Los cuatro muertos en tres accidentes distintos en las últimas 48 horas han hecho saltar todas las alarmas, tanto de las empresas del sector como de los grupos de rescate. Hay quien pide campañas televisivas de sensibilización tal y como se ha hecho con los accidentes de tráfico. Este año se dan dos circunstancias agravantes, derivadas de las elevadas precipitaciones de nieve y agua registradas en invierno y primavera: la presencia de nieve a partir de 2.000 metros y el elevado caudal de los barrancos.
Trágico fin de semana en el Pirineo
Una placa de nieve desprendida se transformó en una pequeña avalancha que sepultó a dos montañeros catalanes en el valle de Pineta el sábado, y un descenso complicado por las malas condiciones meteorológicas terminó con la vida de otro montañero catalán el domingo en el valle de Benasque. No ha podido empezar peor el mes de julio. Son ya 22 muertos en la montaña aragonesa en los últimos nueve meses, una cifra demasiado elevada que asusta a los profesionales del sector y miembros de los equipos de rescate, y que pone de manifiesto, más que nunca, el peligro de la actividad en montaña, y la necesidad de actuar con la máxima prevención.
Los dos trágicos escenarios son como tantos otros, sin aparente dificultad salvo que las condiciones climatológicas la provoquen. Y en montaña, esas condiciones son tan cambiantes que en ocasiones más parece una traición de la naturaleza que un accidente. “A los cambios de tiempo en montaña no hay que tenerles respeto, hay que tenerles miedo”, explicaban desde la Asociación de Turismo Deportivo de Aragón.
En el caso de los dos jóvenes montañeros tarraconenses, que se vieron sorprendidos por la caída de una placa de nieve de un nevero, en el valle de Pineta, se trata además de una tragedia repetida. Hace doce años se produjo el mismo accidente, en el mismo punto, y también mortal. Un año de mucha nieve, la visita a una cueva peligrosa en esas condiciones y el maldito nevero. En el Parque Nacional de Ordesa eliminaron las indicaciones sobre el terreno para acceder al lugar a raiz del accidente, pero los montañeros siguen acudiendo atraídos por la belleza de la cueva.
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