El trabajo se ha dado a conocer en la revista Natural Hazards and Earth System Sciences y en el mismo han participado el grupo de Dendroecología del departamento de Ecología de la Universidad de Barcelona y la Unidad de Riesgos Geológicos del Instituto Geológico de Cataluña, además de colaborar el grupo de Climatología de la Universidad barcelonesa. Para su realización se han centrado en la cordillera catalana, analizando los episodios de aludes ocurridos en los últimos 40 años, en seis zonas distintas.
Según explican los autores, el trabajo, que es innovador en el ámbito territorial pirenaico, estudia la relación entre los anillos de los árboles, los bosques y la dinámica de fenómenos ligados a procesos geomorfológicos, aplicando por primera vez técnicas de dendrogeomorfología. Según los expertos, los aludes en los Pirineos, “no están bien documentados, tradicionalmente, el registro de las avalanchas de nieve se ha basado en la documentación histórica, el análisis de series nivometeorológicas y encuestas a la población”.
Con el nuevo método se buscan las señales dejadas por el impacto de aludes en la población de pino negro siguiendo transectas en el canal del alud; es decir, “siguiendo las líneas perpendiculares a la trayectoria de los aludes y en la zona de llegada, con líneas longitudinales para obtener el máximo de información sobre el sistema”, indican. Y es que cuando se registra una avalancha en el bosque, “la masa de nieve y hielo pueden provocar inclinaciones, roturas, heridos o la muerte de los árboles, dejando en la madera de los árboles o en las plantas leñosas señales que éstos conservan”.
Para el estudio de los anillos, los expertos extraen muestras de esa madera, ya que explican que las señales del impacto del alud en los anillos de crecimiento son “bien visibles”. “Si el árbol se inclina, los anillos crecen de forma excéntrica, y no concéntrica como es lo habitual”, apuntan. Pero también pueden verse los efectos en otros indicadores de los anillos como son los cambios de densidad, el color o el grosor.
Para los autores del estudio la dendrogeomorfología puede ayudar a mejorar la caracterización de los aludes y a determinar con más precisión la frecuencia, el alcance y la intensidad de los eventos pasados. Como ejemplo, los autores dan a conocer que en algunos de los casos de los aludes más extremos que han analizado la zona afectada, “se puede ampliar hasta más de 200 metros de lo que se indica en los mapas de riesgos realizados con técnicas convencionales de cartografía de procesos geomorfológicos; lo que supone conocer mejor la dinámica y la peligrosidad de estos procesos, a la vez que se facilita la prevención de los desastres”.