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Desde la diáspora, por Luis Iribarren
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Última actualización: 1 de diciembre de 2020  12:31

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Los Alpes dináricos y la olimpiada Sarajevo 1984

DIÁLOGOS ENTRE MONTAÑAS

04-marzo-2020


Nuestro recorrido por los acontecimientos y noticias de otras montañas del mundo no podía dejarse el dolor, la estupefacción, incluso la repulsión provocados por ese género humano capaz de lo mejor y de lo peor en un lapso corto de tiempo.


Los Alpes dináricos y la olimpiada Sarajevo 1984QEn ocasiones cortísimo, incluso en esta convulsa zona europea cuyos avatares tan magistralmente relata Ivo Andric, de cuya principal obra es protagonista un puente de piedra sobre el río Drina. Erigido por el magistral arquitecto Sinan, el Miguel Ángel del Imperio Turco.

Otro puente, el de Mostar, quedará indisolublemente ligado a la memoria visual de todos los que quedamos impactados por el rebrote de una guerra de religión en pleno corazón europeo.

Conflicto de intereses dirimido en regiones menos desarrolladas que involucraba a Rusia, Alemania y los sunnitas de Arabia Saudí, culminado en una matanza colectiva jenízara y extendida a los albaneses… Que puso fin a los formidables equipos yugoslavos de balonmano, de fútbol capitaneados por sutiles centrocampistas croatas como Surjak el del Zaragoza, de waterpolo con geniales nadadores serbios nunca dopados, de esquiadores eslovenos de técnica primorosa…

Y, fundamentalmente, creo que la guerra nos melló porque puso fin a la formidable Yugoslavia de baloncesto alimentada por las canteras de la Jugoplasplastika, de Sibenik, del dúo Partizan-Estrella Roja, del Olympia, o Bosna Sarajevo… Mi generación íntimamente unida a la genialidad de los Petrovic, la movilidad de Radja y Kresimir Cosic, la mano infalible de Perasovic en la esquina, los bailarines del basket Bodiroga y Toni Kukoc…

Entre todos, el cerebro de Delipagic (el Margall serbio), la rasmia del mariscal Djordievic… Y la batuta era musulmana… Era una batuta de mirada huidiza, de fragilidad y elegancia en lo desgarbado… La cinta americana y pegamento de contacto tuve la oportunidad de disfrutarlo en directo en el huevo: el Nureyev de Bosnia, el magistral Mirza Delibasic…

Particularmente, fue la primera guerra en que pudimos ver chetniks en vaqueros, desplazándose en pick-up de Land Rover o Nissan, y que podrían ser cualquiera de las gentes que te puedes encontrar en una barra de bar de pueblo en fiestas del Pirineo. A mí lo que más me asustó por dentro fue esa normalidad indumentaria, no compartida con las exóticas chilabas y pañuelos palestinos de Kurdistán o Bagdad.

Zaragoza se amamantaba entonces del estilo Radomir Antic en fútbol y del abuelo de mirada siempre brillante y energía intacta: Ranko Zeravika. Tras los zaraguayos y la Base, se puede decir que nuestra ciudad y las montañas aragonesas, también con herencia musulmana, han sido los Balcanes del Estado español. En todos los sentidos.

Los pebeteros de las montañas de Sarajevo fueron utilizados como patíbulos en el cerco. De esa ciudad amable que fue arrasada por todos y cada uno de los contendientes, y con ella sus instalaciones, parques, bibliotecas o lugares públicos. Fecundos resultados de una planificación económica centralizada pero humana.

 Sabemos cómo tuvieron que ser utilizadas como nuevos cementerios por falta de espacio. Nos lo sigue mostrando Gervasio Sánchez en cada exposición.

Felizmente, las instalaciones olímpicas y estaciones de esquí han sido restauradas y recuperadas poco a poco. También el estadio Kosevo, el de la ceremonia de apertura. Que fue el primer gran espectáculo que yo vi en color en mi propia casa. Hoy tiene nombre de líder musulmán: Asim Ferhatovic Hase.

Todo lo escrito me lo recordó la muerte de Blanca Fernández Ochoa, diploma olímpico en la montaña de Jahorina, cercana a la mítica Igman. Montes tótem para todos los credos, como el Moncayo para las tres culturas.

Montaña con arces significa, por fin un nombre que huye, por poder ser compartido, de tantas heridas nunca cerradas. Pero la vida sigue, y la de Sarajevo como la Jaca yugoslava se articula siquiera con prótesis en los cuerpos, almas y hasta grapas en los pebeteros.

28.02 Luis Iribarren


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