Natural de Estadilla, Lemiñana fue conocido como el “cura-obrero”. Desde que llegó a Roda de Isábena luchó por que esta antigua catedral recuperara su esplendor y tal fue su implicación en esta tarea que él mismo trabajaba en las labores de restauración como si fuera un operario más.
De hecho como recogía la revista El Mundo de los Pirineos, en un monográfico especial del siglo XX que hizo en su número 12, "con su solitario esfuerzo, restauró la difícil bóveda de la catedral, armando las cimbras, colocó las hiladas de sillarejos y la cerró. antes ya había levantado la muralla septentrional de Roda, que estaba prácticamente destruida".
La revista recogía también otra de las hazañas de Lemiñana: "En su empeño por lograr que la catedral de Roda recuperara el esplendor perdido, no tuvo inconveniente en encontrarse con el famoso expoliador "erik "el Belga", para tratar la devolución de los bienes que este robó en la década de los 70. Lo logró".
Pero su labor no sólo se centró en esta gran iglesia, otras pequeñas ermitas y parroquias de la comarca de Ribagorza y de territorios vecinos fueran restauradas por el empeño y la mano de este incansable párroco.
A lo largo de su vida, José María Lemiñana también se destacó por ser uno de los primeros en apostar por la adecuación de los límites diocesanos a los políticos, logrando que las parroquias aragonesas adscritas a la diócesis de Lérida se integraran en la de Barbastro-Mozón. Y fue pionero en reclamar la devolución de los bienes de esas parroquias por parte de Lérida a Aragón. Su empeño y su entrega absoluta le hicieron merecedor de la Medalla de San Jorge, por parte del Gobierno de Aragón, en 1988.
El fallecimiento de mosén Lemiñana se ha producido, sin embargo, antes de que finalizara uno de los proyectos que más entusiasmaban al ex párroco de Roda, la creación de un espacio museístico en la antigua catedral.