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publicación digital del Pirineo aragonés

Fecha de publicación: 14//02/2018

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1913 - Saroïhandy pide la palabra

Autor: Sergio Sánchez Lanaspa
Reportaje extraído del "Almanaque de los Pirineos 1910-1925" - Edición 2014. Pirineum editorial
"No olvidemos que le debemos a Saroïhandy este servicio eminente: el haber iniciado el estudio científico del habla aragonesan" (Joaquín Costa)

Ansó. Fotografía de Francisco De las Heras. (Archivo Peñarroya) Ansó. Fotografía de Francisco De las Heras. (Archivo Peñarroya)
El filólogo francés Jean Joseph Saroïhandy regresa al Alto Aragón

 

Jean Joseph Saroïhandy

Recorre la geografía altoaragonesa hace ya algunas semanas el ilustre filólogo francés especializado en lenguas pirenaicas Jean Joseph Saroïhandy, que ya visitara estas tierras entre 1899 y 1901, viajando por sus propios medios, bien a lomos de una burreta, como el hijo del carpintero, bien en el Ford o sirviéndose de coches o caballerías particulares. Lo acompañan y asesoran siempre las figuras más destacadas de nuestra cultura: Joaquín Costa en Ribagorza, Enrique Gistau en Sobrarbe, y el que fuera diputado de Castelar con la I República, nuestro insigne Don Joaquín Gil Berges, o el propio Domingo Miral, en las montañas de Jaca.

 

De sus distintos viajes estivales por el Alto Aragón realizados en el cambio de siglo ya publicó un interesantísimo informe en el Annuaire de 1901 de la Escuela Práctica de Estudios Superiores (Sección de Ciencias Filológicas) de París, que luego fue traducido y dado a conocer en nuestra tierra por la famosa Revista de Aragón. Saroïhandy habla euskera, catalán, occitano y español –que aprendió en Argentina- además del francés, y podríamos decir que varios de nuestros dialectos aragoneses, pues como apuntaba Don Joaquín Costa en el prólogo de la publicación de su trabajo en la Revista de Aragón refiriéndose al ribagorzano, “pudo fijar en breve plazo la gramática, la fonética y demás del primero de los dialectos del grupo, que ya él hablaba a las pocas semanas con la misma propiedad y corrección que los naturales del país”. Consulta documentos de los archivos parroquiales, municipales y particulares; y realiza decenas de entrevistas en cada una de las 135 localidades altoaragonesas que ha visitado.

El filólogo francés logra sin dificultad salvar las naturales reticencias de los habitantes gracias a su natural simpático, la fertilidad de su ingenio, a un tiempo sutil u reflexivo, el agrado de su conversación y la llaneza y finura de su trato. Nos es grato publicar aquí buena parte de la introducción a su primer estudio:

 

 

Hace ya tres años que estudié el dialecto de Graus, que parece ser intermedio entre el catalán y el aragonés. Este año he podido encontrar, por el lado opuesto a Cataluña, en la frontera de las regiones de lengua vasca, en el fondo de los valles pirenaicos, una lengua que no se oye hablar más que en seis o siete pueblecillos, y que ha conservado los caracteres del aragonés, tales como los advertimos en los textos antiguos.

 

Ansó. Fotografía de Francisco De las Heras. (Archivo Peñarroya)
Ansó. Fotografía de Francisco De las Heras. (Archivo Peñarroya)

Los más importantes de estos pueblos son Ansó y Echo. Para llegar a ellos, partí en diligencia de Pamplona, marchando en dirección a Jaca; después de haber parado en la pequeña estación balnearia de Tiermas, llegué a Berdún y abandoné la carretera de Jaca para tomar un coche que me llevó hasta Ansó, villa de consideración, en donde hube de permanecer más de tres semanas. La carretera de Berdún a Ansó, muy pintoresca en el paso de un desfiladero llamado La Foz, solo hace cuatro años que está hecha. Para ir a Fago, el último villorrio que se encuentra antes de entrar en país vascongado, o para encaminarse uno a Echo, punto importante que está situado a tres leguas al este de Ansó, no hay más que malos caminos de herradura muy desiguales y pedregosos. La región en que nos hallábamos no era un país pobre; se dejaban ver sobre las montañas dilatados pastos en donde se crían grandes rebaños de corderos y bueyes. Los Ayuntamientos, a los que pertenecen estos pastos, sacan de ellos cuantiosas rentas, y el de Ansó es bastante rico para pasar un sueldo anual bastante regular a un maestro, una maestra, un médico, un farmacéutico y un veterinario. Y hasta hay un barbero, funcionario municipal, que rasura a los vecinos a domicilio y de balde.

 

Las mujeres de Ansó (ansotanas) son en general muy bonitas. Llevan todavía casi todas el antiguo traje de las montañesas (...) Son las que se ven en invierno, en las grandes poblaciones del norte de España, algunas veces en Madrid, ofreciendo té montañés (¡que les mandan de Suiza!) a los consumidores sentados en los cafés. Fuera de su pueblo se les llama chesas (mujeres de Echo). No obstante, en Echo, la basquiña, hoy, ya se ha pasado de moda: solo una octogenaria la sigue llevando.

 

Estaban acabando una carretera que parte de Echo. Ha de ser paralela a la de Ansó y se unirá como ella con la carretera real de Pamplona a Jaca. Siendo así las comunicaciones más fáciles, es de temer que la lengua que nos ocupa se vaya alterando. Hoy ya ha sufrido muy considerablemente la influencia del castellano. Tan solo la hablan los viejos y las mujeres; los hombres se tienen a menos. En Ansó, después de comer, me iba a sentar en el umbral de las puertas donde las mujeres se ocupaban cosiendo, haciendo media, desgranando albejas o lentillas. Yo las oía hablar y anotaba las expresiones locales que se les escapaban. El trabajo era lento y las páginas de mi libreta no se llenaban tan deprisa como yo hubiera deseado. Las amables vecinas que así me admitían en su compañía, creyeron en un principio que yo venía a burlarme de ellas, y, por lo tanto, no me faltaron pullas ni frases picantes. Quiere, se decían entre sí, ponernos en alguna comedia. Pero no tardé mucho en hacerme amigo de ellas; me traían una silla, me ofrecían algún refresco, y entre ellas he pasado muchas horas útiles.

 

Le debo también un millón de gracias al joven José Aznar Sanz, quien me acompañaba en mis paseos y quien me dictó una porción de cuentos que, por desgracia, había leído en libros castellanos. En todos los demás pueblecillos que atravesé encontré la misma favorable acogida y la misma facilidad para estudiar su lengua. Estos aragoneses de la montaña son en verdad gente muy honrada. D. Joaquín Costa, dispuesto siempre a darme particulares muestras de deferencia, consiguió para mí una carta del gobernador de la provincia de Huesca, en la que este me recomendaba a los alcaldes y a los oficiales de la Guardia Civil. No me ocurrió ninguna aventura desagradable en la que estas autoridades me tuviesen que patrocinar. Durante mi estancia en Echo, me fui a Siresa, que no dista de él más de media legua. Después partí en macho para Urdués y Aragüés. En estos puntos la lengua es casi la misma que en Echo. Pero, cuando se llega a Borao, causa gran extrañeza que no se oiga más que el castellano. Habiendo pasado este último pueblecito, tomamos la carretera de Canfranc, por donde pasa una diligencia que viene de Olorón, y henos aquí a las puertas de la pequeña y encantadora ciudad de Jaca, la reina de las montañas, tan coqueta con sus murallas y su antigua catedral. Descansé en ella algunos días y visité los archivos del Cabildo. Me acompañaba el Sr. Gil Berges, natural de un pueblecillo vecino (Jasa), antiguo ministro de la República con Castelar, y hoy uno de los más famosos abogados del foro de Zaragoza.

 

De Jaca, me marché al hermoso y fértil valle de Tena. Me detuve en Biescas. En la parte más alta del valle me hubiera encontrado con Sallent, en donde Antonio Pérez, fugado de las cárceles de Zaragoza, se ocultó dos días antes de internarse en Francia, y con los célebres baños de Panticosa, que atraen todos los años un gran número de enfermos y de turistas. El castellano ha invadido considerablemente todo este valle de Tena, así como el vecino de Broto. Bajé hasta Boltaña, villa de mediana importancia, pero que es cabeza de partido; fui muy bien recibido por un amigo del Sr. Costa, D. Enrique Gistau, abogado y gran comerciante, conocido de todo el mundo en diez leguas a la redonda. Me dio cartas de recomendación para todos los pueblos por los cuales aún había de pasar.

 

Partí lo antes posible de Boltaña, en donde no se habla otra cosa que el castellano y, después de diez horas de caminata en mulo, llegué a Bielsa, en donde encuentro por fin un dialecto local francamente caracterizado. El valle que sigue es el de Gistaín; aquí hablan poco más o menos la misma lengua que en Bielsa, y nos encontramos con tres pueblecillos: Plan, y muy cerquita San Juan (de Plan a San Juan, las gallinas i ban, como dice el proverbio); más allá Gistaín, que ha dado su nombre al valle (...) El parecido con el catalán comienza a acentuarse. En Benasque ya es muy notorio. Su dialecto nos trae a la memoria el de Graus, pero ha sufrido mucho menos que este último la influencia del castellano.

 

Dialectos Aragoneses. Revista Aragón. 1902

Nota de la Redacción:

Como divulgó Oscar Latas, J. J. Saroïhandy ocupó desde 1920 hasta 1925 la cátedra de las Lenguas de la Europa Meridional en el Collège de France, siendo el primer profesor que impartió enseñanzas sobre la lengua aragonesa en una institución francesa de enseñanza superior. El libro que empleó para sus clases fue Qui bien fa nunca lo pierde, de Domingo Miral. Después de sus viajes en 1899-1901 regresó al Alto Aragón en 1913 para visitar Jaca, Atarés, Santa Cruz y Embún. En Ansó se alojó en Casa Chudás y recogió un total de 1.176 frases y palabras.

Todos los reportajes:

 

1943 - Estudiosos del Pirineo
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1929 - Cuevas de Villanúa: y la luz se hizo
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1935 - Jorge Puyó, el pastor intelectual
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1932 - Alford toma nota
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1930 - La caza del Borbón
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1913 - Saroïhandy pide la palabra
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1911 - El León deja la selva
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1921 - Nuevo milagro en Lourdes: El Museo de los Pirineos
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1932 - Mision Ribagorza
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1927 - Las minas de Parzán echan el cierre
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Sebastián Romero Radigales, Graus (1884-1970) Justo entre las Naciones
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1913 - Una gran pérdida
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1913 - El Balneario de Tiermas, listo para el inicio de la temporada
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1915 - Un alud se ceba con los Baños de Panticosa
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OTROS

 

1910 - La muerte de Russell deja sin dueño al Vignemale
1910 - Javierre, con J, segundo tour entre los mejores
1910 - Broadway es de Marcelino
1914 - Adéu siau Juli Soler
1910 - Pioneros de la nieve
1914 - Pinturas de boda
1914 - Vuelven nuestras “golondrinas”
1918 - Salvoconducto para Ordesa
1918 - La Maladeta
1919 - Los hermanos Cadier, montañeros y protestantes, “padrinos” de los aragoneses
1923 - La tierra se abre en Canal
1925 - Manzanilla de los Pirineos
1925 - El pastel ruso: Un recorrido imperial
1930 - He de matar más moriscos que pulgas tiene esa dama
1931 - El Garona es aragonés
1932 - Una copa por Almarza
1933 - René Petit: Ingeniero del balompié
1933 - Fleta, de Miguel a “Miguelón”
1935 - Merci Ansó
1935 - Ignacio Ara: El violín de las doce cuerdas
Tratado de las Tres Vacas: Ansotanos, jueces sin parte


Reportajes extraídos de: la colección "Almanaque de los Pirineos" de Pirineum editorial


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