© Pirineum multimedi@, 26 Abril, 2004 8:03 PM
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El catalán Artur Blasco obtiene el TRUCO 2004

El PIR ha querido premiar al investigador afincado en Arsèguel, creador de la Trobada de Acordeonistes del Pirineu, líder de El Pont d'Arcalís y autor del cancionero "A Peu pels camins del cançoner", por una vida dedicada a dignificar la cultura pirenaica.

El acordeón diatónico y la música tradicional catalana en general y pirenaica en particular no podrían entenderse hoy sin el trabajo que ha desarrollado Artur Blasco en la segunda mitad del siglo XX.
Este barcelonés nacido en 1933 ha recogido más de un millar de canciones en el Pirineo catalán después de casi cuarenta años entregados a la recuperación y la investigación del folklore popular. Galardonado en 2001 con la Creu de San Jordi a las Artes y Letras catalanas y elegido VIII Premio Nacional de Folklore en Segovia en 2000, Artur Blasco fue el creador de la Trobada de Acordeonistes del Pirineu junto a Gaspar Viladomat -un certamen que este año celebra su trigésima edición- y del Museo del Acordeón diatónico en Arseguel.
Blasco ha dedicado su vida a la búsqueda y recopilación del cancionero popular de las comarcas del Pirineo catalán. Pueblo a pueblo, casa por casa, el veterano investigador ha logrado recomponer pieza a pieza, el puzzle del folklore pirenaico de los siglos XIX y XX.

El ingente esfuerzo fue dado a conocer por primera vez con la edición de "Rosa Vermella, Rosa Galant", el primero de sus cancioneros, centrado en la tradición oral. Pero ese volumen se ha completado con una de las obras más ambiciosas del folflore mundial: "A peu pels camins del cançoner", que consta de siete volúmenes y del que hasta la fecha se han editado dos, el Volumen I "Les valls d'Àneu. Pallars Sobirà" y el Volumen II: "Cançons del Cadí, del Moixeró i del Pedraforca (Alt Urgell, Cerdanya i Berguedà. Recientemente, una revista cultural definía a Blasco como "un dinamizador de la vida del Pirineo". Su trabajo profesional, tanto en el ministerio como en el Departament de Agricultura, siempre estuvo ligado a las comarcas de montaña, a caballo entre las provincias de Lleida y Girona. Al margen de esa labor de investigación, Artur (con acento en la u) se ha encargado también de su divulgación a través de las distintas formaciones del folk catalán en las que ha tomado parte: Els Acordeonistes del Pirineu, la Pobletana o El Pont d'Arcalís, el grupo que formó con cuatro componentes de Primera Nota, y a través del cual ha dado a conocer su labor en estos últimos años. Los títulos de los albums editados por el Pont d'Arcalís no dejan lugar a dudas: "Balls i cançons del Pirineu", "Pirineus" y "De luna vella. Tonades i cançons dels Pirineus" sugieren y evocan el trabajo de toda una vida. Blasco siempre cuenta que la primera vez que vio un acordeón diatópico fue en Escandinavia, hacia 1960, cuando estaba enrolado en un bacaladero islandés que recorría las costas de Groenlandia.

Tardó cinco años en volver a ver el acordeón de botones, pero para su sorpresa, lo redescubrió en 1964 en las manos de Ricard Montaner "El Fiter", uno de los últimos acordeonistas viejos del Pirineo catalán. Blasco ha sido el gran eslabón entre el viejo y el nuevo folklore pirenaico. Sin él, hubiera sido imposible seguir la cadena. Pero no sólo el Pirineo catalán debe estarle agradecido. Muchas tierras fronterizas (Pirineo aragonés, Sur de Francia...) le agradecerán en el futuro el adelanto del trabajo. Como él dice, "en el Pirineo están los últimos herederos de la cultura tradicional". Acerca de su obsesión por el diatónico, Blasco suele recalcar que, al fin y al cabo "fue el primer instrumento con el que las parejas se agarraron para bailar".
Es la tercera edición del galardón, que fue creado en la edición de 2002, y que hasta la fecha había premiado al cineasta Montxo Armendáriz y a los músicos de la Ronda de Boltaña (2003).

El premio consiste en una esquila de ganado denominada Truco proveniente del taller artesanal de Nay, donde se fabrican desde hace ocho generaciones las esquilas que han vestido a los rebaños de todo el Pirineo central desde hace siglos. La esquila se completa con una cañabla de nogal tallada.

   
 
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