Los “nuevos” osos fueron avistados por primera vez en el año 2008 en el Vall d’Aran y en la comarca del Pallar Sobirá, en el municipio de Farrera. El primero es, según el informe de la Oficina Nacional de la Caza, es un macho de gran tamaño que se detectó en el valle de Artiga de Lin, en Es Bòrdes.
Del segundo, localizado cerca de Andorra, no se ha podido determinar el sexo. Sin embargo, los técnicos estiman que nacieron entre el año 200 y 2003, por lo que podrían ser los oseznos de Ziva o, incluso, sus nietos, ya que la señalada osa llegó al Pirineo hace trece años.
Sobre el tercero, los técnicos señalan la imposibilidad de fijar su identidad, ya que los rastros encontrados el pasado mes de junio no han permitido concretar si es un ejemplar ya controlado, al no disponer los técnicos de datos genéticos de los animales que se mueven por la vertiente más oriental.
Los expertos barajan también la posibilidad de que este tercer ejemplar sea Boutxy, oso nacido en 1997, fruto de la unión de la hembra Melba y el macho Pyros, ambos osos eslovenos reintroducidos en 1996 y 1997, respectivamente.
Desde la Oficina de seguimiento del oso se ha recibido satisfactoriamente esta noticia, ya que supone que los planes de reintroducción establecidos en el Pirineo están dando sus frutos. Estos ejemplares se suman a los dos oseznos que la pasada primavera fueron avistados con Hvala, fruto de su segunda camada desde que fue reintroducida en 2006. Con todos ellos, la población de plantígrados estimada en la cordillera se sitúa entre los 17 y 19 animales.
La única nota negativa que apuntan los técnicos de la Oficina de la Caza es sobre la osa Sarousse. La pasada primavera se creyó que esta hembra, de origen esloveno, podría haber dado a luz dos crías durante el periodo de hibernación, ya que permaneció un periodo relativamente largo acantonada en la misma zona. Sin embargo, las sospechas finalmente no se han confirmado y la hembra, en plena edad reproductora, aún no ha tenido descendencia.