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Última actualización 13 Diciembre, 2007 18:30 h.

REPORTAJE

Lacuniacha
Un bosque encantado

Texto y fotos: ACJ
Al pie de Sierra Partacua, bajo la mágica Peña Telera, se extiende el bosque “La Pinosa”; donde sarrios, cabras, corzos, ciervos y lobos, entre otros animales, moraban libremente hace años. Hoy, entre esos abedules, acebos, hayas y pinos silvestres, podemos volver a observar las costumbres y hábitos de estos animales. Es Lacuniacha, el bosque encantado de los Pirineos.

Linces en Lacuniacha

Linces en el Parque Faunístico Lacuniacha en invierno.

Lejos quedan aquellas imágenes en las que lobos, caballos, ciervos, cabras o corzos, entre otros, poblaban las grandes masas boscosas de la cordillera pirenaica. Tenían libertad de movimientos. Eran los dueños y señores de este Pirineo que hoy los ha relegado a un segundo plano, dejándoles pequeños reductos de una libertad artificial.

En los últimos años, han surgido iniciativas, en las que las jaulas de los zoológicos, típicamente urbanos, han dado paso a amplios recintos, en los que los animales, además de tener todas sus necesidades cubiertas, sienten más cercana esa utópica libertad. Esta es la filosofía que rodea los parques faunísticos. Unas infraestructuras situadas en plena naturaleza, que cumplen una función tan conservacionista como turística.
En el valle de Tena, en el término municipal de Piedrafita de Jaca, bajo el incomparable poderío que siempre desprende la cima de la sierra de Partacua, Peña Telera (2.762 m), se encuentra Lacuniacha. Este es el nombre que recibía la laguna que se formaba antiguamente en la zona superior del bosque “La Pinosa”. Hoy, 33 hectáreas de esta masa boscosa mixta, dominada principalmente por el pino silvestre, pero donde abedules, acebos, álamos, helechos, hayas y robles visten con las mutaciones colorísticas de sus hojas caducas cada estación, se han convertido en un recinto faunístico. Su objetivo, dar una posible visión de cómo era el Pirineo hace 11.000 años.

Pero Lacuniacha es, ante todo, un bosque encantado. Una especie de arca de Noé, que a través de senderos, acerca al visitante los modos de vida de diez especies animales, que en su mayoría se encuentran en su hábitat natural. Ciervos, gamos, corzos, cabras montesas, sarrios, renos y lobos, comparten protagonismo con otras tres sorprendentes especies: los casi desaparecidos linces ibéricos, los cariñosos y mimosos caballos Prezwalski, y los robustos bisontes europeos.

Confeccionado como un recorrido interpretativo, Lacuniacha está compuesto por seis recintos. En tres de ellos, en las áreas de los caprinos (sarrios y cabras), cérvidos (renos, ciervos, gamos y corzos) y caballos, el visitante puede entrar. Descubriendo, como un espectador privilegiado, las relaciones que se crean entre estos ejemplares y cómo cubren sus necesidades básicas; observando los primeros pasos de una cría o los bramidos de cortejo de los cérvidos, que en otoño invaden el parque. Todos los movimientos, reacciones y comportamientos están a la vista. Los lobos, bisontes y linces se observan desde unos miradores exteriores.

Cada recinto consta de todo lo necesario para que estos animales puedan desarrollar una vida semilibre. Comederos, abrevaderos, cobertizos... Aunque, sin duda, es la flora que se registra en todo el parque la que hace posible que los cerca de 50 animales que pueblan Lacuniacha crean haber encontrado el paraíso animal, y definan esta infraestructura como un bioparque, donde continente y contenido tiene vital importancia.

El recorrido de Lacuniacha se completa en unas dos o tres horas, pero el equipamiento que tiene el parque invita a pasar todo el día. Hay que destacar que Lacuniacha se encuentra en una zona montañosa, con numerosos y fuertes desniveles, por lo que es recomendable ir ataviado con botas y ropa apropiadas para el monte. A lo largo de todo el itinerario hay bancos y mesas donde descasar, paneles informativos de la zona, de los animales o de la flora; mesas de interpretación del paisaje, miradores ornitológicos y mesas de interpretación del paisaje, además de dos bares y máquinas expendedoras de bebidas. Todo este equipamiento convierten a Lacuniacha en un aula multidisplicinar, donde se aprende a conocer la naturaleza en un estado de casi total esplendor y libertad.

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