana, se efectúa un campo de trabajo en el Camino de Santiago, entre Canfranc y Villanúa. Sin embargo, hasta la fecha, las actuaciones en el trazado se habían centrado, única y exclusivamente, en recuperar el aspecto original de esta ruta, sacando a la luz algunos tramos ocultos y consolidando y limpiando otros. Por ello, tanto los 20 chicos, de edades comprendidas entre los 18 y 27 años, mitad españoles, mitad extranjeros, como el director técnico del campo se sienten orgullosos de está actuación, que además ha sido propuesta por el equipo técnico del campo.
El refugio se encuentra documentado en el libro de José Manuel Clúa, “La Línea P en Aragón” (Ed. Katia), ubicada en término municipal de Villanúa, junto a un túnel de la N-330, antes de rebasarlo, descendiendo de Canfranc. Se trata de un antiguo asentamiento para cañón de infantería, que presenta dos estancias de hormigón armado, construida dentro de una cueva artificial. “Una estaba destinada a la munición, con 7 metros de largo y 2, de ancho; y la otra, al descanso de los soldados, de menor tamaño”, explica Ona.
Sin embargo, la actuación ha requerido un escaso trabajo. “Hemos habilitado un pequeño sendero desde el camino hasta el refugio y hemos señalizado el búnker, conservando algún ejemplar de flora autóctono, hemos consolidado el muro que semicerraba la entrada y hemos limpiado el interior”, explica el arqueólogo. Labores que han requerido tres jornadas de trabajo de cinco personas.
Pero además, el campo de trabajo, que ha funcionado entre 1 y el 20 de agosto, ha continuado recuperando el aspecto original de un tramo más del Camino de Santiago, entre Canfranc y Villanúa. Este año, los trabajos se han centrado en el trazado contiguo al Puente Bajo de Canfranc, en dos tramos distintos. Los 150 metros más cercanos al puente y un tramo de 600 metros, afectado por una glera.
El historiador explica que “se ha recuperado, levantado y reforzado el muro de contención del Camino, para lo que hemos necesitado la colaboración especial de un experto en construcción en piedra seca, José Sánchez Trullén, y se ha limpiado y adecuado el itinerario, recuperando, en algún tramo, hasta 1 metro de camino que estaba oculto e inutilizado, y se han conservando ejemplares de flora autóctona, como un pie de Olmo de Montaña”.
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