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Chocolates de la Patagonia para asentar población

Ainhoa Camino. Sabiñánigo/Jaca

 

La familia Suárez va a traer a Sabiñánigo el chocolate que desde hace muchos años se fabrica en Bariloche, su tierra natal. Los cuatro adultos de esta familia de la patagonia argentina llevaban tiempo buscando el lugar ideal para retomar la que ha sido su actividad ordinaria hasta que abandonaron su país, la elaboración de manera totalmente artesanal de chocolates, licores y mermeladas.

Después de haber presentado la idea hasta a 8 ayuntamientos pirenaicos, por fin han encontrado una puerta abierta. El ayuntamiento de Sabiñánigo les alquila una casa en Hostal de Ipiés, con la condición de que vivan y ubiquen allí la fábrica y la tienda, donde a partir de verano se podrán adquirir, en un primer momento, los “Chocolates de la abuela”. Los licores y las mermeladas quedarán para una fase posterior.

El primer paso formal para iniciar el desarrollo concreto del proyecto tuvo lugar este viernes, al firmar el contrato de arrendamiento con el consistorio serrablés. Según los términos de acuerdo, la primera planta servirá de fábrica y tienda, y en la segunda, los Suárez habilitarán su vivienda. La inversión total prevista de 75.000 euros, de los que el 30% quedará cubierto por una subvención de los fondos PRODER, y se ha planteado su desarrollo en dos fases. “Primero los chocolates y después los licores y las mermeladas”, apunta Raúl Suárez, portavoz y cabeza familiar.

En principio, el contrato de arrendamiento es por cinco años, pero se recoge la posibilidad de alargar este periodo, ya que con esta iniciativa lo que el consistorio serrablés quiere es “asentar población en los núcleos rurales de Sabiñánigo”, señala Carlos Iglesias.

Tradición familiar

No es casualidad que la marca con la que se van a comercializar los chocolates artesanales de la familia Suárez vaya a ser “Chocolates de la Abuela”. Raúl Suárez explica que “nuestros productos son recetas familiares que se han ido perdiendo y que hemos ido recuperando, no pretendemos competir con ninguna gran fábrica”. Además, esta misma fórmula es la que han estado desarrollando en su Bariloche natal, donde aún se mantiene parte de la producción artesanal, ya que, según apunta Suárez, “hemos dejado a uno de los miembros de la familia al frente de la factoría”.

La similitud de climas y de geografía entre el Pirineo y la localidad patagónica de Bariloche permitirá a la familia Suárez emplear los mismos ingredientes en la elaboración de sus productos, sobre todo de las mermeladas. “De fresas, frambuesas, manzana y nueces, frutos del bosque”, señala Raúl Suárez.

Pero para asegurarse que los gustos de españoles y argentinos también son similares y, por tanto, que su idea va a tener aceptación, durante estos meses los Suárez han llevado a cabo dos importantes tareas. Por un lado, ha realizado un estudio de mercado y han visto que “no existe este tipo de producción en la zona, la hipotética competencia estaría relativamente alejada y el mercado potencial es abundante”. Por otro lado, han continuado elaborando de manera “casera” chocolates para “conocer los gustos del mercado”, comenta Raúl Suárez. Ello les ha servido para conocer, entre otras cosas, que “en España gusta más el chocolate amargo que en Argentina”.

A partir de la semana que viene, un cartel anunciará en la casa de Hotal de Ipiés que el inmueble va a ser una industria artesanal de chocolates, licores y mermeladas. Algo que va a llamar la atención de numerosos visitantes, ya que el inmueble tiene una ubicación, según los Suárez, “idónea”. “Junto a la N-330 y con una cristalera en el porche, a través de la que se podrá observar la elaboración de los Chocolates de la abuela”.

   
 
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