El laboratorio de recuperación de la Roya Pirenaica
La finca “Esporret”, en Bailo, inició hace 35 años la recuperación de esta raza autóctona, con 18 vacas y un macho. Hoy la cabaña ganadera de Aragón es de 1.200 cabezas.
Ainhoa Camino. Bailo/Jaca
La finca de Esporret es el laboratorio de recuperación de la raza de vacuno Roya Pirenaica. En el año 67, en este paraje, cara sur de la sierra de San Juan de la Peña, comenzó la recuperación de esta raza autóctona, empleando un mancho, traído de Navarra, y 18 hembras. Actualmente, existen 1.200 cabezas de Roya Pirenaica, repartidas por más de 40 explotaciones de todo Aragón, aunque principalmente en Huesca y Teruel.
A lo largo de estos 35 años, el trabajo del doctor en Biología, Enrique Balcells, propietario de la finca de1.168 hectáreas, y del técnico ganadero, Alberto Valdelvira, gestor de la misma, se ha reconocido con distintos premios y galardones. El más reciente el premio Morfológico Nacional a la Mejor Novilla, de hace 2 años. Actualmente, Esporret tiene una cabaña de unas 130 reses adultas y 30 de reposición, que se crían en una finca modélica, en cuanto a disposición y organización. Los resultados saltan a la vista, tanto del ganado como del medio natural en el que habitan. Como ejemplo, cabe destacar que el índice de nacimientos es del 75%, sobre el total de vacas en edad de criar. La media, ronda el 60 ó 70%
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“Pirinera”, la marca comercial del Pirineo
La carne de las reses de Esporret se comercializa por medio de la Sociedad Cooperativa Santa Orosia, de la que la finca es miembro, que, a su vez, emplea la marca “Pirinera” para distribuir y comercializar su ternera pirenaica. Esa es, precisamente y como indica el veterinario de la sociedad, Ignacio Torre, “la distinción de "Pirinera", lo que ofrecemos son terneros de origen pirenaico y criados, con materias autóctonas, en explotaciones de aquí”.
"Pirinera" lo forman, además de la sociedad Santa Orosia, implantada, principal pero no únicamente, en La Jacetania y Alto Gállego, las cooperativas del Valle de Benasque y la Agropecuaria del Sobrarbe. En total son 150 socios y unos 1.400 terneros, de los que la mitad completan su proceso de crecimiento en los cebaderos de las respectivas cooperativas. En el caso de Santa Orosia, éstos se encuentran en Berdún, Loarre, Caldearenas y Huesca.
Por lo general, y como explica Torre, “los animales entran en los cebaderos con 6 ó 7 meses de vida, después de haber permanecido con su madre, alimentándose de leche, forraje y hierba; hasta la edad de sacrificio, antes de los 15 los terneros y antes de los 12, las terneras, permanecen aquí, alimentándose con piensos, elaborados por la cooperativa Santa Orosia”. El resultado, 300.000 kilos de carne y 1 millón de euros anuales, que se obtiene de la comercialización de la carne de estos terneros, a través de la marca "Pirinera", centrada en el área metropolitana de Zaragoza, y también de la marca “Natur” del Grupo Eroski. |
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Su trabajo comenzó en el bienio 1967-68. “Trajimos un macho de la comunidad navarra, porque en Aragón, por ley, habían sido castrados”, recuerda Alberto Valdelvira. Así, con 18 hembras y el macho comenzaron a recuperar una especie que según el técnico de Esporret, “tienen un organismo interno que es capaz de transformar los pastos bastos que se dan en las tierras medias pirenaicas y prepirenaicas en productos nobles, como la leche y la carne, de excelente calidad y competitiva en kilos”.
Alberto Valdelvira recuerda que cuando comenzaron con la recuperación de la Roya Pirenaica, “en el ámbito nacional no estaba en peligro de extinción, pero autonómicamente hablando, sí; sólo se habían conservado en Navarra, donde se mantenían la gestión en materia de Ganadería, ya que en el resto del país, la política autárquica había impulsado a que el ministerio de Agricultura, durante la década de los 50 y 60, optara por una política de mejora de las razas, pero exóticas”. Así, se impulsaron planes de potenciación de determinadas razas, como la Alpina, y de eliminación de otras, entre ellas la pirenaica.
Sin embargo, el técnico ganadero señala que “las exóticas, al proceder de otras latitudes, son razas que no saben aprovechar los pastos bastos que aquí se producen”. Pastos que, además como destaca Valdelvira, “se generan solamente con la lluvia y el sol, no cuestan dinero, ni necesitan carburantes o abonos”. Por ello, el doctor Balcells y Valdervira iniciaron la recuperación de una raza que sí sabía aprovechar esos pastos ricos en celulosa, aplicando además un sistema extensivo y rotatorio.
En las 1.168 hectáreas, totalmente cercadas, para evitar que el ganado se mueva descontroladamente y evitar, así, que se infrautilicen los pastos, existen 12 balsas colinares, para recoger y almacenar el agua de lluvia, y tres grandes zonas de pastos. La mayor, está ubicada en la cara sur y acoge los pastos de invierno, con una extensión de 300 hectáreas. Las otros dos,tienen unas 250 hectáreas cada una. Además, existen 5 zonas más de pastizales, estos intensivos, con una extensión media de 50 hectáreas cada una, ubicados en el área central de la finca.
Esta distribución permite que el ganado vaya rotando, en función de las estaciones del año y de las necesidades del propio ganado, evitando la sobre carga al terreno. Así, las reses permanecen en los pastos altos, de principio de abril a principios de diciembre, mientras los novillos y vacas en avanzado estado de gestación, permanecen en las áreas intensivas, porque “es donde se encuentran los pastos más ricos y son los animales que tienen una mayor necesidad nutricional”, apunta Valdelvira.
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