Última actualización 7 Agosto, 2008 10:26 h.

EL CSIC busca los cambios climáticos de los Pirineos para frenar el calentamiento global

Un equipo de geólogos, arqueólogos y geógrafos liderados por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) está buscando los cambios climáticos sucedidos en los Pirineos en los últimos 25.000 años, para intentar buscar una manera de mitigar los efectos del calentamiento global en el futuro. Para ello, el equipo ha realizado una campaña de extracción de testigos de sedimento del fondo del lago de la Basa de la Mora –ibón de Plan-, que servirán para analizar la reacción que ante esos cambios tuvieron los ecosistemas pirenaicos y las sociedades humanas que habitaban durante el Pleistoceno Superior y el Holoceno.

Trabajos en las turberas

Trabajos efectuados en las turberas. FOTO: CSIC.

El proyecto busca, concretamente, reconstruir los cambios climáticos rápidos, los sucedidos en sólo unas décadas, durante los últimos 25.000 años en territorio Pirenaico. Blas Valero, responsable del estudio, explica que “comprender la compleja relación entre las personas y el medio ambiente en los últimos milenios es fundamental para poder adaptarse a escenarios futuros marcados por el calentamiento global”. Es decir, que para conocer lo cómo cambia el clima actualmente es necesario conocer cómo lo hizo en el pasado, atendiendo tanto a los cambios en sí como a la velocidad con la que se sucedieron.

Los investigadores, un total de 15 personas pertenecientes al CSIC y las universidades de Zaragoza y Barcelona, han permanecido 5 días en el valle de Chistau tomando muestras. Para poder realizar las extracciones se ha construido una plataforma flotante, desde la que se ha sondeado el fondo del lago hasta los 13 metros de profundidad, logrando testigos de hasta 40.000 años. Para completar la recogida de testigos, también se obtuvieron muestras de las turberas que rodean el ibón.

La elección del lugar para desarrollar el estudio viene determinado por dos hecho. Uno, por estar ubicado en el Pirineo, “ya que como todos las zonas montañosas, se trata de un ecosistema especialmente sensible a los cambios climáticos y es más fácil que queden registradas pequeñas variaciones del clima”, explica la investigadora Ana Moreno. Y dos, por ser un lago, “accidentes geográficos que muestran muy bien las variaciones en la cantidad de precipitación y en los que se puede diferenciar muy bien lo que ocurrió a escalas temporales de gran detalle, desde décadas a cientos de años”, apunta Moreno.

El estudio incluirá además de esos cambios, información de la ocupación del territorio, de los fenómenos migratorios y los usos del suelo, así como del análisis de los parámetros sedimentológicos y biológicos obtenidos en los sondeos y extraídos de los datos climatológicos instrumentales. Una visión innovadora, ya que “pretende integrar investigaciones muy distintas sobre el cambio global, con el fin de conseguir una perspectiva más completa de cómo ha variado la interacción entre las personas y el medio ambiente en los últimos milenios”, explica Ana Moreno.