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Hoy,
lunes, ha comenzado en Formigal el curso de la UIMP, Envejecimiento,
inmigración y reformulación del estado de bienestar,
dirigido por José Aranda, vocal asesor del Instituto Nacional
de Estadística -del que fue director- y Jaime Sanaú,
de la Universidad de Zaragoza y director de estos cursos. A lo largo
de cinco días se analizarán estos problemas desde
múltiples perspectivas con la celebración de varias
mesas redondas; ha sido el curso que ha conseguido un mayor interés,
con el más alto número de alumnos matriculados, que
podrán conseguir créditos para completar su currículo
académico.
Joaquín Leguina, demógrafo, estadístico y político
-fue presidente de la Comunidad de Madrid- ha sido el encargado
de abrir fuego, con la ponencia España, una demografía
deprimida. Señala el experto que en los últimos «25
años, la fertilidad ha caído en España en picado.
Hemos pasado de la mayor tasa de fertilidad de Europa a la menor
del mundo», y esto en muy poco tiempo, desde el punto de vista
demográfico.
Señala el demógrafo que los efectos serán más
que visibles en el año 2050, a que las hipótesis más
optimistas en fecundidad e inmigración sostienen que la actual
tasa entre población activa y mayores de 65 años,
que actualmente es de 4,2 se verá reducida a la mitad. Ello
supone que para mantener estas cifras, España «debería
contar dentro de cincuenta años con 160 millones de habitantes,
de los que el 80% sería inmigrante». Algo que, evidentemente,
no parece creíble.
Situación que, en Aragón, se ve agravada, según
Leguina, ya que hay que añadir «la alta concentración
de población en Zaragoza», frente a la despoblación
del resto. «La desertización resulta mortal -añade-,
ya que los procesos de desarraigo no se recuperan nunca».
Frente a ello, Leguina sostiene la aplicación de pequeñas
políticas, muy pegadas al territorio, que puedan fomentar
el turismo, la agroindustria y los servicios, bien que para ello
se debe contar previamente con la infraestructura necesaria. «La
luz y el teléfono deberían funcionar mejor que en
Zaragoza», concluye, aun a sabiendas de que la realidad aragonesa
dista mucho de ello.
Integración
de inmigrantes
Tras exponer crudamente el problema, Leguina no se muestra especialmente
optimista. «Ahora se comienza a hablar de estos problemas
-añade-, pero no se ha hecho nada en cuanto a políticas
familiares». Y subraya lo de políticas, en plural,
pues no existe un único modelo de familia. En los países
nórdicos, que ha cambiado vertiginosamente sus tasas de natalidad
-antaño muy bajas y ahora por encima de la media-, la mayoría
de los hijos nacen fuera del matrimonio, por lo que hay que contemplar
el fenómeno en toda su complejidad.
Además de la dispersión de competencias -«¿Qué
administración es competente en estas materias», se
pregunta el demógrafo- hay dos importantes aspectos que contemplar,
las citadas políticas familiares y la integración
social de los inmigrantes.- Afirma que «la concentración
de la emigración no es buena y hace falta desarrollar políticas
variadas desde todas las administraciones, estatal, autonómica
y local, merced a un plan de integración que ya es urgente».
Plan que debe contemplar todos los aspectos, desde la escuela, la
vivienda o el trabajo, hasta la seguridad pública, de la
que no hay que olvidarse.
Políticas
familiares
En relación a las políticas familiares, Leguina recuerda
que ha sido un asunto olvidado por todos. Desde la izquierda nunca
se ha visto bien la familia -quizá por las connotaciones
religiosas- y la derecha, que la considera base de la sociedad,
no cree en los subsidios sino en el libre mercado. Por ello es hora
de pasar de esta naciente preocupación a la acción
-«de las musas, al teatro», dice-, adelantando que el
PSOE va a sacar próximamente unas propuestas en las que,
explícitamente y por primera vez, se habla de políticas
familiares.
Describe Leguina que la realidad actual muestra unas mujeres que
concilian la atención a los hijos, del hogar y del trabajo
fuera de casa, lo que no es coherente. «Todo recae en la mujer
en edad de trabajar, precisamente ahora que está mucho más
preparada», afirma, por lo que hay que resolver esta situación.
Además, en un futuro próximo no será nada extraño
que coexistan padres e hijos, con abuelos y bisabuelos, lo que agrava
el problema. Por ello, es también fundamental que «los
viejos se integren, y que al final no resulten una carga física
para quienes conviven por ellos». Este modelo de familia hace
recaer todo el trabajo sobre la mujer, «lo que no es justo».
«Y como no se puede volver a la distribución tradicional,
con la mujer en casa» -lo que sería un despilfarro,
entre otras consideraciones, hay que ejecutar políticas coherentes,
y no meros parches como sucede en la actualidad.
No obstante, Leguina se muestra «optimista en cuanto a que
los problemas se van a comenzar a tratar, aunque mucho menos al
considerar que su solución requiere mucho dinero».
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