Los paseriformes alpinos –aves- están siendo una de las especies faunísticas de alta montaña que estudió la Unidad de Investigación el año pasado para conocer los posibles efectos del cambio climático en los ecosistemas alpinos, ya que “son excelentes indicadores de las variaciones experimentadas en las condiciones ambientales por su enorme sensibilidad ante cambios en la abundancia de los recursos y por la posibilidad de obtener datos de tamaño poblacional relativamente precisos”, señalan desde Medio Ambiente. Pero además se está estudiado el impacto en las plantas de alta montaña y en la rana pirenaica.
Los estudios se realizan a través de censos, ya que permiten conocer la composición actual de especies, la abundancia de las mismas y su evolución, que en el caso concreto de los paseriformes se refiere a la evolución dada en las dos últimas décadas, al disponer de datos de la población existente a finales de los años ochenta del pasado siglo. El estudio actual se ha llevado a cabo en un área cercana la Brecha de Rolando, situada entre 2.650 y 3.000 metros de altitud, y de 200 hectáreas de extensión. El método utilizado es el mapeo de los territorios de paseriformes reproductores, lo que permite conocer con precisión la densidad (aves por cada 10 hectáreas) de especies propiamente alpinas (gorrión alpino, acentor alpino y treparriscos) y de medios abiertos de menor altitud capaces de ascender al piso alpino (colirrojo tizón, collalba gris y bisbita alpino).
Desde la Unidad de Investigación se indica que “todas las especies de paseriformes alpinos observadas anteriormente siguen presentes en el área de estudio, lo que significa que aparentemente no se han producido todavía cambios drásticos en su medio”. Sin embargo, la Unidad ha detectado cambios en el colirrojo tizón, que ha colonizado un área a varios metros de altitud por encima de su límite histórico, “probablemente respondiendo a la reducción y fragmentación que están sufriendo los hábitats que ocupan motivados por el cambio climático”, señalan.
Otras especies
A la vez que las aves alpinas, se está estudiando la situación de algunos anfibios, ya que este grupo faunístico, “es considerado un indicador idóneo de la salud ambiental de un ecosistema debido a su particular sensibilidad hacia la contaminación acuática y terrestre, su interacción con un elevado rango de especies y su presencia restringida habitualmente a microhábitats”, señalan. En concreto se está monitorizando las poblaciones de rana pirenaica, especie endémica de los Pirineos, en los cursos fluviales existentes en los cuatro valles principales del Parque. Es decir, Ordesa, Escuaín, Añisclo y el curso alto de Pineta.
Según los estudios realizados, “ se puede afirmar que 2007 fue un año excelente para esta especie en los barrancos que presentaron mayores caudales, donde se observaron tamaños poblacionales importantes, tanto de adultos como de juveniles”. Por el contrario, los barrancos menores presentaron poblaciones más modestas debido a la escasez de agua, “en los que aparentemente los acuíferos no se han recuperado del efecto de la sequía del año anterior”.
Aunque, según los resultados, las poblaciones más amenazadas son las del valle de Ordesa, “especialmente las que ocupan tramos fluviales con presencia de trucha y con gran afluencia de público en la cabecera del valle”, indican. Sin embargo, los investigadores se muestran algo optimistas, ya que “no se han detectado indicios de la existencia de enfermedades emergentes que están causando mortalidades masivas de anfibios en otras localidades del Pirineo”.
Finalmente, cabe señalar las investigaciones realizadas en torno a la flora, a través del Instituto Pirenaico de Ecología (IPE). Estas se han realizado en las siguientes cumbres del parque, Punta Acuta, la Sierra Custodia, el Pico Tobacor y la Punta de las Olas, donde, además de censos periódicos de las comunidades vegetales, se estudia la evolución de la temperatura mediante la colocación de varios sensores térmicos a 10 centímetros de profundidad en cada una de las cimas. Este seguimiento se integra en el proyecto internacional GLORIA (Global Observation Research Initiative in Alpine Environments), iniciativa mundial para el seguimiento a largo plazo de los efectos climáticos sobre el hábitat alpino.