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Fecha de publicación: 05/08/2015

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1931 - El Garona es aragonés

Autor: Sergio Sánchez Lanaspa

El geólogo Norbert Casteret tiñe de verde las aguas del río para demostrar que nace a los pies del Aneto, desaparece en Aigualluts y surge después en los Goueils de Jouéou en el valle de Arán.

 

“Avanzo atento a descubrir la cascada muy cercana, todavía oculta por los pinos y las hayas. De repente distingo parte de la enorme surgencia y siento como un impacto: ¡le Goueil coule vert!. Me adelanto para verlo mejor y lo contemplo con avidez; un sinfín de pensamientos me embargan: la fuente del Garona está en la Maladeta. Después exteriorizo mi alegría riendo solo, me doy media vuelta y me alejo corriendo. No tardo en llegar a la cabaña delante de mi madre: “¡Le Goueil coule vert! ¡Le Goueil coule vert”

 

Casteret y sus acompañantes Mademoiselle Mimi de Sède, Mademoiselle Maria Casse,y Madame Casteret madre, con los barriles de fluoresceína

Casteret y sus acompañantes Mademoiselle Mimi de Sède, Mademoiselle Maria Casse,y Madame Casteret madre, con los barriles de fluoresceína. Reportaje fotográfico extraído de www.norbertcaseret.net

 

Eureka. Norbert Casteret y su mujer Elisabeth habían vertido apenas doce horas antes 60 kilos de fluoresceína en la cascada de Aigualluts para teñir de verde las aguas del Trou du Toro o Forau de Aigualluts y poder demostrar que el río Garona, contraviniendo toda lógica, nace a los pies del Aneto, desaparece en la gran dolina 150 metros más abajo y reaparece cuatro kilómetros al norte, en el Valle de Arán.

 

Cascada de Aigualluts y Aneto. Foto: Catalana de Gas y Electricidad. Fototeca DPH
Cascada de Aigualluts y Aneto.
Foto: Catalana de Gas y Electricidad. Fototeca DPH

El 19 de julio una minúscula caravana partía de Luchon en dirección a Aigualluts, a 2.020 metros de altitud, después de cruzar la frontera por el puerto de Benasque. El geólogo y espeleólogo Nobert Casteret, su mujer Elisabeth, su madre y dos amigas, Mimi de Sède y Maria Casse. Algunos pasos más atrás, un “muletier” aragonés transportaba en su caballería los seis barriles de fluoresceína, el colorante más potente hasta la fecha conocido e inocuo para la naturaleza. Llegados al corazón de los montes malditos, los barriles se descargaron a pie de obra. Para que la fluoresceína no perdiera propiedad alguna debían esperar al crepúsculo.

 

Apenas un par de puñados de polvo rojizo provocan ya una explosión de color verde fluorescente que tiñe el río y lo hará durante cuatro días aguas abajo (o mejor dicho, aguas arriba). El matrimonio Casteret se afana en verter los seis barriles de diez kilos de colorante y sus ropas y cuerpo, allá donde exista siquiera una ligera humedad –labios, ojos- adquieren ese verde brillante. Mientras, el Forau de Aigualluts adquiere un tono pócima demoníaca.  

 

Casteret encuentra una cavidad para que el grupo pase la noche, pero apenas duerme. A las cuatro de la mañana toca diana, comprueba que el agua de la dolina ha recuperado su carácter incoloro, y divide la comitiva en dos: el equipo Ésera –su mujer y sus dos amigas- parte al Hospital de Benasque, y el equipo Garona –su madre y él- remontará hacia el valle de Arán. “En el Col du Toro nos invade una tormenta de viento y lluvia. En otras circunstancias hubiéramos abandonado, pero había una necesidad absoluta de pasar”.

 

Comprobado el éxito de la empresa, en la bajada se suceden las anécdotas. Dos segadores se dirigen a ellos y les cuestionan si han visto el Garona de un color diabólico. Uno creía que una mina de azufre se había partido en dos, el otro temía por las truchas. Llegados a una posada, en la Artiga de Lin, la dueña habla “de un milagro de las hadas que debe anunciar terribles acontecimientos”. Desde la ventana, Casteret divisa dos carabineros que se dirigen hacia allí, a buen seguro, en busca de los causantes del envenenamiento del río. “Mi ropa, mi cara y mis manos me acusan indudablemente. ¿Me creeran? ¿Nos detendran aquí durante horas? Ante la duda, reemprendemos la marcha súbitamente ante la estupefacción de la dueña”.

 

Pasado el puerto de la Picada, al cabo de unas cuantas horas, el equipo del Ésera confirma que el agua sigue incolora. Ni rastro de fluoresceína en el Ésera a pesar de mantener la vigilancia durante cuatro días. En el Garona, el agua de color verde ha llegado a Saint-Béat, a 40 kilómetros de Aigualluts. Fin de la discusión.

 

 

“En el curso de los años de estudio que he consagrado al problema del nacimiento del Garona, he estado secundado por mis seres queridos, a quienes debo toda mi gratitud por su colaboración preciosa y devota: al Doctor Martial Casteret, mi hermano pequeño, que pagó con su vida el audaz reconocimiento del pico norte del Col de Toro; a mi madre y a mi mujer, dos montañeras de instinto, optimistas, duras y enérgicas, que han dotado de razón a las jornadas más penosas y las carreras más arriesgadas”.


Norbert Casteret. 

Elisabeth, esposa de N. Casteret, años 30
Elisabeth, esposa de N. Casteret, años 30

 

 

Crónica de la razón práctica

El primero en abordar la cuestión fue el célebre naturalista Ramond de Carbonnières, que en 1787 escribe que las aguas que desaparecen en Trou del Toro (Forau de Aigualluts) reaparecen 4 kilómetros al norte, en Goueils de Jouéou –los ojos de Júpiter- para dar lugar al Garona occidental. Ramond simplemente consigna la tradición popular local “que lejos de descansar sobre hechos científicos, era el simple reflejo de esa necesidad de maravilla inverosímil que caracteriza la opinión general cuando se trata de grutas o subterráneos” (Casteret. L’Illustration 1931). A partir de Ramond, guías y manuales reproducen esta versión sin discusión hasta 1896, cuando el científico Emile Belloc carga vehementemente contra esta teoría “por su falta absoluta de rigor” e inicia ensayos de trazado con colorantes y flotadores para desmontarla, como así cree haber conseguido tras numerosos experimentos entre 1897 y 1900, en los que concluye la conexión entre el Trou de Toro y las fuentes del Ésera.

Norbert Casteret con acompañantes

En los ámbitos científicos y académicos se acepta la tesis de Belloc, que parece haber resuelto “una leyenda admitida sin pruebas y un error muy enraizado”. La ciencia sigue a Belloc porque se resiste a admitir que el Garona sea el primer y único ejemplo que no sigue la línea divisoria de aguas en toda Europa. El único que duda de los métodos de Belloc es el doctor Martel, profesor y mentor de Norbert Casteret. Nacido a orillas del Garona (en Saint Martory, cerca de Saint Gaudens, en la región del Haute Garonne), Casteret consagra tres años de su vida (1928, 1929 y 1930) a estudiar minuciosamente el macizo de la Maladeta y sus aguas, y concluye a comienzos de 1931 en el Bulletin de la Société d’histoire naturelle de Toulouse que Carbonnières estaba en lo cierto y que Belloc no hizo bien su trabajo. “Las dosis que empleó fueron notablemente insuficientes y la vigilancia de las aguas fue demasiado simplista”. El joven Casteret, “visto el coste prohibitivo de la fluoresceína, el único colorante susceptible de ofrecer un resultado incontestable”, lo sustituyó por tres años de penalidades que, sin embargo, no arrojaban la certeza irrefutable que exige la ciencia. Pero a mediados de 1931 una hidroeléctrica española publica su proyecto de captar y derivar las aguas del Trou de Toro para su aprovechamiento energético, al no advertir oposición alguna. “La ejecución de ese proyecto hubiera tenido consecuencias irremediables en el alto Garona y en Comminges” (para su tierra, quiso decir Casteret). El caudal del Garona se hubiera reducido a menos de la mitad. Es esta amenaza la que permite a Casteret obtener la ayuda de la Academia de Ciencias francesa, del Instituto de Hidrología, de la Sociedad Geográfica de Francia, la Fundación Martel y el Conseil Général de la Haute-Garonne, entre otros, para adquirir 60 kilos de fluoresceína a un precio desorbitado y tratar de demostrar su tesis e impedir que una hidroeléctrica secara el Garona, el río en el que aprendió a nadar.

Norbert Casteret1928. Un glaciar subterráneo en los Pirineos. La Gruta Casteret

 

Mr. Casteret ha descubierto un magnífico y curioso glaciar subterráneo situado en plenos Pirineos españoles y a 2.700 metros de altitud. Este glaciar, al que se le calculan más de 6.000 metros cuadrados de superficie, se halla a menos de un kilómetro de la famosa Brecha de Roldán, entre el Pico del Descargador y el Casco de Marboré, dentro de la zona que corresponde a nuestro Parque Nacional de Ordesa. La Memoria presentada por el autor, las numerosas fotografías y algunos planos, acreditan los entusiasmos y curiosidad que esta maravilla ha despertado entre los alpinistas y los geólogos.

El Cruzado Aragonés 23-6-28

 

 

Nota de la Redacción: Tras esta breve nota en el mes de junio de 1928, el Cruzado Aragonés le dedicará a la ya denominada Gruta de Casteret un largo artículo divulgativo publicado en tres entregas, entre julio y agosto del mismo año firmado por F. T en el que reproduce el artículo de Norbert Casteret aparecido en el número 4.421 de L’Illustration del 26 de Noviembre de 1927.

 

 

Norbert Casteret

Norbert Casteret

 

Dibujo de Casteret

Fluoresceína

 

La fluoresceína es una sustancia colorante orgánica hidrosoluble utilizada en el examen de los vasos sanguíneos del ojo y en ciertas técnicas odontológicas. Fue descubierta por el químico profesor y premio Nobel de Química (1905) Johann Friedrich Wilhelm Adolf von Baeyer (1835-1917). Cuando se expone a la luz, la fluorescencia absorbe ciertas longitudes de onda y emite luz fluorescente.

 

No es el único ejemplo

 

El Forau de Aigualluts o Trou del Toro es una gran dolina de colapso de 80 m. de eje mayor y 30 m. de profundidad que hace las veces de sumidero del Torrente de Barrancs, por el que circula el agua de fusión de los glaciares del Aneto, Barrancs y Tempestades. El agua que se incorpora al sistema endokárstico en este punto mana al exterior a casi cuatro kilómetros al NE, en los Goueils de Jouéou, vertiente francesa-atlántica, para alimentar al Río Garona. Lo mismo sucede con las aguas del Barranco de la Renclusa y del Torrente de los ibones de Villamorta en el Plan Superior de Estanys, así como los sumideros que drenan el Plan Inferior de Estanys o las aguas que se pierden en la cubeta glacio-kárstica de la Escaleta.
(De la tesis doctoral de Enrique Acosta Arias.)

 

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