REPORTAJE
Guara: entre barrancos
Tres elementos que hacen de la Sierra de Guara el bocado más apetecible para los amantes del descenso de barrancos. Un paraíso donde los toboganes, saltos, sifones y rápeles configuran un paisaje único, similar a la espina dorsal del Prepirineo. Ainhoa Camino-Pirineum.
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Foto: El paisaje interno de los barrancos es sorprendente y emocionante. |
La Sierra de Guara, al norte de la Hoya de Huesca y del Somontano de Barbastro, se ha convertido en el centro promotor del descenso de barrancos en Aragón. Un deporte divertido y en contacto directo con la naturaleza que, sólo en este parque, puede llegar a mover un volumen medio de 800 personas diarias, y sólo entre el 15 de julio y finales de agosto, momento álgido de la temporada. Es toda una aventura que traslada a sus aficionados al mundo interior de los ríos Vero, Balcés y Alcanadre, trasportándolos por los cañones que la erosión del paso de los años ha creado Guara, a imagen y semejanza de un moderno parque acuático natural.
Los inicios de un deporte nunca están claros. Pero, en este caso menos. Que se sepa, desde principios del siglo XX, ya se reconocía esta zona como propicia para el descenso de barrancos. Pero no fue hasta la década de los 50 cuando empezó a convertirse en una práctica habitual de los excursionistas franceses. Sin embargo, para encontrar los inicios de la oferta organizada hay que remontarse a principios de la década de los 80 y esperar 5 años más- hasta el 85- para que se popularizara, como no, de la mano de los aficionados del país vecino.
Pero hay otras teorías. “En las orillas del río Vero se han descubierto pinturas rupestres en las que parece que se plasma este deporte. Por eso, hay gente que dice que los primeros barranquistas fueron los hombres del neolítico”, comentan en Guara.
Sin ir tan lejos, hoy en día, el descenso de barrancos atrae al Parque Natural de la Sierra de Guara a miles de personas, que en un 60 por ciento son de origen francés. Aunque desde hace varios años también se ha incrementado el número de turistas del norte de Europa, especialmente, holandeses, belgas y alemanes del norte. Las razones: el clima, el tiempo no es tan imprevisible como en el Pirineo y las tormentas se ven venir; una geología única, se mezclan dos tipo de rocas, la caliza, que deja que el agua corra con mucha libertad, y el conglomerado, que es mucho más deportivo y agreste; además el agua y la belleza de la Sierra crean un paisaje sea único y espectacular.
Distintos cañones
Vestidos de neopreno, con casco y arnés, mosquetón de seguridad y descendedor, si hay rápeles, los barranquistas se acercan a los ríos de Guara. “Se descienden los ríos Vero, Alcanadra y Balcés y los afluentes de estos, que por lo general suelen estar secos, salvo el Mascún”. El paisaje en el río Vero es rojizo, con manchas negras y lleno de cuevas y toboganes. “Ideal para los principiantes”, explican los especialistas. Sin embargo, el entorno se vuelve agresivo y frío en el Mascún, que está más indicado para los que tienen cierta experiencia. Los meses también condicionan la práctica de este deporte. “Los meses de verano la meteorología es más estable, lo que hace que sea una época más indicada para los principiantes”. Aunque los llamados “coleccionistas” –los expertos- prefieren la primavera: “Hay menos gente, más agua y se incrementa la sensación de estar en contacto directo con la naturaleza en estado virgen”.
Más vale prevenir...
El barranquismo es el deporte de aventura y riesgo que más accidentes ha registrado. En Aragón fue necesaria la creación de una normativa específica para esta práctica deportiva. Sin embargo, en opinión de los expertos, “lo importante es concienciar a la gente de la necesidad de llevar un guía y de cumplir una serie de normas básicas”.
El papel del guía es doble. Por un lado aconseja y enseña a bajar por el cauce del río, dando indicaciones de cómo y por dónde saltar, cómo caer, cuál es la mejor manera de resbalar por una roca … Y todo ello, viendo y teniendo en cuenta las posibilidades de cada uno. Así, además, la bajada es más divertida, porque la gente no está pendiente de por dónde ir, si no que disfrutan del paisaje fluvial.
También es importante recordar en todo momento una serie de normas básicas, algunas pura lógica: comer poco, beber mucha agua, llevar todo el material necesario (neopreno, cuerda, arnés, mosquetón, descencedor y casco), tener en cuenta el tiempo de duración y salir siempre conociendo la previsión meteorológica. Pero hay una norma vital: “Ante la duda no entrar en el cauce”. |