© Pirineum multimedi@, 5 Noviembre, 2001 6:20 PM
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Joaquín Leguina, demógrafo y expresidente de la Comunidad de Madrid ha participado en el curso «Envejecimiento, inmigración y reformulación del estado de bienestar»

Por primera vez en su historia, el PSOE va a proponer políticas familiares

Hoy, lunes, ha comenzado en Formigal el curso de la UIMP, Envejecimiento, inmigración y reformulación del estado de bienestar, dirigido por José Aranda, vocal asesor del Instituto Nacional de Estadística -del que fue director- y Jaime Sanaú, de la Universidad de Zaragoza y director de estos cursos. A lo largo de cinco días se analizarán estos problemas desde múltiples perspectivas con la celebración de varias mesas redondas; ha sido el curso que ha conseguido un mayor interés, con el más alto número de alumnos matriculados, que podrán conseguir créditos para completar su currículo académico.
Joaquín Leguina, demógrafo, estadístico y político -fue presidente de la Comunidad de Madrid- ha sido el encargado de abrir fuego, con la ponencia España, una demografía deprimida. Señala el experto que en los últimos «25 años, la fertilidad ha caído en España en picado. Hemos pasado de la mayor tasa de fertilidad de Europa a la menor del mundo», y esto en muy poco tiempo, desde el punto de vista demográfico.
Señala el demógrafo que los efectos serán más que visibles en el año 2050, a que las hipótesis más optimistas en fecundidad e inmigración sostienen que la actual tasa entre población activa y mayores de 65 años, que actualmente es de 4,2 se verá reducida a la mitad. Ello supone que para mantener estas cifras, España «debería contar dentro de cincuenta años con 160 millones de habitantes, de los que el 80% sería inmigrante». Algo que, evidentemente, no parece creíble.
Situación que, en Aragón, se ve agravada, según Leguina, ya que hay que añadir «la alta concentración de población en Zaragoza», frente a la despoblación del resto. «La desertización resulta mortal -añade-, ya que los procesos de desarraigo no se recuperan nunca». Frente a ello, Leguina sostiene la aplicación de pequeñas políticas, muy pegadas al territorio, que puedan fomentar el turismo, la agroindustria y los servicios, bien que para ello se debe contar previamente con la infraestructura necesaria. «La luz y el teléfono deberían funcionar mejor que en Zaragoza», concluye, aun a sabiendas de que la realidad aragonesa dista mucho de ello.

Integración de inmigrantes
Tras exponer crudamente el problema, Leguina no se muestra especialmente optimista. «Ahora se comienza a hablar de estos problemas -añade-, pero no se ha hecho nada en cuanto a políticas familiares». Y subraya lo de políticas, en plural, pues no existe un único modelo de familia. En los países nórdicos, que ha cambiado vertiginosamente sus tasas de natalidad -antaño muy bajas y ahora por encima de la media-, la mayoría de los hijos nacen fuera del matrimonio, por lo que hay que contemplar el fenómeno en toda su complejidad.
Además de la dispersión de competencias -«¿Qué administración es competente en estas materias», se pregunta el demógrafo- hay dos importantes aspectos que contemplar, las citadas políticas familiares y la integración social de los inmigrantes.- Afirma que «la concentración de la emigración no es buena y hace falta desarrollar políticas variadas desde todas las administraciones, estatal, autonómica y local, merced a un plan de integración que ya es urgente». Plan que debe contemplar todos los aspectos, desde la escuela, la vivienda o el trabajo, hasta la seguridad pública, de la que no hay que olvidarse.

Políticas familiares
En relación a las políticas familiares, Leguina recuerda que ha sido un asunto olvidado por todos. Desde la izquierda nunca se ha visto bien la familia -quizá por las connotaciones religiosas- y la derecha, que la considera base de la sociedad, no cree en los subsidios sino en el libre mercado. Por ello es hora de pasar de esta naciente preocupación a la acción -«de las musas, al teatro», dice-, adelantando que el PSOE va a sacar próximamente unas propuestas en las que, explícitamente y por primera vez, se habla de políticas familiares.
Describe Leguina que la realidad actual muestra unas mujeres que concilian la atención a los hijos, del hogar y del trabajo fuera de casa, lo que no es coherente. «Todo recae en la mujer en edad de trabajar, precisamente ahora que está mucho más preparada», afirma, por lo que hay que resolver esta situación. Además, en un futuro próximo no será nada extraño que coexistan padres e hijos, con abuelos y bisabuelos, lo que agrava el problema. Por ello, es también fundamental que «los viejos se integren, y que al final no resulten una carga física para quienes conviven por ellos». Este modelo de familia hace recaer todo el trabajo sobre la mujer, «lo que no es justo». «Y como no se puede volver a la distribución tradicional, con la mujer en casa» -lo que sería un despilfarro, entre otras consideraciones, hay que ejecutar políticas coherentes, y no meros parches como sucede en la actualidad.
No obstante, Leguina se muestra «optimista en cuanto a que los problemas se van a comenzar a tratar, aunque mucho menos al considerar que su solución requiere mucho dinero».



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