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Última actualización 16 Junio, 2008 19:37 h.

REPORTAJE

Así nació el Pirineo

Hace 400 millones de años comenzó a formarse la cordillera Pirineica que hoy conocemos. Fue un largo y complejo proceso que todavía hoy se puede observar, o intuir, mirando el paisaje pirenaico. Los restos que aquel proceso dejó son muchos. Y ahora, gracias a una ruta que recorre el Pirineo, de Norte a Sur, entre las regiones del Bearn (Francia) y el Alto Aragón, nos es más fácil reconocer aquellas señales. Es la Ruta Geológica Transpirenaica que recorre 200 kilómetros del Pirineo localizando y explicando aquellas huellas prehistóricas. Ainhoa Camino-Pirineum.

Poral de acceso en Jaca.
La ruta nos permite ver sobre el terreno resto de hace 400 millones de años. FOTO: ACj

LLa ruta geológica Transpirenaica pone a disposición del público todos los conocimientos que en la actualidad existen sobre la formación de los Pirineos. Datos que se tienen y que no dejan de ser sorprendentes, ya que nos presentan una cordillera muy distinta a la que ahora vemos. Quizás el más sorprendente sea el que hace referencia a hace 370 millones de años, cuando el Pirineo estaba ocupado por una inmensa masa de aguas cálidas. Pero la ruta, con 25 paradas, todas ellas ubicadas entre Murillo de Gállego (pre Pirineo) y Belair, en las inmediaciones de Olorón St-Mary, incluye otras sorpresas ya que en cada parada se centra en un tema concreto.

Así, y comenzando por el sur, en Murillo de Gállego, Mallos de Riglos y pantano de La Peña, los paneles hablan de la formación de las sierras exteriores, de los conglomerados (los Mallos) y de la plataforma marina de aguas cálidas que cubrió esta zona en la Era del Eoceno. La siguiente “estación” ya explica la importancia de los bosques y las estepas y cómo la cordillera que se devisa al fondo –el macizo pirenaico- influye en el clima. Estas explicaciones se ofrecen desde el puerto de Santa Bárbara, punto desde el que se observa una perfecta panorámica del Pirineo Occidental.

Uno de los datos básicos para comprender la creación de las montañas pirenaicas se encuentra en el portal de acceso que se ha creado en Jaca. Estos “portales” –hay tres en el recorrido, en Olorón y en el puerto de Somport, además de este- recopilan las principales rocas que se van a encontrar a lo largo de la ruta y referencian las distintas paradas. Pero en esta de la capital jacetana, además de narra cómo las placas Ibérica y Europea colisionaron dando la cordillera.

Pero además de las placas, el agua, en forma líquida o sólida también ha moldeado el Pirineo. En concreto, el río Aragón y sus afluentes, y los distintos glaciares que cubrieron los valles de Aspe y Canfranc hace 12.000 años fueron “los escultores” de ambos corredores. Los paneles de Rapitán, Aratorés o Villanúa hablan de ello. Pero también se recoge la importancia que el flish tiene en las construcciones pirenaicas o que en el valle de Canfranc, en Villanúa, se encuentra el karst más alto de Europa.

A partir de Canfranc, son las sierras interiores y la acumulación de materiales muy resistentes que la originó la protagonista. Así se explica que los restos más antiguos de la cordillera se deben a una cordillera mucho más antigua, la Cadena Hercínica, con 280 millones de años de antigüedad y que sólo en los Pirineos aragoneses se pueden encontrar materiales del Cretácico y del Paleoceno.

Otra de las sorpresas aguarda ya en la vertiente francesa. En el descenso del puerto de Somport el panel habla del “desierto rojo” que hace 260 millones de años y a la altura de Cette se vuelve a hacer referencia al mar que cubrió estos valles hace 90 millones de años y al hielo, que con anterioridad, hace 25.000 años, cubrió todo el valle de Aspe. También resulta sorpresivo saber que las rocas de Escot acumulan gas y que si se rompen, incluso se pude notar el olor.

Los restos jurásicos y las rocas negras de origen volcánico da pie al último portal, aunque más bien debería referirse a éste como “balcón”, ya que es una especie de plataforma que permite ver las tres grandes zonas morfológicas de la cordillera: la alta cadena, las bearnesas y el pie de monte. Todo un recorrido que permite descubrir en un tiempo relativamente corto, dos jornadas en vehículo, un proceso que requirió millones de años para su creación.

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