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Censo de Quebrantahuesos: La importancia de ser un buen observador

Ainhoa Camino. Jaca/ La Garcipollera

El pasado mes comenzó en toda la cordillera pirenaica, incluyendo la vertiente francesa, la campaña de censo de la población de Quebrantahuesos. Una actividad de control que se realiza a través de la observación sistemática, que permite conocer no sólo la población existente, de un modo aproximado, si no también la evolución que ésta ha tenido. La práctica de observación, que comenzó ha emplearse en 1994, parece sencilla, pero un error en el reconocimiento de la identificación de un ejemplar puede ser desastroso. Se quiere pericia, concentración y seguridad a la hora de indicar el individuo avistado.

El jefe del Servicio de Conservación de la Biodiversidad del Gobierno de Aragón, Jesús Insausti, explica cómo y donde se efectúan las observaciones: “En Aragón tenemos 12 puntos de observación, que se localizan en las inmediaciones de la docena de comederos que integran la Red Aragonesa; éstos se abastecen de comida 3 ó 4 días antes y, de manera mínima, el mismo día del censo, para asegurar la presencia de ejemplares”.

Los equipos de “ojeadores” están formados por un mínimo de 2 personas y un máximo de 4, siendo de ellos agentes de protección de la naturaleza, técnicos de la Diputación General de Aragón, miembros de determinadas ONG-s y de la Fundación en Defensa del Quebrantahuesos. En total, son un grueso cercano a las 30 personas. La jornada comienza sobre las 7 u 8 de la mañana y termina, “cuando se pone el sol”, señala Manuel Alcántara, jefe de la Sección de Espacies Catalogadas de la DGA.

Cada persona, equipada con unos prismáticos de gran precisión y un equipo de radiofrecuencia por grupo, ya que algunos individuos están marcados con emisores, debe reconocer las marcas que el quebrantahuesos tiene en su cuerpo o, por el contrario, cerciorarse de que se trata de un ejemplar no controlado hasta el momento. Las marcas pueden ser anillas metálicas y de color que se colocan en las patas o bandas alares, unos códigos de colores que se logran tiñendo las puntas de las alas de los individuos. A los más jóvenes se les decolora las plumas. Al cabo de 2 años, las plumas se caen, perdiendo la información.

Alcántara explica cuáles son las más eficientes, teniendo en cuenta que la identificación y observación se hace a través de prismáticos: “Las anillas en las patas son difíciles de ver, a no ser que el individuo se encuentre muy cerca; las bandas alares son más reconocibles, pero también tiene su dificultad, porque hay colores que se asemejan mucho y hay que ser muy precisos”.

Manuel Alcántara comenta que “las campañas de censo están dirigidas a controlar a la población no reproductora”. El motivo, es que son los más jóvenes y, por tanto, los que aún están buscando su territorio, lo que provoca frecuentes desplazamientos. Alcántara señala que “siguiendo a estos ejemplares marcados, podemos saber qué individuos siguen en el grupo, cuáles han desaparecido o los que se hayan incorporado a la población reproductora”.

Además, una vez conocidos los resultados del censo, se puede detectar cualquier anomalía dada en una población, que en el caso del Pirineo aragonés lleva diez años de “exitosa” recuperación y se ha convertido en la única población natural y viable de la Europa Occidental.

   
 
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