La enfermedad, que ya había sido detectada en abril del año pasado en la reserva de Viñamala, también se conoce como agalaxia contagiosa y aunque no se transmite a los humanos, sí que puede afectar a ganado doméstico como vacas, ovejas o cabras. Sin embargo, mediante el tratamiento con la medicación adecuada el animal puede recuperarse, algo complicado de llevar a cabo en las grandes poblaciones de sarrios salvajes, pero no así en el caso de los animales domésticos.
Desde la administración aragonesa se confiaba en que la enfermedad desapareciese en los meses de invierno de forma espontánea, puesto que así había sucedido con el último brote hace diez años. Sin embargo, las evidencias de este verano demuestran lo contrario.
Se trata de una infección cíclica que brota por motivos tales como la excesiva densidad de cabezas de ganado. La afección no produce la muerte al animal de forma directa, sino que afecta a su visión causando la ceguera, lo que vuelve al animal más vulnerable y desorientado, que termina, en muchos casos, despeñándose. Uno de los signos más característicos que pueden permitir la detección de la enfermedad en el animal es la apariencia de sus ojos, que en el caso de los animales afectados por queraconjuntivitis, se vuelven blanquecinos.
Se prevé que en los próximos días Medio Ambiente reúna a los componentes de las juntas de las reservas nacionales de caza de los Los Valles de La Jacetania y Benasque, con el fin de idear alguna solución. Las medidas que se adopten tras la reunión podrían ser similares a las puestas en marcha el pasado año 2007 en la Reserva de Viñamala, donde se redujo el cupo de caza de sarrios. Otra de las medidas podría ser la de prohibir la caza de las hembras para evitar que la población continúe mermando.