Almanaque de los Pirineos. 1910-1925

2014

Este reportaje es un extracto del Almanaque de los Pirineos 2014.
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Portada Almanaque de los Pirineos 1910-1925
Extracto Almanaque  - enero
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Salvoconducto para Ordesa - 1918

Foto: Ordesa. Almanaque de los Pirineos
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Segunda declaración de Parque Nacional en España, tras Covadonga

Enviamos nuestras carabelas a descubrir ese Nuevo Mundo que ahora se nos desmorona, mientras ignorábamos el propio. Hemos de reconocer que de no haber sido por los viajeros llegados del norte, franceses en su mayoría, no habríamos sido capaces de ver el paraíso en nuestras propias narices. Con la sola excepción de nuestro admirado amigo, el Marques de Villaviciosa, poco o nada hemos hecho desde aquí para proteger nuestras maravillas naturales.

Lejos quedan ya las palabras que el ilustre barón alsaciano Louis François Elisabeth Ramond, llamado de Carbonnières, dedicó al Monte Perdido: “cuando se ha visto la más hermosa de las montañas graníticas, el Mont Blanc, falta de ver la más hermosa de las montañas calcáreas, el Monte Perdido”. Considerada hasta hace poco la montaña más alta de la cordillera, fue Carbonnieres quien en su ascensión laurentina del 10 de agosto de 1802 registró en su altímetro los 3.354 metros de altitud de la mayor de las Tres Sorores y no los 3.436 que se le suponían hasta esa fecha. Hasta el propio Napoleón reconoció al barón alsaciano sus méritos copernicanos y lo distinguió con el título de señor del Puy de Dôme. La propia ciencia le hizo un hueco al gran viajero y denominó la flor que aquí conocemos como  Oreja de oso como Ramondia pyrenaica.

Después de él vinieron otros: Russell, Wallon, Schrader, Briet, Saint-Saud, Chausenque, Brulle... provenientes todos ellos de países con los que tenemos íntima enemistad. Acaso citar aquí al amigo catalán Julio Soler y a nuestro paisano, el ingeniero Lucas Mallada, hoy ya en delicado estado de salud. Pero para reconocer verdaderamente los méritos de los auténticos mecenas de Ordesa citaremos dos nombres por encima de todos, el de Lucien Henri César Briet y el de Pedro Pidal y Bernaldo de Quirós (Marqués de Villaviciosa).

A Luciano Briet le debemos no solo más de veinte años de excursiones por el Alto Aragón y alrededor de 1.500 imágenes en placas de cristal de paisajes y paisanajes de nuestra tierra. Afortunadamente, la Diputación de Huesca honró a Briet con la edición en castellano de su libro  “Bellezas del Altoaragón” en 1913, algo que el francés no olvidará, como se deduce de las palabras que reflejamos aquí y que son relativamente recientes:

Pedro Pidal, Marques de Villaviciosa“Un Santo Cristo con un par de pistolas, señor Ministro de Fomento, hace mayor maridaje que un Parque Nacional con un salto de agua aprovechado. La consagración de la virginidad de la Naturaleza, de la hermosura y vida de las cascadas en un lugar determinado, es la condenación de presas, canales, casas de máquinas, etcétera, que la destruyen. O lo uno o lo otro. Si hay aprovechamiento, profanación, no hay virginidad consagrada, santuario. Y si la política en España, por debilidad o por falta de carácter no acertase a mantener la tradición española de supeditar los lucros, los aprovechamientos sanchopancescos a las consideraciones ideales, pues ya se cuidará la Junta General de Parques Nacionales y el Comisario General que suscribe de recabar, señor Ministro de Fomento, la desaparición del Parque Nacional del Valle de Ordesa o del río Ara. Todo menos ponerlo en ridículo”.

 

Pedro Pidal, Marques de Villaviciosa. Comisario de Parques Nacionales.Se dirige al Ministro de Fomento en 1921 ante los rumores de un inminente comienzo de las obras de una presa hidroeléctrica en el río Arazas, tal y como establecía la concesión que en 1918 había recibido el barón de Areyzaga del Gobernador Civil de Huesca.

Foto: Ordesa. Almanaque de los Pirineos
Foto: Ordesa. Almanaque de los Pirineos

“Apremia una solución que no debe demorarse. Es imprescindible proteger el valle de Ordesa contra los leñadores, contra los cazadores y contra los pescadores de truchas, y es urgente si ha de conservarse tan ameno y tan maravilloso como en los tiempos de Heredia y de Ramond. Sus gamuzas y sus rebecos, diezmados y perseguidos, imploran socorro, sus hayas, muchas veces centenarias, son dignas de morir noblemente (...) Si no existe en España una sociedad para la protección de los paisajes, pueden suplir su cometido la Diputación Provincial de Huesca y la Real Sociedad Geográfica, con personalidad bastante para interesar al Gobierno de Madrid a favor del valle de Ordesa. Si éste impusiera su voluntad, el Divino Cañón se transformaría en la Península en un Parque Nacional portentoso, reflejo del creado por los norteamericanos a orillas de Yellowstone (...) el cual aparecería a las generaciones futuras fatigadas por el desarrollo de las artes y de las ciencias como una reminiscencia de la edad dorada o del venturoso jardín del Edén”.

Pero no debemos olvidar al Marqués de Villaviciosa, “el hombre de los Picos de Europa”, que holló por primera vez la cima del Naranjo de Bulnes en 1904 y pronunció ante el Senado en 1916 un magnífico discurso en defensa de la promulgación de la Ley de Parques Nacionales:

“Si para proteger el arte el Estado declara los monumentos nacionales , para proteger la naturaleza debería declarar los parques nacionales. Un castillo, una torre, una muralla, un templo, un edificio se declara monumento nacional para salvarlo de su destrucción. ¿Y por qué un monte excepcionalmente pintoresco, con sus tocas de nieve, sus bosques seculares, su fauna nacional y sus valles paradisíacos, no ha de ser declarado Parque Nacional para salvarlo de la ruina. ¿No hay santuarios para el arte? ¿Por qué no ha de haber santuarios para la naturaleza?”.

¿Vamos a olvidar al marqués que donó al Ayuntamiento de Torla tres mil pesetas de su propio bolsillo para el arreglo de caminos? ¿Vamos al olvidar la carta avalada por más de 300 vecinos nacidos en el entorno de Ordesa que el 5 de diciembre de 1915 apareció en El Porvenir de Huesca en la que agradecían al marqués su labor?
No por cierto.

Declaración de San Juan de la Peña como “Sitio de Interés Nacional”. 1920

Foto: San Juan de la Peña. Almanaque de los Pirineos
Foto: Almanaque de los Pirineos

Pedro Pidal, el Marqués de Villaviciosa, fue muy reticente a ampliar la nómina de parques nacionales, pues nada se podía comparar a Covadonga u Ordesa según su criterio. Estableció una nueva figura o categoría de protección, los “sitios de interés nacional”. El primero de todos ellos fue el Sitio de San Juan de la Peña, declarado  en 1920. A la propuesta que se le hizo llegar, el Comisario de Parques Nacionales contestó así:

“No una, sino varias veces leí su hermoso artículo pidiendo que sea declarado Sitio Nacional el histórico lugar de San Juan de la Peña, y nada sentí en mí más justo en armonía con el espíritu y letra del Real Decreto creador de los mismos. Si el primer Parque Nacional fue Covadonga, el primer Sitio Nacional debe ser San Juan de la Peña, y así Aragón tendrá con el Parque Nacional incomparable del valle de Ordesa el Sitio Nacional imponderable del Monte Pano. Todo se lo merecen los aragoneses, los hombres física y moralmente más sólidos del mundo”.

Cronología en torno a Ordesa

* La DPH publica Bellezas del Alto Aragón en 1913

* Declaración de Ordesa. 16 de agosto de 1918

* Sitio de Interés nacional San Juan de la Peña 1920

* Fallece Lucien Briet el 4 agosto de 1921

* Inaugurado monumento a Briet, 15 de agosto de 1922


Fuente
: El Almanaque de los Pirineos. Sergio Sánchez Lanaspa (Pirineum editorial)
Más información: www.almanaquedelospirineos.com


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