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La entrevista:

Daniel Gómez, Vicedirector del Instituto Pirenaico de Ecología:

"La cadena del reclutamiento científico se está rompiendo
 y no resultará fácil su recuperación"

El vicedirector del IPE en la sede jacetana advierte de la preocupante situación de la ciencia en España

Sergio Sánchez Lanaspa
Nacido en Jaca en 1957, es Vicedirector del Instituto Pirenaico de Ecología desde hace más de 8 años. Aunque colabora en la institución desde 1982, cuando inició su tesis doctoral sobre “Flora y Vegetación en Peña Montañesa y Valle de Añisclo”, no fue hasta 1987 cuando entró en plantilla como conservador de uno de los grandes legados del IPE, el Herbario JACA, patrimonio que sigue coordinando “porque esa plaza, como otras, no se cubren cuando quedan vacantes”.


 


¿Cómo aguanta el Instituto Pirenaico de Ecología en la España de los recortes? ¿Ha llegado la tijera?

Sí, los recortes llegan a todas partes y también por supuesto a la investigación.  Quizás lo más grave no es el contar con menos presupuesto en el trabajo del día a día, sino la repercusión que el descenso de financiación tiene sobre la contratación de los investigadores jóvenes.

¿Es que la ciencia ha despilfarrado?

Hemos subsistido durante años con presupuestos muy reducidos en relación con otros países europeos, aunque durante las últimas décadas la financiación del Estado a la investigación se había incrementado de forma constante y nos estábamos acercando a los estándares europeos. Es cierto que en algunas ramas de la Ecología se puede investigar con poco dinero, y aquí estamos habituados a hacer de la necesidad virtud. Sirva como ejemplo que  hasta hace no muchos años los ejemplares almacenados en el Herbario se guardaban en hojas de periódico y se etiquetaban con los recortes que no tenían tinta.  Así que la palabra “recorte” nos resulta familiar.

Y en cuanto a la pregunta del despilfarro, quizás también hemos adquirido equipos en los últimos años a los que no les hemos sabido sacar todo el provecho, a veces por un dimensionamiento erróneo por nuestra parte o bien por la rigidez de la propia administración a la hora de manejar los presupuestos. Al fin y al cabo, la sensación de nuevos ricos ha estado muy extendida en toda la sociedad.

Hablaba del relevo generacional

De un relevo que ahora parece imposible. Los recortes en ciencia e investigación pueden suponer la pérdida de una generación. Los universitarios que optan por la investigación una vez acabada la carrera  hacen la tesis en cuatro o cinco años gracias a becas concedidas por organismos públicos y apenas unos pocos privados y después pasan un periodo en el extranjero de cinco o seis años que es un requisito indispensable para completar su formación y que coincide también con una etapa de alta productividad científica. En estos últimos años se ha tratado de favorecer el retorno mediante programas específicos. Ahora lo tienen muy difícil por no decir imposible. No pueden volver. Y eso supone la rotura de la cadena. Los investigadores que se jubilan no tienen “recambio” en muchos casos. Y, además, hay que tener en cuenta que los que se van son los “mejores”, los más preparados; y que su labor investigadora va a repercutir en otro país y no en el que ha pagado mucho dinero en su formación y necesita su trabajo para cimentar el desarrollo. Hay que tener en cuenta que la vanguardia de la investigación, por ley natural, la  asumen  las personas de una edad entre los 30 y 40 o 45 años. El constante avance de la ciencia y la renovación tecnológica obliga a eso y el sentido común también.


FOTO: Daniel Gómez en su despacho en el IPE de Jaca.

¿También en Ecología hay exilio de investigadores?

Hay que aclarar que en investigación es casi un requisito el salir fuera del país en que se ha estudiado; forma parte de la carrera científica para mejorar la formación del investigador. El problema surge cuando se dificulta o impide el retorno. En esto no somos distintos a la sociedad en general o incluso a la sociedad tradicional. Por ejemplo en nuestro entorno de los Pirineos; de la montaña y, en general del mundo rural siempre emigraron los mejores, los más dinámicos y emprendedores. Y en cierto modo ahora nos pasa de nuevo en España lo que ya pasó durante décadas y sigue sucediendo en el Tercer Mundo: Las mentes más brillantes han emigrado siempre, principalmente a los países anglosajones. En los EEUU, en Reino Unido o en Alemania se encuentran grandes investigadores emigrados de los países pobres. Ahora ese fenómeno ha llegado de nuevo aquí y parece que para quedarse. Pero además en muchos casos esos investigadores, no tienen porque ser ninguna carga económica, porque son también los más capaces de captar dinero para la investigación que de esta manera, se quedará también en los países de su destino.

La carrera investigadora es muy exigente. Cuando se acaba la tesis comienza un periodo de 4-5 años con alguna beca posdoctoral, normalmente en el extranjero. Hasta hace unos años, programas como el Ramón y Cajal o Juan De la Cierva, por citar dos ejemplos, servían para el retorno de las personas ya muy formadas. Ahora ese retorno va a ser mucho más restringido.

En el IPE, por supuesto, también tenemos casos de investigadores que tienen su continuidad en el aire.

Vaya presente que nos ha tocado

Lo más grave, como decía, no es el presente, que podríamos seguir manejando a pesar de las dificultades quienes estamos con puestos más o menos estables en las plantillas. El problema es el futuro. La falta de relevo. Corremos el riesgo de perder una generación de investigadores que o bien abandonarán la carrera científica o la tendrán que ejercer en otros países. El secular retraso de la investigación española costo décadas ser subsanado y ahora se vislumbra un nuevo gran bache.

“En investigación es casi un requisito el salir fuera del país en que se ha estudiado. El problema surge cuando se dificulta o impide el retorno"

La nueva sede de Jaca parece que llegó “salvada por la campana”. En buena hora, ¿no? ¿Ha merecido la pena?

Llegamos justo a tiempo de que se finalizara, no sin unas cuantas chapuzas, y hacer la mudanza. Si se hubiera retrasado más la obra podríamos tener ahora un edificio sin terminar, abandonado como hay tantos en el país; en este caso no sería un hospital o un aeropuerto; sería una sede científica en una región y en un país donde no abundan.

Claro que el nuevo edificio ha merecido la pena. Evidentemente, siempre se puede hacer todo mejor, pero la nueva sede está preparada para realizar una investigación puntera en ecología y, si tenemos continuidad en la financiación y personal suficiente, ese es nuestro reto y apuesta. Afortunadamente las nuevas tecnologías han acabado con el aislamiento que podía suponer hace sólo 20 años estar en un lugar como Jaca, alejados de los grandes centros de investigación y de la universidad. Hoy en día, a través de internet, de la vídeo-conferencia y otras tecnologías de comunicación se puede trabajar en equipo con personas de cualquier lugar y tener el mismo acceso a la bibliografía y a las bases de datos que quienes trabajan en las grandes ciudades. En muchos aspectos, la virtualidad es ya idéntica a la realidad.

Bueno, y en qué trabaja ahora el IPE

Seguimos con esos dos grandes ejes de investigación: la conservación y restauración de ecosistemas y el cambio global, como fenómeno derivado de la huella humana.

Concretando un poco más, en Botánica estamos trabajando en la Flora de los Pirineos, en un proyecto financiado por la Comunidad de Trabajo de los Pirineos (CTP). Resulta chocante, pero en el siglo XXI todavía no tenemos un inventario detallado de la segunda cordillera más importante de Europa. Se han hecho multitud de estudios de ámbito local o regional, pero no se han unido los estudios de las dos vertientes de la cordillera y en cada una de ellas, sobre todo a este lado, la visión regional ha introducido muchos sesgos complicando las políticas de conservación de los espacios naturales y de la biodiversidad. Si habláramos de una enfermedad se vería mejor el sinsentido de algunas políticas: ¿es distinto el modo de afrontar la gripe en Cataluña o en Aragón? La pregunta parece absurda, pero en otros campos se asume como normal la diferenciación. En el campo de la conservación también se dan todavía situaciones absurdas: una planta que aquí es rara se protege, cuando unos metros más allá es muy abundante, porque se toman como referencia los límites administrativos que, como resulta evidente, no tienen nada que ver con los que impone la naturaleza. En cierta medida ha habido también intereses políticos en la gestión de la conservación. Ahora, con el proyecto “Flora de los Pirineos” se reunirá la información obtenida durante más de dos siglos, se pondrá en común y se definirán las especies más idóneas para detectar los cambios en nuestra naturaleza, las especies de mayor valor ecológico –que en parte, es también económico- y prioridades de conservación dentro del Observatorio Pirenaico del Cambio Climático, que pretende ser un observatorio permanente.

“El secular retraso de la investigación española costo décadas ser subsanado y ahora se vislumbra un nuevo gran bache"

¿Sufren las políticas medioambientales en tiempos de crisis?

Evidentemente. Si la concienciación ya era escasa y el dinero que se invertía en los tiempos de bonanza era insuficiente, ahora cualquiera se lo puede imaginar. En España ha caído muchísimo y parece que solo queda lo que viene de Europa. Los problemas medioambientales se posponen ahora frente a los económicos; pero no hay que olvidar que esta crisis es también, incluso por encima de la económica, una crisis medioambiental.


FOTO: Daniel Gómez tomando datos en Alcañiz.

¿Cómo una crisis medioambiental? No lo acabo de entender.

Las crisis económicas son cíclicas, llegan, permanecen unos años y pasan, forman parte del propio sistema. Nuestro impacto sobre la biosfera debido a la creciente actividad humana y la explosión demográfica, como el calentamiento global, el aumento de la erosión y la desertificación, la contaminación atmosférica, la degradación de los ecosistemas terrestres y marinos, la pérdida de la biodiversidad... se van acrecentando, en algunos casos de forma alarmante, día a día; no se trata de un ciclo temporal. Cuando la actual crisis económica amaine, nos encontraremos con la medioambiental y en muchos casos, afrontar sus causas y tratar de paliar sus consecuencias, no debería posponerse a solucionar la economía.

Oiga, ¿y este invierno de inundaciones y nevadas abundantes tiene una explicación científica? ¿el cambio climático no favorecía los periodos de sequía?

Yo no soy experto en este tema; en el IPE hay colegas que sí lo son. De todas maneras, no hay que confundir la tendencia general que pueda adoptar el clima con lo que pasa en un momento puntual determinado, en un año o incluso en unos pocos años. Lo que llueva o nieve en una estación no marca una tendencia. Por otra parte, nuestra memoria no es objetiva y con el clima mucho menos. Los fenómenos extraordinarios se fijan en la memoria mucho más que los ordinarios. Cuando se miran los registros de las décadas pasadas, (en el IPE tenemos desde hace más de 30 años) se puede observar que las grandes nevadas a las que aluden muchos jacetanos y las recuerdan como habituales, solo se produjeron en años esporádicos y que, desde que tenemos constancia, los años de nieves se han intercalado con otros más secos y cálidos. En las estaciones de esquí, esto lo saben bien. Este año se ha dado un momento puntual de mayor precipitación de agua y nieve, pero eso no tiene porque invalidar la tendencia general de aumento de las temperaturas, incluso esos aumentos puntuales de precipitación puede ser una consecuencia de una tendencia que va en sentido contrario.

Si me permite descender un poco, hay un debate de bar en los pueblos de montaña. ¿Se echa mucha sal para combatir la nieve? ¿Puede llegar a incidir en la ecología? Al fin y al cabo esa sal acaba en nuestros ríos.

No hemos observado hasta la fecha ninguna afección a la vegetación cerca de las carreteras con tratamiento invernal; ese aporte de sal es muy pequeño en relación con otras fuentes de contaminación procedentes de la agricultura o de la propia naturaleza de los suelos que afectan a los cursos bajos de los ríos.. Eso no quita para que cualquiera vea que en un día seco y soleado y con temperatura suave no tiene sentido echar sal, pero eso es sentido común. Ignoro los términos de los contratos de mantenimiento y que aspectos se consideran para ejecutar los tratamientos.

Cuando la actual crisis económica amaine, nos encontraremos con la medioambiental y en muchos casos, afrontar sus causas y tratar de paliar sus consecuencias, no debería posponerse a solucionar la economía.

Quería yo preguntarle por la ladera derecha del embalse de Yesa, por lo sucedido en Castiello con las riadas de otoño, cuando el río se llevó una urbanización, sobre el funcionamiento de los espacios protegidos, sobre el nuevo mantra de la unión de estaciones…

No puedo responder con seriedad científica porque esos temas no son objeto estricto de mi trabajo de investigación, tienen también mucho que ver con aspectos socioeconómicos y creo que no debo abordarlos en este marco de conversación. La proliferación de medios de comunicación ha traído una inflación de opiniones, como las famosas tertulias, en gran parte con voces inexpertas y no pocas con el atrevimiento de la ignorancia que, paradójicamente, contribuyen a la desinformación y a la confusión. La ciencia debe guardar muy bien su rigor para poder seguir ejerciendo su liderazgo en la sociedad del conocimiento y ese rigor exige en muchos casos quedar callado. Como ciudadano por supuesto que me afectan e interesan y tengo opinión. Pero para tratarlos quizás sería más adecuado hacerlo en una entrevista con Daniel Gómez, a secas.

Le cojo el guante. ¿Cuándo quedamos?

Cuando usted quiera.

 

 


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