El impacto se dejó notar hasta en cinco kilómetros aguas abajo del accidente. Para los conservacionistas del valle, la actuación de la EDF (hidroeléctrica) fue crucial para evitar males mayores. “En el momento del accidente el caudal del río debía ser de 500 litros por segundo y rápidamente se abrieron compuertas para pasar a 8000 litros por segundo. La potasa se diluyó considerablemente y eso salvó al río. Es la única vez que los pescadores se alegraron de tener un embalse aguas arriba”, declaró Louis Pedebidou al rotativo SudOuest.
En el Aspe se temió lo peor. Los primeros análisis eran demoledores el día del accidente; más de 30.000 truchas muertas y toda la fauna y la flora afectadas, pero en el plazo de una semana el río había recuperado sus índices normales. Quedaba, sin embargo, la observación de cómo iban a evolucionar los invertebrados y el resto de bioindicadores a lo largo de los años. El número de truchas se recupera lentamente, pero todavía está prohibida la pesca entre los puentes de Urdos y Lescun.